Crónica

Derby Motoreta’s Burrito Kachimba · Kiko Veneno

Apolo

30/11/2019

Por -

Kiko Veneno encabezaba el primer festival ‘flamencodélico’, acompañado en su cartel por el ex-Ojos de Brujos – Dj Panko- a los cdj´s y la nueva sensación de Híspalis, Derby Motoreta´s Burrito Kachimba.

Precisamente, los sevillanos caldearon el ambiente antes de la entrada del maestro, desplegando su rock andaluz teñido de psicodelia y poseedores de uno de los nombres más estrafalarios de los últimos tiempos, con permiso de Muchachito Bombo Infierno o King Gizzard and the Lizard Wizard. Con estos últimos comparten ese punto extravagante y psicodélico, una capsula temporal que reverdece propuestas tan denostadas como Triana o Medina Azahara e incluso consiguen salir airosos del embolao.

Gran culpa la tiene su carismático cantante, Dandy Piranha, fusión precisa del cine kinki de los ochenta con los heavys del extrarradio; pero que más allá de tan llamativo outfit –pantalón marcapaquete, botas, greñas bajunas- aquí hay todo un señor frontman que enloqueció a las primeras filas y parte de la esquina del bar con su enérgico rock sureño, revalidando y expandiendo su notable debut.

El maestro salió a escena muy bien acompañado, ocho músicos para sacar adelante las canciones del catalán (aunque bético de adopción); siempre atento, cercano al público, bromeó con ‘los dineros’ que le había costado la chaqueta que traía, hecha expresamente para la gira de Sombrero Roto.

Arrancó con la fundacional ‘Los delincuentes’, incluida en el seminal Veneno (CBS, 1977) y de ahí al poderío del pop canalla de ‘Lo que me importa eres tú’, ‘Traspaso’ o el flamenquito amable de ‘Coge la guitarra’ siempre cobijado por el buen hacer de Diego Pozo a la guitarra.

Sus nuevas canciones, donde recurre a la electrónica para hilvanar sus estrofas, fluyen y se acoplan perfectamente a su antiguo recetario: ‘La higuera’, ‘Titiri Titiri’, ‘Autorretrato’ o ‘Vidas paralelas’ sonaron magníficas, llevándolas al terreno eléctrico, sirviéndose de la poderosa orquesta que se desplegaban por todos los travesaños del escenario.

Consciente del lastre que le supuso ‘Échate un cantecito’ y su continuación, ‘Está muy bien eso del cariño’, Kiko apenas acudió a sus dos obras más aplaudidas -’Joselito’ sonó casi a concesión al público-; por su parte, se centró en presentar sus nuevas canciones y asomarse –y airear- viejas composiciones.

Cuando ya la noche olía a despedida, el viejo zorro nos humedeció los lagrimales con la sencillez subyugante de ‘Obvio’, con un Veneno maduro, sereno, ése con el pelo blanco que secuestró al mechón negro que le quedaba; reflexivo, con el sur en su boca, con la poesía cosechada de bares y calles.

Para terminar, la rumba moderna de ‘Volando voy’, con el resto de la banda tocando palmas y haciendo coros: cimbreos, confeti y duende para rendir tributo a una de las canciones que, parida en el rigor mortis de la dictadura, aún suena eterna.

Ruben
Ruben

Oriundo de La Línea pero barcelonés de adopción, melómano de pro, se debate entre su amor por la electrónica y el pop, asiduo a cualquier sarao música y a dejarse las yemas de los dedos en cubetas de segunda mano. Odia la palabra hipster y la gente que no calla en los conciertos.

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