Crónica

Alberto Montero

Sala Clamores – Sound Isidro

13/05/2021

Por -

Alberto Montero consiguió a su paso por Madrid vencer la sensación de sentir como un concierto en la nueva normalidad se encuentra descafeinado y pierde su esencia debido a todo lo estético que requiere la situación. No es porque las reglas del juego en cuanto a normativa fuesen cambiadas en su directo, sino porque el músico y su banda supieron transmitir de principio a fin todo lo encerrado en su más reciente LP El Desencanto. En un trabajo donde se recoge nuestra lucha contra la forma en la que nuestras vidas han perdido brillo últimamente debido a las circunstancias más que conocidas, el artista en todo momento encontró el empuje preciso para que sus canciones sonasen con un gran punto de efusividad.

Nada más comenzar el directo, se pudo sentir como sus etapas más recientes asociadas a un formato rock le han sentado a la maravilla todo lo que implica presentar sus temas en directo. El hecho de estar escudado por una banda más que solvente con Gilberto Aubán a los teclados, Xavi Muñoz al bajo, Luis Torregrosa a la batería y Román Gil a la guitarra propició que durante toda la velada el nivel técnico estuviese altísimo, a la par de aportar las dosis de entrega precisas que requieren las composiciones del de Sagunto.

El directo comenzó con ‘Buscando un Lugar Donde Vivir’, el tema que precisamente abre El Desencanto. Desde los primeros compases pudimos sentir la perfecta compenetración de la banda, lográndose recrear en todos aquellos momentos en los que la voz de Alberto precisaba de acomodo. Haciendo que que tanto la línea de bajo como los teclados pudiesen tener un gran protagonismo, la forma en la que los coros se acababan entremezclando con el resto de los elementos resultó clave para que canciones como ‘No Sé’ encontrasen un tono más épico y de esta forma dar el salto hacia una bonita forma de desgranar lo más extraño de nuestro día a día.

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De esta forma poco a poco la intensidad del directo fue subiendo, comprobando como a penas nos concedieron un respiro en aquello de presentarnos los temas de una forma decidida. Quizás el punto de rabia volcado en este último trabajo resulta clave para comprender este nuevo enfoque en los directos de la banda, ya que se puede comprobar como la serenidad clásica de las canciones del músico se ve quebrada en favor de momentos más relacionados con aportar una interpretación donde el puñal entre los dientes está más presente que nunca.

Avanzando en la velada, nos encontramos con momentos para rebajar las pulsaciones como sucedió en ‘Contigo’, haciéndonos ver como también encandilaron al público a base de medios tiempos con los que expresar ideas igualmente existenciales, pero con un cierto poso de remanso en las conclusiones arrojadas. Dentro de este bloque de temas tampoco podemos pasar por alto ‘Le Soleil’, el tema que en su versión original cuenta con Laetitia Sadier y que para la ocasión fue el propio Alberto el encargado de interpretar los versos en francés. A lo largo de él nos encontramos ante el poder de escapar a lo onírico que nos encontramos dentro de todo el costumbrismo en el que estamos inmersos, destacando en su interpretación más que nunca el timbre brillante del músico.

Quizás en este momento es cuando nos dimos cuenta de la forma en la que a pesar de ser conscientes de lo aguerrido y con un punto de nerviosismo que transcurría el directo, en el fondo se encontraba bien estructurado a través de diversas dinámicas, atravesando un tramo donde los medios tiempos dominaron. De esta forma destacó la canción que da título a su mencionado nuevo LP, recogiendo bien esos momentos donde las melodías guitarreras toman total libertad.

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Teniendo la sensación de como el concierto transcurría a una gran velocidad, seguramente debido a el clímax de disfrute y de extraña euforia desatada durante muchos momentos, llegó el tramo final donde uno de los singles más claros del artista como es ‘Mira’ emergió como el perfecto azote con el que abrirnos los ojos frente a la parte más dura de la realidad. A partir de ahí, el vértigo empezó a llamar a la puerta con canciones como ‘Todo es Cíclico’ o ‘El Monstruo’ dejando claro el giro hacia esos terrenos relacionados con exprimir al máximo los solos de guitarra y encontrar más que nunca el fervor del público. Así fue como despidieron el concierto, estando en la clara obligación de regresar al escenario gracias a lo entusiasmado que se encontraba el público.

En los bises, dejaron El Desencanto de lado para recuperar algunas canciones de un pasado no tan lejano como fue el caso de ‘Flor de Naranjo’ o ‘Madera Muerta’, enlazando de este modo con recueros más que vibrantes. Sintiendo de nuevo el enorme calor de los presentes, Alberto y Gilberto no dudaron en salir al escenario para despedirse de una forma muy acústica con una ‘Canción para Ariadna’ que nos remitió al lado más dulce de la infancia, donde las sombras siempre son vencidas. Un final para el recuerdo con el que poner el broche de oro al que seguramente fuese nuestro primer concierto con el que recuperar sensaciones bastante olvidadas.

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Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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