Styrofoam Winos comenzaron su andanza tras compartir turnos en un local de alimentación, donde la amistad y la curiosidad musical acabaron por derribar cualquier frontera entre sus respectivas funciones. Lou Turner, Trevor Nikrant y Joe Kenkel forjaron un vínculo en el que cada uno aprendió los oficios de los demás, de manera que la batería, el bajo o la guitarra pasaron a ser territorios comunes. Esa dinámica de aprendizaje mutuo se ha mantenido viva durante toda la década que llevan activos, y 'Any River', su tercer larga duración, recoge las consecuencias de ese método de trabajo tan poco jerarquizado. La grabación se realizó por primera vez fuera de su base habitual, en Louisville, con la supervisión de Jim Marlowe, lo que aportó un escenario distinto sin desvirtuar la esencia de un grupo que siempre ha preferido los ensayos en casa y las sesiones de escritura compartidas. La portada, que los muestra junto a un arroyo apenas visible entre muros de hormigón, anticipa una de las obsesiones temáticas del álbum: el agua como símbolo de adaptación y de resistencia ante lo inmutable.
Las composiciones que abren el trabajo, como 'Pearls' y 'BBQ', exhiben una naturalidad en el cambio de roles que resulta difícil de encontrar en formaciones más convencionales. Turner, Nikrant y Kenkel se reparten las voces principales y los instrumentos con una fluidez que obedece a las necesidades de cada pieza, por encima de cualquier reparto fijo, y esa elasticidad se traslada a un sonido que oscila entre la soltura del folk rock y cierta sofisticación armónica. En 'Pearls', la línea de guitarra resulta pegadiza sin resultar insistente, mientras que la letra juega con la idea de hallar tesoros en lugares poco propicios, como esa perla escondida en tendencias resbaladizas. 'BBQ' apuesta por una delicadeza cercana al pop de los setenta, con un estribillo que convierte un aparcamiento de hospital en escenario de una celebración modesta. Esa capacidad para extraer poesía de lo cotidiano y para alterar el peso de cada miembro dentro de la mezcla define el carácter de todo el disco, donde la comodidad técnica deja intacta la chispa de la improvisación.
La lírica de 'Any River' se mueve entre el humor seco y la melancolía sin estridencias, como si los tres compositores hubieran acordado que la gravedad de ciertos asuntos merece un tratamiento ligero pero dista de ser frívolo. 'Somebody Wants to Send You a Message' introduce un ritmo entrecortado y un solo de clarinete bajo que irrumpe con un punto grotesco, mientras la voz de Kenkel navega por el desasosiego que generan las notificaciones digitales y esa sensación de estar siempre disponible. La ironía, sin embargo, se mantiene alejada del cinismo, porque las canciones reservan espacio para la ternura, como en 'Off My Mind', donde la ensoñación y el despertar se funden en una atmósfera de jazz lounge que evoca la quietud de las primeras horas. En 'New Friend', la trompeta y la flota añaden un aire de comedia de situación, pero los versos sobre listas de la compra hechas con pluma estilográfica apuntan a una rutina que se resiste a perder su encanto. Esta mezcla de humor y emotividad se sostiene gracias a que las letras nunca se toman demasiado en serio a sí mismas, ni tampoco desdeñan el dolor que puede esconderse tras una ocurrencia.
El empleo de instrumentos como el talkbox, el vibráfono o la marimba revela una paleta sonora que podría resultar abrumadora, pero está al servicio de canciones que priorizan el gancho melódico por encima del alarde. En 'Swimminin', la urgencia rítmica y las guitarras distorsionadas remiten a cierto glam rock descarnado, pero la pieza apenas dura dos minutos, como si los Winos prefirieran insinuar antes que desarrollar en exceso. Por el contrario, 'Just For You' se extiende más de cinco minutos con una progresión pausada que recuerda a las baladas sureñas de los setenta, con un piano que dibuja arpegios mientras la voz se eleva sin perder un deje de desgana. Esa variedad de duraciones y de intensidades impide que el álbum se estanque en un único registro, y la producción de Jim Marlowe, que evita los excesos de brillo, permite que cada textura ocupe su lugar sin competir por el primer plano. La química entre los tres intérpretes se hace evidente en los pasajes donde las armonías vocales se superponen con precisión, como en el tramo final de 'Gettin' Down', donde la consigna de ser tu propio Elvis o tu propia Marilyn se convierte en un mantra lúdico que, sin embargo, deriva hacia una calma casi sacra.
El agua aparece en diversas canciones como un motivo recurrente que va desde la inmersión física hasta la metáfora de la fluidez existencial. 'You'll Never Take Me Alive' contiene el verso que da título al álbum y contrapone la navegación por cualquier río con la carrera a través de centros comerciales, una imagen que condensa la tensión entre lo salvaje y lo domesticado. Esa dualidad también se percibe en la estructura del disco, que combina momentos de desenfado con otros de serenidad, sin que ninguno de los polos anule al contrario. La influencia de la poesía de borrado, que empleaban en sus inicios para generar textos a partir de páginas ya escritas, se nota en la manera de yuxtaponer imágenes aparentemente inconexas, como los tomates y las rodillas raspadas en 'BBQ' o el pájaro que defeca sobre el capó en 'Next Thing'. Esa técnica de collage literario confiere a las letras una cualidad enigmática que invita a múltiples lecturas, pero siempre con un pie en la realidad más mundana. La banda afronta los temas políticos, como se desprende de la declaración de que crear algo que carece de preaprobación es un acto de rebeldía, y esa conciencia impregna la grabación sin convertirla en un panfleto.
La elección de cerrar el álbum con una pieza que oscila entre el consejo absurdo y la bendición casi religiosa resulta coherente con la trayectoria de un conjunto que ha hecho de la camaradería su principal seña de identidad. 'Gettin' Down' acumula instrucciones para ser uno mismo, pero el tono de la música va tornándose más etéreo a medida que avanza, como si la broma inicial se transformara en una aceptación serena de las propias limitaciones. Esa capacidad para transitar del chiste a la solemnidad sin que el tránsito resulte forzado constituye uno de los mayores aciertos de un trabajo que, pese a su aparente despreocupación, revela una construcción minuciosa. Los arreglos de viento y teclado, junto con la percusión cambiante, construyen un entramado que premia la escucha atenta, pero que también funciona como banda sonora para actividades rutinarias. Al igual que esos tuppers que la letra menciona con su salsa anaranjada, las canciones de 'Any River' parecen destinadas a perdurar en la memoria más por su capacidad para anclarse en pequeños detalles que por su espectacularidad, y esos detalles, una vez oídos, resultan difíciles de olvidar. El equilibrio entre la destreza técnica y el desenfado, entre la herencia del country y la exploración de texturas más psicodélicas, convierte este lanzamiento en un reflejo fiel de una banda que ha encontrado su sitio sin necesidad de forzar su encaje en ninguna corriente dominante.
Conclusión
Styrofoam Winos muestran en 'Any River' que la rutina tiene su propia poesía, haciendo que al mismo tiempo el apoyo mutuo convierte las molestias de cada día en anécdotas que se recuerdan con una sonrisa.

