Entrevistamos a

Katzin

"Espero que este disco transmita la energía de esa metamorfosis que debería ocurrir durante la adolescencia."



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Durante el verano previo a su entrada en la universidad, Zion Battle decidió encerrarse junto a Max Morgen en una cabaña en mitad del desierto para grabar su primer trabajo como Katzin. De ese aislamiento nació 'Buckaroo', un disco que refleja el intento de ordenar la confusión de la juventud y entender qué significa crecer en un país lleno de contrastes. La experiencia de aquel encierro bajo el calor sofocante se convirtió en el punto de partida de un álbum que combina observación y sinceridad, construyendo un retrato claro del paso hacia la madurez. Katzin utiliza los símbolos del Oeste americano como marco para hablar de pertenencia, soledad y cambio, no desde la nostalgia, sino desde la conciencia de formar parte de una historia común. El conjunto de canciones desarrolla un recorrido coherente, donde cada tema amplía el anterior y profundiza en la idea de identidad. 'Wild Horses' y 'Cowboy' muestran la tensión entre quedarse o avanzar, dos impulsos que atraviesan todo el disco. Las letras, escritas con precisión y sin adornos innecesarios, describen la contradicción de un país que exalta la libertad pero convive con desigualdades persistentes. Katzin transforma ese conflicto en una reflexión sobre la responsabilidad individual y la necesidad de entender el lugar que uno ocupa dentro de una sociedad que se reinventa continuamente. En cada verso aparece la intención de mirar hacia adelante sin perder la conciencia del entorno del que se procede. El sonido de 'Buckaroo' combina banjos, guitarras, violines y vocoders con naturalidad, generando un paisaje que mantiene la calidez del entorno doméstico mientras conserva amplitud y claridad. Canciones como 'Anna' introducen la distancia afectiva como forma de aprendizaje, mientras que 'Nantucket' cierra el recorrido con una sensación de calma y aceptación. El disco muestra cómo Katzin convierte el aislamiento en un ejercicio de observación, donde la creación sirve para ordenar emociones y pensamientos. 'Buckaroo' se sostiene sobre una convicción firme: solo entendiendo el propio contexto es posible avanzar.

El álbum se llama 'Buckaroo', una palabra cargada de imágenes del Oeste americano. ¿Qué representa exactamente ese “cowboy” del título para ti?

Los vaqueros son un tema tanto implícito como explícito que recorre de principio a fin todo el álbum, apareciendo una y otra vez como un motivo constante. Su simbolismo representa al forajido ficticio, al antihéroe clásico, esa figura rebelde y libre. Es ese tipo de cosas, esa esencia y ese aire que evocan las viejas películas de Hollywood, con su romanticismo polvoriento y su nostalgia característica.

 

Pasaste un tiempo en Europa antes de grabar el álbum, lo que te inspiró a reflexionar sobre lo que significa ser estadounidense. ¿Qué contrastes notaste entre las perspectivas europeas y las de EE. UU. que influyeron en tu forma de componer?

Siendo un chaval, descubrir y explorar por primera vez las calles y los paisajes de las ciudades de París y de Ámsterdam fue más que suficiente para regresar a casa con una mirada completamente nueva, con los ojos y también con los oídos totalmente renovados y despiertos.

Has descrito 'Buckaroo' como una carta de amor a la infancia. ¿Qué partes de esa etapa intentas conservar y cuáles has tenido que dejar atrás?

Me gusta esta pregunta porque es personal y a la vez relevante para el álbum. Espero que este disco transmita la energía de esa metamorfosis que debería ocurrir durante la adolescencia.
Probar cosas nuevas, sentirse un poco como un forajido buscando “buenos líos”, explorando y siendo creativo. Intento conservar la inocencia infantil, que es fundamental para que los seres humanos funcionemos. Ser conscientes de lo que pintamos en el lienzo en blanco de los demás y en el nuestro propio. Intento soltar las reacciones infantiles e inconscientes mientras aprendo a digerir las duras realidades. Aspiro a ser como un niño, pero no infantil.

"El simbolismo de los vaqueros en este disco representa al forajido ficticio, al antihéroe clásico, esa figura rebelde y libre."

Grabar en una cabaña en Joshua Tree, bajo el calor del desierto y en un momento de transición personal, suena casi como una experiencia ritual. ¿Cómo influyó ese aislamiento en el álbum y en tu manera de entender la creatividad?

El aislamiento fue absolutamente crucial y necesario para que el álbum pudiera tomar forma conceptual dentro de la mente de Max Morgen y también dentro de la mía. Ambos hemos expresado y repetido ideas muy parecidas sobre la naturaleza casi ritual, y al mismo tiempo casi absurda, que tiene el hecho de estar en medio del desierto en pleno verano, soportando el calor extremo, mientras trabajábamos juntos en un proyecto artístico como este.

Has dicho que querías que el álbum sonara como el desierto. ¿Cómo se traduce esa idea en lo musical? ¿Qué decisiones de producción o instrumentación te ayudaron a captar ese paisaje en sonido?

Captar de verdad la esencia profunda de nuestro entorno desértico comienza, ante todo, por salir afuera, detenerse un momento y simplemente escuchar con atención.

El disco mezcla banjos, vocoders, violines y guitarras eléctricas, pero nunca suena forzado. ¿Cómo encontraste ese equilibrio entre lo orgánico y lo electrónico?

Fuimos muy cuidadosos al mezclar los sonidos. El paisaje grandioso y vacío del desierto, con los picos lejanos que veíamos por la ventana, nos guiaba. Hay algo en el ruido electrónico que sigue sintiéndose muy actual. Éramos adolescentes viviendo el presente, pero muy unidos por los discos clásicos.

 

A lo largo del álbum hay una tensión constante entre lo íntimo y lo inmenso, con canciones que parecen caseras pero tienen una dimensión casi cinematográfica. ¿Fue una decisión deliberada o algo que surgió de forma natural al grabar con Max Morgen?

Me alegra sinceramente que hayas escuchado con tanta atención y con tanto cuidado los detalles. Max y yo creamos y trabajamos en este álbum teniendo precisamente eso muy presente en todo momento. Queríamos, desde el principio, capturar todos los “planos de cámara”, cada perspectiva posible, de aquel lugar concreto en el que nos encontrábamos viviendo y grabando.

Has mencionado influencias como Pavement, Springsteen y Tracy Chapman, tres formas muy distintas de contar historias. ¿Qué has aprendido de ellos sobre cómo narrar a través de la música?

Lo principal, lo más importante que realmente he aprendido de estos artistas y de la manera en que cada uno de ellos sabe contar historias, es que existen momentos que se explican y se transmiten mejor con palabras, y otros instantes, igualmente esenciales y significativos, en los que es la propia música la que debe hablar por sí misma y tener su propio poder comunicativo, expresando aquello que las palabras no pueden decir.

"Intento soltar las reacciones infantiles e inconscientes mientras aprendo a digerir las duras realidades. Aspiro a ser como un niño, pero no infantil."

En 'Wild Horses' y 'Cowboy' da la impresión de que hablas tanto del país como de ti mismo. ¿Hasta qué punto la búsqueda de la identidad americana es también una búsqueda personal?

Lo bonito de la crisis de identidad americana es que es algo inherente a todos nosotros, porque casi todos somos producto de inmigrantes y del trabajo inmigrante. Podemos conectar a través de eso y formar un respeto mutuo, una identidad que nos incluya a todos.

Has dicho que ser estadounidense hoy significa vivir en una crisis de identidad constante. ¿Crees que el arte, y en especial la música, pueden ofrecer algún tipo de reconciliación con esa contradicción?

El arte y la música son un reflejo claro de quiénes somos realmente y de lo que deseamos en el fondo. Sin embargo, para que eso tenga sentido, tenemos que comenzar siempre por tratarnos unos a otros con auténtica amabilidad y respeto.

 

Me intriga la dimensión política del álbum, aunque se expresa de una manera muy poética. ¿Cómo equilibras esa crítica al presente con tu deseo de no hacer un disco con un mensaje explícito en el sentido clásico?

Sí, en ‘Buckaroo’ realmente no me interesa en absoluto predicar ni tampoco construir un mensaje cerrado o completamente coherente. Más bien lo que intento es crear algo vivo, una obra que pueda seguir transformándose con el tiempo, adquiriendo constantemente nuevos significados y desafiando una y otra vez las interpretaciones que se le den.

'Nantucket' se siente como un final simbólico, casi una resaca emocional después del viaje. ¿Por qué elegiste esa canción como una de las últimas del álbum?

Exactamente por eso. 'Nantucket' nos parecía también a nosotros una especie de resaca emocional, una sensación suave y prolongada que quedaba después del viaje. Era como llegar finalmente a la orilla con una gratitud tranquila, con una calma sutil y con esa clara sensación interior de que uno puede, efectivamente, volver a empezar de nuevo.

"Lo bonito de la crisis de identidad americana es que es algo inherente a todos nosotros, porque casi todos somos producto de inmigrantes y del trabajo inmigrante."

Grabaste este álbum justo antes de empezar la universidad. ¿Cómo ha cambiado tu relación con estas canciones ahora que ha pasado el tiempo y tu vida ha avanzado?

A medida que va pasando el tiempo, empiezo a ver y a entender este álbum como un único tapiz completo, tejido enteramente con la misma tela, con un mismo hilo y con una coherencia interna que lo mantiene todo unido.

En todas nuestras entrevistas nos gusta que cada artista deje una pregunta para el siguiente. ¿Cuál sería la tuya?

¿Cómo te ayuda tu arte a sobrellevar la vida?

Y tengo una para ti de Jay Som. ¿Tienes alguna otra vía artística aparte de la música?

No realmente, pero me encanta hacer senderismo, estar al aire libre, acampar y viajar. Como la música es mi obsesión poco sana, me gusta desconectar con actividades no artísticas para recargar energías.

Tratando de escribir casi siempre sobre las cosas que me gustan.