Review

Mitski - Nothing's About to Happen to Me

Mitski

2026

8.5


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Desde sus primeros trabajos, Mitski ha construido una carrera marcada por la voluntad de explorar los recovecos más complejos de la identidad y el deseo. Su octava entrega, 'Nothing’s About to Happen to Me', llega tras el arrollador éxito global de 'My Love Mine All Mine', un fenómeno que amplificó su relación, siempre incómoda, con la fama y su propia base de seguidores. Concebido en un periodo de reclusión creativa, el álbum se presenta como una pieza de cámara gótica donde la artista japonesa-americana da vida a una mujer que habita una casa desordenada, encontrando en ese espacio físico el correlato de su universo interior. Esta premisa narrativa, inspirada en fuentes como la novela de Shirley Jackson, le permite construir una obra que funciona como un estudio de personaje, alejándose del confesionalismo directo para sumergirse en una ficción tan punzante como la realidad.

La temática central del trabajo gira en torno al deseo de desaparición y la búsqueda de refugio en la soledad, pero Mitski evita cualquier atisbo de autocompasión al equilibrar la desesperanza con un humor negro muy afilado. En 'Dead Women', por ejemplo, la cantante se imagina a sí misma como un fantasma, observando con una mezcla de horror y diversión cómo sus allegados reescriben su historia de manera inexacta y grandiosa. Este enfoque narrativo se extiende a otras canciones como 'Instead of Here', donde la protagonista recurre a su “old friend misery” como un placer secreto para sentirse de nuevo ella misma, encapsulando esa atracción por un dolor conocido y reconfortante. La manera en que la autora dosifica la información, creando personajes que actúan desde la necesidad más primaria, dota al álbum de una densidad inusitada para sus escasos treinta y cuatro minutos de duración.

En el plano de la composición lírica, Miyawaki demuestra un dominio exquisito del detalle cotidiano para expresar fracturas emocionales de gran calado. Versos como los de 'I’ll Change for You', donde suplica “I’ll do anything / For you to love me again”, exponen la patética rendición de quien está dispuesta a mutilar su propia esencia con tal de retener un afecto que se esfuma. Esta capacidad para diseccionar la vulnerabilidad sin ningún tipo de filtro se complementa con pasajes de una tensión casi insoportable, como ocurre en 'Rules', donde un tictac obsesivo subraya una narrativa de disociación tras un suceso traumático. La mirada de Mitski sobre sus criaturas es firme pero nunca condescendiente, retratando sus manías, sus rituales y su obsesión por los gatos que merodean la propiedad como símbolos de un territorio emocional en disputa.

El acompañamiento musical, producido por Patrick Hyland, envuelve estas historias en un traje orquestal y camerístico que bebe de la americana y de la grandilocuencia de los sesenta, pero que nunca cae en el mero adorno. La instrumentación, que incluye desde steel guitar a secciones de viento y cuerdas, actúa como un personaje más dentro de la casa encantada de la narración. En 'That White Cat', las guitarras tensas y los coros construyen una atmósfera de paranoia creciente, mientras que en la apertura con 'In a Lake', la calidez inicial se ve turbada por arreglos de cuerdas que introducen una nota de caos controlado. Incluso en los momentos de aparente calma, como la bossa nova de 'I’ll Change for You', la orquestación parece tambalearse, reflejando la inestabilidad de la protagonista. La voz de Mitski, serena pero cargada de matices, navega por estas corrientes con una precisión que convierte cada tema en una escena cinematográfica.

Hacia el tramo final, el disco encuentra una especie de catarsis ambigua en 'Charon’s Obol' y 'Lightning'. La primera se detiene en el ritual nocturno de alimentar a los perros abandonados, un acto de cuidado que conecta a la reclusa con un mundo exterior al que no desea pertenecer. La segunda, con un tono más elevado y casi celebratorio, abraza la oscuridad propia como condición para reflejar la luz, cerrando el círculo sin ofrecer una salida clara, sino más bien una aceptación de la naturaleza cíclica del dolor y el aislamiento. Mitski no juzga a su personaje ni le proporciona una vía de escape; simplemente observa, con una lucidez abrumadora, cómo la mente humana construye fortalezas con los escombros de sus propias relaciones. 'Nothing’s About to Happen to Me' no es una colección de canciones, es más bien un espacio habitable, cargado de una atmósfera tan sofocante como extrañamente acogedora. Quien se adentre en él, saldrá con la sensación de haber espiado por la cerradura de una puerta que quizás no debería haber abierto.

Conclusión

Lejos del confesionalismo, el octavo disco de Mitski explora el deseo de desaparecer, diseccionando la fragilidad de quien negocia su identidad por amor.

8.5

Álbum

Mitski - Nothing's About to Happen to Me

Artista

Mitski

Año

2026

Discográfica

Dead Oceans

Tratando de escribir casi siempre sobre las cosas que me gustan.