Review

Protomartyr - Hotel Usona

Protomartyr

2026

8.4


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La banda de Detroit publica 'Hotel Usona', su séptimo trabajo, tres años después de 'Formal Growth in the Desert'. Joe Casey, vocalista y letrista, concibe este álbum como un hotel estadounidense en decadencia, un espacio donde cada habitación alberga una faceta del deterioro nacional. La motivación compositiva surge de la observación de una sociedad que se desmorona lentamente, con Casey acercándose a los cincuenta años y mostrando un desencanto que nace de la vivencia directa. La producción corre a cargo de Dave Fridmann, conocido por su trabajo con formaciones como The Flaming Lips o Mercury Rev, y su intervención aporta una textura densa que envuelve las composiciones. El grupo mantiene su esencia post-punk, aunque incorpora saxofón, trompas y cuerdas que amplían su paleta sonora hacia territorios cercanos al jazz y la música clásica. La decisión de expandir sus recursos responde a la necesidad de reflejar emociones más matizadas, donde la rabia y la desesperanza conviven con pasajes de una serenidad inquietante. El resultado es un conjunto de nueve piezas que funcionan como un recorrido por pasillos y habitaciones vacías, con una narrativa que enlaza cada tema mediante la metáfora del alojamiento como reflejo de un país enfermo.

El arranque con 'The Old Hotel' establece el tono general mediante acordes de guitarra pensativos que desembocan en una explosión catártica, con las trompetas abriéndose paso entre una percusión articulada y rebotante. Alex Leonard demuestra un dominio rítmico que sostiene la tensión sin recurrir a la estridencia gratuita, mientras Scott Davidson construye líneas de bajo volátiles que actúan como cimiento y contrapunto. La letra de Casey recurre a imágenes literarias y a un léxico denso, con referencias que exigen atención sostenida, como en 'Maidenhead', donde ya había adaptado material de Patrick Hamilton. En 'Sounds We Cannot Hear' se aborda la apropiación del lenguaje bélico en la cultura popular, con la frase "Two bombshells hit the villa" como ejemplo de normalización de la violencia lejana, un mecanismo que anestesia la percepción colectiva. La banda logra aquí una de sus cimas interpretativas, con un estribillo que estalla tras versos contenidos, generando una sacudida que obliga a escuchar con detenimiento. La incorporación de saxofón añade un aire noir que sitúa a Casey como un narrador cansado, un detective que observa los casos de un mundo previo al colapso.

'Exalted Eagles' ataca el patriotismo distorsionado y las políticas migratorias draconianas ejercidas por agentes de ICE, con Casey abandonando su habitual tono muerto para gritar con una rabia que se desborda. La música combina ritmos de samba siniestra con pasajes industriales, creando una marcha fúnebre imperial que resulta tan bailable como opresiva. 'The Knife Dream' se sumerge en un limbo entre trip hop y jazz oscuro, con un piano que va dejando caer destellos de suspense, mientras la batería cambia de forma y la canción se vuelve más sombría. 'Feed the Sewer' irrumpe con furia apenas contenida, batería machacona y cuerdas amenazantes, abordando la inteligencia artificial y la pérdida de responsabilidad humana, con Casey sentenciando que la máquina piensa sin razón, sin causa, sin culpa, sin tacto. 'Converts' presenta un gancho sinuoso sobre guitarras escurridizas y sintetizadores elegantes, con un saxofón que escolta el ataúd al final. 'Lavender – Gospel' reduce el ritmo y reflexiona sobre el coste de delegar decisiones en artefactos, mientras 'Third Country' mezcla un vals de los años cincuenta con un ritmo de grupo femenino para crear una hipnagogia inquietante. El cierre con 'Checking Out' es el corte más extenso, una pieza épica que reúne tambores marciales, guitarras potentes y la voz ladrada de Casey, con la confesión "What can a coward do? I'm checking out." La dualidad entre la lírica cínica y los estallidos instrumentales sugiere una persistencia de la esperanza que se resiste a desaparecer.

La temática del álbum se articula en torno a la idea de que la realidad exige un respeto que con frecuencia se le niega, y cada canción invita a mirar aquello que se prefirió ignorar. 'Converts' se dice que trata sobre JD Vance, y la pieza funciona mejor en lo sonoro que en lo textual, con un gancho fibroso que se sostiene sobre guitarras saltarinas. La presencia de Fridmann permite que la sección rítmica suene más tangible y aterradora, con su hijo Jon aportando las trompas, y la sensación de riesgo se percibe en cada surco. El grupo ha optado por ampliar su fórmula sin traicionar su identidad, y la incorporación de elementos exóticos y baladas antiguas transforma su post-punk en un receptáculo para algo más antiguo y extraño. La voz de Casey, con su característico croon hablado, actúa como hilo conductor, y su poesía hipermoderna menciona la inteligencia artificial y salones de criptomonedas con el mismo desdén que dedica a los estudios de personajes financieros y mítines fascistas. La escucha repetida revela capas de significado que enriquecen la percepción inicial, y aunque el conjunto resulta exigente, la recompensa llega en forma de reconocimiento de los pliegues oscuros de la vida actual.

Conclusión

En 'Hotel Usona', Protomartyr retratan un país que se desmorona dentro de un alojamiento ruinoso, donde cada huésped encarna una dolencia colectiva y la desesperanza se filtra por las paredes.

8.4

Álbum

Protomartyr - Hotel Usona

Artista

Protomartyr

Año

2026

Discográfica

Domino

Tratando de escribir casi siempre sobre las cosas que me gustan.