Plantoid descubrieron una forma distinta de trabajar durante su estancia en Penhesgyn Hall, un antiguo edificio adaptado como estudio en el norte de Gales. Las largas jornadas en aquel lugar, rodeados de humedad, hierba y silencio, terminaron marcando la identidad de ‘FLARE’. Esa etapa de aislamiento les permitió pasar de una rutina acelerada a una práctica más pausada, en la que las ideas se cocinaban durante horas de improvisaciones hasta consolidarse en canciones que reflejan tanto el cansancio físico del encierro como la necesidad de convertirlo en algo productivo. Aquella decisión de encerrarse y escribir un tema al día, sin presión externa, explica por qué este segundo álbum desprende una sensación de naturalidad que antes no aparecía. Es el resultado de una convivencia forzada entre tres músicos que aprendieron a escucharse con la misma atención con la que antes trataban de destacar.
‘FLARE’ representa la evolución de una banda que en ‘Terrapath’ mostraba una urgencia constante y que ahora apuesta por un planteamiento más concentrado. El trío formado por Chloe Spence, Tom Coyne y Louis Bradshaw mantiene los patrones complejos y las estructuras cambiantes, pero ha decidido alargar las ideas hasta su límite. Esa decisión transforma las canciones en secuencias prolongadas donde la repetición adquiere sentido propio. En ese proceso se percibe una madurez evidente: el grupo parece haber comprendido que la intensidad no siempre requiere velocidad ni acumulación de capas. Su sonido, influido por el krautrock y el rock progresivo, conserva el gusto por el detalle técnico, aunque con una intención más controlada. La participación del productor Nathan Ridley, habitual colaborador del grupo, contribuyó a esa claridad general sin restarles el carácter áspero que todavía define su propuesta.
‘Parasite’ abre el recorrido con una energía contenida que alterna arrebatos rítmicos con pausas tensas. La canción refleja la relación entre disciplina y desorden que recorre el disco, como si la banda quisiera probar cuánto puede estirarse una idea sin perder el pulso. Las guitarras de Coyne se entrelazan en figuras cortantes mientras la batería de Bradshaw marca un compás irregular que nunca cae en el caos. La voz de Spence actúa como un hilo conductor que suaviza la fricción entre ambas fuerzas. La letra sugiere una mirada a los comportamientos parasitarios en las relaciones personales y sociales, un tema que recorre todo el álbum bajo distintas formas, desde la dependencia afectiva hasta el exceso de consumo.
En ‘Ultivatum Cultivatum’, la banda se apoya en un ritmo persistente que recuerda a la repetición hipnótica de CAN o Neu!, pero introduce un contraste con un timbre vocal más cercano al pop atmosférico. Esa mezcla produce una sensación de movimiento continuo, una especie de avance circular en el que el tiempo parece dilatarse. La canción puede interpretarse como una reflexión sobre la productividad forzada: el intento de cultivar algo en un entorno artificial, un motivo que encaja con la propia experiencia del grupo durante su encierro creativo. Plantoid consigue transformar esa metáfora en una estructura sonora en la que la constancia se convierte en forma de resistencia frente al ruido exterior.
‘The Weaver’ profundiza en la idea del viaje y la inocencia que se enfrenta a lo imprevisible. Spence explicó que imaginó un personaje diminuto recorriendo un mundo desproporcionado, y esa imagen se traduce en una interpretación vocal aguda y frágil, casi infantil. La banda construye un acompañamiento que evoluciona desde una base acústica hasta un desarrollo más denso, sin perder claridad. El resultado transmite una sensación de crecimiento forzado, como si el personaje tuviera que adaptarse a un entorno que lo supera. En esa lectura, la canción funciona como una metáfora sobre la precariedad y la ingenuidad con la que muchos artistas jóvenes intentan sobrevivir dentro de un sistema que exige novedad constante sin ofrecer estabilidad.
‘Dozer’ se impone como el núcleo conceptual de ‘FLARE’. Seis minutos en los que Plantoid demuestra su capacidad para mantener la tensión sin recurrir al exceso. El tema combina una base rítmica insistente con rupturas bruscas que alteran la dirección de la pieza sin destruir su coherencia. Las influencias del krautrock alemán son evidentes, pero la banda las asimila con una visión más directa, apoyándose en la energía del groove y en la precisión de los cambios métricos. El resultado transmite una sensación de movimiento incesante, casi mecánico, que puede leerse como una metáfora del ritmo de producción cultural actual, en el que todo debe avanzar sin pausa. Esa lectura política refuerza el valor del tema como comentario sobre la saturación y la pérdida de pausa en la creación artística.
En el tramo final, ‘Slow Moving’ y ‘Daisy Chains’ actúan como un cierre complementario. La primera ofrece un ambiente dilatado y sereno que funciona como punto de descanso tras la densidad anterior. La segunda, en cambio, recupera la energía inicial y la lleva hasta una explosión final que deja la sensación de que todo el recorrido anterior desemboca en un colapso controlado. Ambas piezas resumen la dualidad del álbum: calma y agitación conviviendo sin jerarquía. El grupo busca un equilibrio temporal que se mantiene mientras dura la escucha. ‘FLARE’ convierte esa convivencia en una declaración estética, donde cada canción es una forma de estudiar el tiempo, la paciencia y la permanencia del sonido.
El resultado final muestra a Plantoid como un conjunto que ha aprendido a usar la experimentación como medio de orden, sin renunciar a la crudeza de su estilo. ‘FLARE’ transmite la impresión de un grupo que comprende la importancia de detenerse para avanzar, que entiende la repetición como herramienta expresiva y la pausa como parte del ritmo. En su aparente calma late una tensión constante entre impulso y control, entre la libertad de la improvisación y la precisión de la estructura. Esa dualidad define su carácter y explica por qué este trabajo resulta tan coherente en su desarrollo.
Conclusión
Plantoid desarrollan en ‘FLARE’ un discurso sobre la adaptación forzada y la necesidad de seguir creando en entornos que asfixian, donde cada letra revela una lucha silenciosa por mantener el propio rumbo.

