La banda canadiense que irrumpió en la escena con un debut que les valió reconocimiento inmediato regresa ahora con un trabajo que expande sus límites compositivos sin renunciar a su esencia. El cuarteto, liderado por la voz y guitarra de Mischa Dempsey, ha aprovechado el impulso generado por 'Some Kind of Heaven' para adentrarse en terrenos sonoros más experimentales, fruto de una colaboración estrecha con la guitarrista e ingeniera Sarah Harris, quien ha tomado las riendas de la producción. La urgencia por materializar estas canciones antes de que el tiempo se esfumara llevó al grupo a un proceso de grabación fragmentado entre Montreal y St. John's, donde la inmediatez y la falta de ensayos previos permitieron que las ideas fluyeran con naturalidad, capturando así la esencia de un colectivo que se conoce a la perfección tras años de complicidad en la escena DIY.
El concepto que da título al álbum actúa como un prisma a través del cual observar los nueve cortes que lo componen, funcionando cada uno como una ventana a instantes concretos que Dempsey ha decidido conservar. La canción que abre el trabajo, 'I Want to Remember Everything', establece de inmediato esa atmósfera de añoranza y reencuentro con la niñez, evocando esas referencias culturales que en su momento resultaban vergonzantes pero que hoy se revelan como piezas fundamentales de la identidad. La letra, que transita entre la culpa y la aceptación, encuentra en el estribillo una declaración de intenciones que resuena a lo largo de todo el LP. La instrumentación, aunque anclada en el rock de guitarras, incorpora texturas sintéticas que amplían el espectro sonoro sin desvirtuar la crudeza de las melodías, creando un equilibrio entre la agresividad punk y la melancolía shoegaze que define el carácter de la banda.
Las composiciones que siguen profundizan en esa exploración existencial, como 'Sunrise', que parte de una imagen cotidiana para reflexionar sobre la recuperación de la salud mental y esos momentos de calma que llegan después de tormentas emocionales. La letra establece un diálogo entre la desesperación y la esperanza, utilizando metáforas domésticas que anclan el discurso en lo tangible. En 'Here Comes', la estructura juguetona del riff inicial contrasta con un contenido que aborda la lucha por mantener el equilibrio en los años veinte, esa etapa de descontrol controlado que Dempsey retrata con ironía y autoconciencia. La canción evoluciona hacia un crescendo que subraya la tensión entre el deseo de dejarse llevar y la consciencia de que todo tiene un límite temporal, un tema recurrente que conecta con la ansiedad generacional. La producción, cuidada hasta el último detalle, permite que cada capa sonora ocupe su espacio sin saturar el conjunto.
El punto medio del álbum trae consigo 'Photocopy', donde la distorsión y el ritmo acelerado reflejan la frustración ante el trabajo alienante y la sensación de estar desperdiciando la vida en tareas que benefician a otros. La estructura, que surgió de una reorganización en el estudio, otorga a la pieza una energía renovada que subraya la urgencia del mensaje. Le sigue 'I Wasn't Fully Cooked', posiblemente la composición más sincera del conjunto, nacida del miedo a morir sin haber revelado la propia identidad, una angustia que llevó a Dempsey a enfrentarse a su entorno familiar. La instrumentación, que combina capas de guitarras con una base rítmica sólida, acompaña ese desgarro sin caer en el dramatismo facilón. La reflexión sobre el legado y el deseo de ser recordado por quien realmente se es atraviesa la canción con una honestidad que conecta directamente con el oyente, sin artificios ni concesiones.
Los cortes finales mantienen el nivel de exigencia lírica, como 'Shuffle', donde la suavidad acústica del inicio da paso a una sección más enérgica que simboliza el esfuerzo por abandonar las defensas emocionales y permitir la intimidad. Dempsey utiliza la relación amorosa como vehículo para examinar sus propios mecanismos de protección, construyendo un relato de crecimiento personal que evita el victimismo. En 'Gift Horse', el ejercicio de imaginar qué pensaría de sí mismo el niño que fue añade una capa de ternura a un disco que, por momentos, resultaría abrumador en su honradez. La banda demuestra aquí una madurez compositiva que trasciende el mero virtuosismo, priorizando la función de cada instrumento al servicio de la historia que se cuenta. La mezcla, a cargo de Rhys Climenhage, logra que cada elemento ocupe su lugar en el espectro, desde los momentos más íntimos hasta las explosiones de ruido controlado.
El cierre con 'Exit Desire' resume a la perfección la dualidad que atraviesa el álbum, esa pulsión autodestructiva que empuja a abandonar situaciones difíciles y que Dempsey ha bautizado con ese nombre. La canción, construida alrededor de sintetizadores y texturas atmosféricas, representa una evolución en el sonido del grupo que apunta hacia direcciones futuras. La letra, que menciona la rueda de hámster existencial, conecta con la idea de que la huida no siempre es la solución y que la verdadera batalla consiste en quedarse y enfrentar lo que incomoda. La banda logra transmitir esa ambivalencia sin resolverla, dejando al oyente con una sensación de inquietud productiva. Los créditos finales revelan el trabajo artesanal de un colectivo que ha decidido mantener el control creativo en sus manos, desde la composición hasta el arte de Tanea Hynes, construyendo un objeto artístico coherente que funciona tanto en su totalidad como en cada una de sus partes.
Conclusión
knitting plantean en 'Souvenir' la tensión cotidiana entre huir de lo adverso y la obligación de quedarse, mostrando esa ambivalencia profunda en cada una de sus propias piezas.

