El pasado 28 de mayo veíamos a Mori actuar por primera vez en el centro Conde Duque de Madrid. Y es que, hace cosa de un año, se estrenaba en los escenarios de la Sala Alevosía [sold-out incluido]. En este intervalo no solo asistimos a su evolución como artista, sino también a la proyección de una identidad creativa ahora afianzada.
Mori probó su potencial para el directo y demostró la frescura y naturalidad con que se mueve en los escenarios. En una velada repleta de emoción, se sucedieron algunos de sus temas más conocidos ('untitled2', 'olas' o 'todo lo que hago cuando tú no estás'), sin prescindir de canciones inéditas [que vendrían a traducirse en sus próximos lanzamientos]. El público se desbordó en un emotivo 'q no', que nos acercaba a sus inicios en la música.
Los decorados de Marta Ochoa (Casa Antillón) acentuaban esta atmósfera orgánica. También las prendas de Boltad -firma based en Madrid- incidían en una estética naturalista, a juego con el propio sonido autor. En conclusión, puede que fuese esta la reafirmación de sus aptitudes para la música y su facilidad para ganarse al público en un ambiente distendido y acogedor. Su habilidad para la improvisación, seguida de su determinación a la hora de esbozar una línea estilística concreta y la variedad de referentes de que se nutre su producción musical, lo convierten en uno de los artistas más insólitos de la escena actual.







