Conociendo a

Enumclaw

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Pocas veces la recuperación de los sonidos grunge nos sugiere sensaciones y episodios tan apegados al presente como lo mostrado por Enumclaw. La banda de Tacoma formada hace tan solo 18 meses ha logrado con su EP debut Jimbo Demo (Youth Riot, 2021) un perfecto compendio de canciones de sentimientos entregados a la vorágine de ansiedad en la que nos encontramos de lleno últimamente, a la par de comprobar como no hay ni un solo día en que no cambie algo en nuestro interior. Con todas estas ideas en mente Aramis Johnson y compañía dieron rienda suelta a su pasión tanto por la parte de los 90 donde todo suena más cruda, como por ese efecto revitalizante que tiene el brit pop de semblante serio y voces decaídas. El resultado de lo logrado en estos cinco temas que integran el disco provoca sin lugar a dudas nuestra cabeza se inunde de recuerdos junto a amigos que hace tiempo que no vemos, exaltando de algún modo lo importante que resulta haber podido crecer al lado de personas con las que sientes vínculos importantes. Comprobando como en un primer momento esta situación podría provocarnos cierta nostalgia, poco a poco iremos descubriendo que lejos de lanzar abrazar este sentimiento estas canciones apelan a vencer la crudeza del presente.

Siendo conscientes desde el principio de la enorme inspiración volcada en estos temas tanto en el plano melódico como en todo el ejercicio de introspección realizado, las piezas que aparecen en la referencia marcan el camino a seguir para salir victoriosos de la avalancha de recuerdos con la que tenemos que convivir todos los días. Sin ir más lejos, ‘Fruit Flies’ posee el poder de describir estados de enorme apatía que atravesamos para al mismo tiempo ser conscientes de nuestros comportamientos involuntarios más detestables. Por el camino, el ambiente plomizo y asfixiante que impregna el tema resulta bien logrado a través de un set de guitarras a ralentí que se adentra en un apartado incluso slowcore. Sin embargo, esta no va a ser la faceta del grupo que más va a destacar, ya que la tónica general del trabajo nos deja más bien ante un torrente de energía que resulta bien canalizada a la hora de ir purgando nuestras ideas más relacionadas con las inseguridades personales. Esto es lo que nos demuestran en una ‘Free Drop Billy’ que atraviesa una auténtica catarata de confusión y falta de confianza, todo ello emergiendo entre momentos de ruido que logran dispersar todos los fantasmas.

Atendiendo a otros puntos del disco donde la forma de dejar que los muros de sonido vayan y vengan aporta ese aire de no saber nunca cuando va a llegar el punto de inflexión de los temas,‘Fast N All’ aparece como una pieza lanzada de llena a frenar el vértigo vital que parece toda una imposición de las circunstancias en las que crecemos. A medio camino entre el lamento y esa necesidad de intentar coger aire para que cese la velocidad de todas las cosas que tenemos a nuestro alrededor, esta canción supone otra de esas piezas con las que entender como las temáticas del grupo parten de lo personal para lograr una vocación mucho más universal. Yendo aún más allá en aquello de esprintar a la hora de encontrar un apoyo en la superficie al que agarrarse, ‘Cents’ habla de una forma elocuente sobre recuperar el control de nuestras vidas, introduciendo al mismo tiempo alguno de los mejores riffs del disco. Por último, tampoco nos podíamos olvidar de una ‘Cindarella’ donde mirarnos de lleno al espejo, aceptando de lleno como los planes del pasado que teníamos para nosotros mismos nunca salen como imaginamos, encontrándonos con un realismo implacable que sirve una vez más de gran ayuda a la hora de poder avanzar.

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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