Crónica

José González

Teatro EDP Gran Vía

27/04/2021

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Madrid volvía a recibir después de más de un año a un artista internacional sobre sus escenarios, encontrándonos con la propuesta de un José González que a priori resultaba ideal para ir entrando en calor de cara a lo que deberán traernos los próximos meses. De este modo el teatro EDP Gran Vía acogió el directo del artista sueco, estando ante una de esas veladas donde la calidez de sus temas y el virtuosismo de su interpretación marcaron la tónica. Teniendo presente como cada actuación del artista de raíces argentinas acaba adquiriendo un especial aire de ritual, en esta ocasión no faltó tampoco esa gran solemnidad que recubre el espacio sonoro de sus temas, sintiendo desde los primeros compases del concierto la enorme capacidad del músico para trasladarnos a toda la calidez y sensación de confort que son capaces de sugerir sus melodías. Con una puesta en escena sobria y eficaz, marcada por una decoración de estampa boscosa invertida, donde el cielo adquiría matices lumínicos precisos a medida que discurrían los temas, José encontró la conexión perfecta con todas las estampas naturales que pueblan sus temas. Situándose en una tarima en mitad del escenario y valiéndose tan solo de dos guitarras y su pedalera, pudimos comprobar de buena mano su habilidad para encandilar al oyente tanto por la vía de las texturas más ambientales como por una interpretación totalmente entregada a cada una de las reflexiones que encierran los temas.

Siendo conscientes de como su nuevo trabajo Local Valley verá la luz en septiembre, las expectativas eran altas en cuanto a los nuevos temas que nos dejaría de él. Sin embargo, desde un primer momento comprobamos como la velada no iba a estar marcada por las nuevas canciones, sino por un interesante recorrido a través de todos los clásicos, tanto propios como ajenos, que han marcado su trayectoria hasta la fecha. Apostando en los primeros instantes del concierto por dar rienda suelta a su vertiente más recogida, los punteos de ‘With the Ink of a Ghost’ y ‘Stay in the Shade’ cumplieron con su función hipnótica, aportando un pequeño toque de espiritualidad y de este modo sentar las bases de un concierto que poco a poco ganaría en dinámicas variadas. A medida que iban transcurriendo las canciones, pudimos comprobar como la cara de folk más cruda y con menos artificios también tendría su lugar gracias a temas como ‘Lovestain’ y sobre todo una ‘Down The Line’ alargada magistralmente con la que logró desatar los primeros aplausos eufóricos entre el público. La perfecta combinación entre ritmos marcados y rudimentarios junto con esa forma de encontrar un tono vocal huidizo, posibilitó que esta primera parte del concierto resultase completamente disfrutable.

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Sin olvidarse tampoco de los temas que le sirvieron como perfecto escaparate hacia un público mayor, su particular versión del ‘Heartbeats’ de The Knife brilló dentro de esos parámetros de burbuja reconfortante de melodías casi incandescentes, logrando que el susurro siempre resulte ser un gran aliado. Con un ambiente óptimo para abrir la puerta a nuevas composiciones, no tardó en caer ‘Visions’, su más reciente sencillo con el que nos demostró como sus composiciones siempre poseen un gran colorido dentro de la sobriedad.  Tras el buen sabor de boca que nos dejó esta canción, la velada discurrió a través de momentos donde José introdujo una marcha más en todo lo relacionado a la interpretación con su guitarra, logrando que los punteos cada vez resultasen más desbocados y nos condujesen a un epicentro más acelerado de sus temas. Desde una ‘Abram’ que sonó de forma aguerrida hasta los momentos de ‘Cycling Trivialities’ donde parecía que el artista no estaba solo en el escenario, ya que las diferentes texturas melódicas se multiplicaban para el asombro de los allí presentes. A partir de aquí, el directo se adentró en una recta final donde no faltó al popular cover del ‘Teardrop’ de Massive Attack o su primer tema en castellano titulado ‘El Invento’.  Dejando al público con ganas de más, no faltaron los bises donde rescató ‘Line of Fire’ de su proyecto Junip, interpretado para la ocasión incluso con mayores dosis de épica que en su versión original. Incluso hubo tiempo para dar rienda suelta a su parte más rítmica  desinhibida, encontrándonos ante ‘Afterglow’ y ‘Killing for Love’ que lograron desatar definitivamente las palmas del público y así culminar de la mejor forma posible la catarsis iniciada desde los primeros compases del concierto.

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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