Tara Clerkin llevan más de una década circulando por los márgenes de la escena underground británica, desde sus primeras andanzas con el colectivo Howling Owl hasta la formación del trío que lleva su nombre junto a los hermanos Sunny Joe Paradisos y Patrick Benjamin. Su debut autotitulado de 2020 mostró con claridad las coordenadas de un sonido que mezclaba folk desgarbado, riffs de clarinete y loops electrónicos con una ligereza que parecía casi accidental, y los dos EP publicados después, 'In Spring' y 'On The Turning Ground', confirmaron que la banda tenía la capacidad de evolucionar sin perder la coherencia de su propuesta. 'Somewhere Good', publicado en junio de 2026 a través del sello World of Echo, supone el primer largo de plena madurez del grupo, grabado con la conciencia de quienes saben exactamente qué quieren decir y con qué materiales lo van a decir, abordando de frente temas como la autoderrota, la enfermedad, el desplazamiento forzado y la gentrificación, todo ello con una serenidad que resulta más inquietante que cualquier estridencia.
El disco arranca con 'Lake Walk', una pieza de poco más de dos minutos que actúa como umbral: el sonido del Space Echo dibuja un paisaje neblinoso sobre el que la voz de Clerkin se asienta con la naturalidad de quien lleva tiempo en ese territorio, y la sensación que produce es la de entrar en un videojuego cuya pantalla de inicio reconoces sin poder precisar de dónde. Lejos de ser un mero recurso introductorio, 'Lake Walk' anticipa la lógica de todo el álbum: aquí la accesibilidad y la extrañeza conviven sin esfuerzo, y el oyente aprende rápido que ninguno de los ocho cortes va a comportarse del modo que se esperaría de ellos. Lo que sigue, 'Lazy Daisy', cambia de temperatura de manera drástica al combinar una línea de bajo dub con la voz sin prisas de Clerkin, creando un tipo de canción que se sitúa entre la nana y el ensueño diurno, una pista con toda la apariencia de pop asequible pero con una construcción más sutil de lo que su superficie deja ver a primera escucha.
'Ups & Downs' representa el punto de mayor apertura hacia el jazz de toda la grabación: con una referencia explícita a Nat Adderley en su ADN, la pieza parte de un piano, un bajo y una batería que se mueven con el calor de un club de tarde y van acumulando texturas, muestras de voz, y un arco que termina muy lejos del punto de partida, demostrando que el trío entiende la improvisación como herramienta de construcción y no como decoración. 'Silently' llega después con una atmósfera completamente distinta: los sonidos de teclado que parecen sacados de un pasillo oscuro conviven con golpes de batería en staccato, muestras corales flotantes y un piano que irrumpe para devolver el color a la escena, un recurso que funciona con precisión y que dice mucho del instinto compositivo del grupo para gestionar la tensión y su liberación dentro de un mismo corte. En términos de escritura lírica, Clerkin practica una especie de abstracción controlada donde las imágenes concretas, campos abiertos, ventanas, islas, atardeceres, remiten a estados anímicos más que a lugares reales, y esa indeterminación geográfica y emocional es una elección que atraviesa todo el disco.
La pista que da nombre al álbum ocupa el centro del registro tanto física como conceptualmente: sobre un riff de guitarra que gira sobre sí mismo con la cadencia de un motor que no se apaga, Clerkin canta "I'm moving feet / You're calling me / Open window / Where will we go? / Somewhere good I hope", y esas pocas palabras concentran la incertidumbre que recorre todas las letras del disco, el deseo de llegar a un lugar mejor sin saber bien a qué distancia está ni si existe. El bucle hipnótico sobre el que se construye la canción termina convirtiéndose en una especie de mantra instrumental donde el clarinete, los sintetizadores y el bajo actúan como capas que se suman sin nunca colapsar la estructura, y el resultado es una de las piezas más largas y más resueltamente magnéticas que el trío ha grabado hasta la fecha. 'There Was A Nice Sunset' actúa de puente hacia los tramos finales del disco con una ligereza de pop de cámara que contrasta con la densidad de lo anterior.
'Slow Island' introduce una dinámica nueva al poner a Clerkin y a Paradisos a compartir voces en un registro más dub y más directo que el resto del álbum, y aquí las letras sí renuncian a la indeterminación habitual para hablar con bastante claridad de la búsqueda de un lugar donde establecerse, lo que en el contexto de un disco que aborda el desplazamiento y la gentrificación adquiere un peso político que el trío prefiere susurrar antes que proclamar, pero que resulta perfectamente audible para quien preste atención. El cierre llega con 'Movin' On', que despliega una colección de sonidos de feria, bucles de 8 bits y electrónica más desatada, el momento del disco donde el grupo permite que asomen todas las rareza acumuladas, y donde la coherencia del conjunto queda validada precisamente porque ese exceso encaja sin disonar con lo anterior.
La producción, a cargo de Dominic Mitchison, acompaña con sensatez la naturaleza del material: el sonido es poroso, permite que los silencios respiren y que los accidentes permanezcan en la mezcla sin pulirse en exceso, una decisión que conecta con la tradición de ciertos discos de los noventa que entendían la rugosidad como parte del lenguaje y que hacía que artistas como Portishead o Stereolab construyeran su identidad precisamente sobre la imperfección calculada. El trío opera en esa misma zona, aunque con una paleta propia que desplaza el peso hacia el jazz de cámara y el folk electrónico antes que hacia el downtempo más convencional.
Conclusión
Tara Clerkin Trio retratan la búsqueda de un refugio frente al desarraigo urbano y la autodestrucción personal con una serenidad que resulta más perturbadora que cualquier manifestación directa del malestar.

