Éme lleva tiempo encontrando una manera de cantar que transforma lo más sencillo en algo digno de ser escuchado. En ‘Colegas de Trabalho’ (Cafetra, 2026), su folk parece acercarse aún más al suelo, con los pies hundidos en lo cotidiano, sin artificio. Todo suena familiar, como si las canciones salieran del mismo lugar donde nacen las conversaciones que intentan poner orden a los días. El error se convierte en un hilo que une a las personas, no como un defecto que pesa, sino como la prueba de que seguimos intentándolo. Las historias se mueven entre la ternura y la torpeza, mostrando ese vaivén en el que las grandes ideas se reducen a gestos mínimos: una disculpa mal dicha, una mirada que llega tarde, un silencio que dice más que cualquier frase larga.
Cada canción encierra un pequeño retrato, construido con una calma que se nota en cada palabra. En ‘42’, el hombre que “bebe demais” y “cego d’um olho” parece perderlo todo y aun así conserva una dignidad callada, esa que solo tienen quienes aceptan sus límites sin rendirse. ‘Cruzeiro’ y ‘Coiote’ muestran el amor como un intento compartido de resistir a la torpeza, con la naturalidad de quien se reconoce en sus propios fallos. En ‘Bullies’ y ‘La Féria’, la mirada se amplía hacia lo colectivo, hacia una sociedad que castiga al débil y premia la indiferencia, recordándonos que mirar hacia otro lado también deja huella. ‘Até para falhar tenho um plano’ se ríe del control y de esa necesidad absurda de ordenar lo incontrolable.
El folk portugués de Éme no busca raíces, se construye desde la confianza en lo cercano. Su voz parece hablarte desde la mesa de al lado, con un tono que mezcla ironía y cariño. ‘Colegas de Trabalho’ encuentra belleza en el error compartido, en esa torpeza que nos iguala y nos mantiene unidos incluso cuando nada encaja del todo. Aprovechando lo reciente de este lanzamiento, hemos tenido el placer de entrevistar a João Marcelo.
Al escuchar 'Colegas de Trabalho' da la sensación de que el disco está lleno de personajes que fallan, tropiezan o simplemente no encajan. Pero lo curioso es que no hay pena ni redención, hay algo muy humano, casi cómico. ¿Querías mostrar que fallar también puede tener su belleza?
Éme: Quería quitarle peso al concepto del mérito, que parece ser siempre una losa para quienes nunca han tenido grandes victorias en la vida. Son casi siempre historias suspendidas, sin un verdadero alivio, pero tampoco con condena, porque la mayoría de las personas no tiene mucho control sobre lo que les pasa.
En varias canciones usas el humor para tratar temas serios, sin restarles importancia. ¿Lo ves como una herramienta estética o como una forma de protegerte al escribir?
Éme: Creo que es una herramienta, pero también puede ser una manía. No lo sé bien. Idealmente, no me protejo al escribir: escribo lo que creo que la canción necesita, y luego ya se verá. Normalmente acabo hecho un manojo de nervios antes de lanzar algo, y sólo se me pasa cuando me doy cuenta de que, en realidad, a nadie le importa tanto.
En '42' hablas de alguien que “bebe demais”, “cego d’um olho”, un tipo que arrastra su desgracia con cierta ternura. ¿De dónde vino la inspiración para escribir este tema?
Éme: No soy precisamente la persona más creativa del mundo, y aquí se nota bastante: es exactamente lo que dice la canción, una historia que me contó una amiga, algo muy sencillo, sin adornos, que acabé transcribiendo casi palabra por palabra, prácticamente tal como ella me la relató.
"Quería quitarle peso al concepto del mérito, que parece ser siempre una losa para quienes nunca han tenido grandes victorias en la vida."
Las dos canciones de 'Colega de Trabalho' parecen partes de una misma historia: un tipo harto del trabajo que acaba metido en un lío aún mayor. ¿Qué te llevó a escribir esa especie de miniserie?
Éme: Me hizo gracia la idea de un tipo que reúne el valor para presentar su dimisión y, por circunstancias que le superan, acaba siendo ascendido. Claro que alguien que siente que ni siquiera sabe despedirse sólo tiene una salida hoy en día: unirse a uno de esos gurús de autoayuda. Fueron dos canciones que disfruté muchísimo escribiendo, y me encanta cómo la segunda deja esa mezcla de alivio y tensión al final.
'Bullies' parece hablar de la culpa que uno carga con los años, mientras 'La Féria' muestra el miedo a convertirse en parte de un sistema que humilla. ¿Ves esas canciones como dos caras del mismo tema?
Éme: Sí, ese efecto de conexión era justo lo que buscábamos al ordenarlas. 'Bullies' no trata solo de eso: quería que fuera un juego de espejos, donde lo que nos pasa se confunde con lo que hacemos. En 'La Féria' también está ese juego, pero esta vez quise usar una narrativa con figuras reales, reconocibles por todos, vistas a través de ese mismo espejo.
En 'Cruzeiro' y 'Coiote' hay relaciones que funcionan pese a los defectos. ¿Dirías que, al escribir sobre el amor, te interesa hacerlo de la forma más realista posible?
Éme: No exactamente realista, porque el término tiene cierta connotación literaria que se opone al romanticismo, que es lo que prefiero. Me interesa un romanticismo con un lado cotidiano y cómico, pero que siga siendo romántico, que desbloquee sensaciones reales que no veo tratadas en mi idioma.
El título y la letra de 'Até para falhar tenho um plano' dejan una frase que se queda en la cabeza. ¿Cómo llegaste a esa idea y decidiste convertirla en canción?
Éme: Fue justo con esa frase. Me gustó cómo sonaba y escribí toda la canción a partir de ella. Incluso pensé en usarla como título del disco, pero luego vi que Pedro Chagas Freitas tenía un libro llamado 'Prometo Falhar', y decidí no hacerlo porque no podría vivir con la idea de tener algo que se pareciera conceptualmente a él.
"Normalmente acabo hecho un manojo de nervios antes de lanzar algo, y sólo se me pasa cuando me doy cuenta de que, en realidad, a nadie le importa tanto."
'Fantasmas' tiene algo de historia de fantasmas real y algo de metáfora emocional. ¿Te gusta cuando una canción puede leerse de las dos formas?
Moxila: Sí, claro. La letra surgió cuando estaba de vacaciones en Cova Gala, donde hay muchas casas viejas abandonadas. Eso me hizo pensar en el apego a los objetos y en la memoria, y de ahí salió la historia. En este caso, el sentimiento vino antes que la historia, pero en general creo que las narrativas son la forma más interesante y eficaz de mostrar emociones. Es más fácil empatizar cuando hay personajes a los que atribuir sentimientos que cuando se habla de los temas en abstracto.
'Aleatório' habla de encontrar belleza en cosas tiradas, en lo que no tiene valor. ¿Al componerla pensabas en esa idea de que lo más bonito puede estar justo en lo que nadie mira?
Éme: La idea de base es que el mejor arte puede surgir del azar, de factores aleatorios. Aunque, personalmente, soy mucho más como el personaje de 'Até para falhar tenho um plano', y quizá por eso admiro tanto esa idea.
Se nota que el disco está muy trabajado en los arreglos (flautas, violines, coros…). ¿Era algo que tenías claro desde el principio o fue surgiendo al grabar?
Éme: Sí, desde el principio queríamos grabar con Oliveira, que hace el sonido de nuestros conciertos y mezcló los dos últimos discos, pero nunca había estado en el estudio con nosotros. La idea era darle material con el que trabajar: banda, arreglos, batería… cosas que habían desaparecido de los discos de Éme desde 2017. No sabíamos aún quién tocaría, pero, como por arte de magia, Kellzo, que iba a ayudar a Oliveira a grabar, acabó metiéndose en la cabina para tocar la batería en una canción… y terminó grabando todo el disco. La verdad es que todo el mundo se salió. Las partes melódicas son sobre todo de Moxila, pero Carol hizo unas líneas de bajo y coros preciosos, Francisca compuso melodías de órgano e increíbles armonías. Fue muy divertido, y no queríamos dejar de sumar melodías.
Vuelves a trabajar con Moxila, y su presencia se nota. ¿Qué aporta a tus canciones que nadie más podría aportar?
Éme: Hay una comprensión mutua que es imposible encontrar con otras personas. Moxila me ayuda desde el principio, desde que empiezo a escribir hasta el último detalle del arte del disco. Es prácticamente un trabajo de banda con dos compositores. Solo el hecho de que ella tenga otras ocupaciones, como el cómic y otras cosas, hace que este no sea otro disco de Éme y Moxila. Por mí lo sería, pero como solo firmó una letra, ella prefirió que no. Así que Éme es más que un proyecto en solitario: es una especie de híbrido entre eso y una banda.
"La idea de base es que el mejor arte puede surgir del azar, de factores aleatorios."
Comparado con 'Disco Tinto', este disco parece más suelto, con más variedad de estilos entre canciones. ¿Sientes que esta vez te permitiste más libertad al componer?
No fue algo demasiado premeditado ni muy planeado, quizá tenga que ver con el hecho de que este disco no partía de un concepto tan cerrado o definido como los anteriores, sino que fue surgiendo de forma más libre y natural.
En todas nuestras entrevistas nos gusta que los artistas dejen una pregunta para el siguiente. ¿Cuál sería la tuya?
Éme: ¿Crees en el libre albedrío?
Y, del mismo modo, tengo una para ti, enviada por Mike de caroline. Pregunta: ¿cuál fue tu primer amor musical?
Que recuerde, tendría unos 8 o 10 años: Coldplay y Phil Collins. Pero mi madre dice que cuando era muy pequeño lloraba mucho escuchando un CD de música clásica que me encantaba, aunque no se acuerda de cuál era.
