Zachary James ha utilizado el nombre de Dari Bay para agrupar distintos impulsos creativos desde el inicio de la década, aunque con el tiempo esa etiqueta se ha ido ajustando a una escritura más ceñida a lo personal. El giro quedó patente en trabajos previos, pero 'Surprise Wish' se erige como su primera entrega de larga duración, al tiempo que recoge las inquietudes de un momento de cierre de estudios y de un incendio que amenazó su vivienda, suceso que aparece reflejado en la sexta pieza. Este álbum, publicado por Double Double Whammy, se presenta como el fruto de un creador que ha ido limando las aristas de sus exploraciones anteriores para ofrecer un puñado de canciones que miran de frente a la incertidumbre de los veinte años, sin disfraces ni concesiones a lo accesorio. La inmediatez de las composiciones contrasta con el tiempo de gestación, ya que James fue armando las maquetas mientras compaginaba otros compromisos musicales, lo que otorga al conjunto una frescura que prescinde de pulimento y de acabados de estudio.
Las letras de 'Surprise Wish' transitan por territorios donde la percepción de uno mismo choca con la de los demás, y donde el control sobre la propia vida se revela como una ilusión. En 'Finder', la frase 'I can keep what I find' sugiere una apropiación de lo que se descubre, pero también una aceptación de que todo permanece igual, mientras que en 'Chevy' el protagonista se oculta tras una máscara y admite que hay muchas cosas que escapan a su comprensión, lo que apunta a una lucha interna entre la apariencia y el desconcierto real. La canción 'Background' insiste en la repetición de actos y en la resistencia al cambio, lo que refuerza la idea de que el álbum se alimenta de contradicciones: el deseo de avanzar y la comodidad de estancarse. James muestra a sus personajes en su ambigüedad, con un tono que oscila entre la confesión y el murmullo, como si las canciones fueran apuntes tomados al margen de la jornada.
El sonido de 'Surprise Wish' se asienta sobre guitarras distorsionadas que ocupan el centro de la mezcla, con un ritmo que rara vez se acelera más allá de un andar pausado, lo que confiere a las canciones una textura densa y áspera. James toca la mayoría de los instrumentos, salvo algunas colaboraciones de su hermano Owen en el bajo y los sintetizadores, y la producción, también a su cargo, mantiene un carácter casero que deja ver las costuras de las grabaciones, con raspaduras y cambios de volumen que actúan como parte del carácter del álbum. Este enfoque aporta una sensación de inmediatez que casa con la temática de las letras, donde lo improvisado y lo reflexivo se mezclan de forma continua. La pieza 'We're Gonna Be Okay', inspirada en el incendio, utiliza capas de guitarra que crecen hasta formar un muro de sonido, aunque la dinámica general del conjunto mantiene un mismo pulso, con escasos contrastes de tempo.
La ironía aparece como un recurso recurrente, especialmente en 'The Joke', donde el narrador se reconoce dentro de la broma pero se sitúa fuera de la risa colectiva, una posición que refleja la distancia entre lo que se espera socialmente y lo que se siente en privado. 'On Your Side' aborda la dificultad de expresar apoyo sin que las palabras se vuelvan vacías, y su estribillo 'I guess I tried' repite una y otra vez la misma confesión de esfuerzo fallido, mientras que 'Bet On The Feeling' opta por una apuesta consciente por la sensación frente a cualquier razonamiento, lo que subraya la primacía de lo visceral sobre lo racional en momentos de duda. Estas canciones comparten un enfoque que prefiere la observación seca, casi clínica, de los estados de ánimo, con frases cortas y estribillos que se graban a la primera escucha. La brevedad de algunas pistas, como 'How Can You Tell', que apenas supera el minuto y medio, refuerza esa idea de instantánea, de captura de un destello sin desarrollo posterior, lo que otorga al conjunto una estructura de cortes independientes.
En conjunto, 'Surprise Wish' se presenta como un trabajo coherente que mantiene su tono a lo largo de nueve canciones, y todas ellas mantienen un nivel similar, lo que habla de una uniformidad buscada y de una cantidad de ideas bien dosificada. James ha conseguido trasladar sus obsesiones personales a un registro sonoro que las sostiene sin artificios, y el resultado es un álbum que se deja escuchar con atención y que invita a fijarse en los detalles de las letras, donde residen las verdaderas claves del proyecto. La apuesta por la crudeza y la inmediatez, junto con la elección de un ritmo constante, convierte a este trabajo en un reflejo fiel de su creador en un momento concreto, y su ambición se limita a ser lo que es. Quien se acerque a estas canciones encontrará un retrato sincero de la juventud actual, con sus contradicciones y sus pequeños hallazgos, todo ello envuelto en un sonido que bebe de la tradición del rock de los noventa y que evita cualquier moda pasajera.
Conclusión
Dari Bay explora la dificultad de mantener la identidad propia cuando las circunstancias cambian, evidenciando la tentación de aferrarse a lo conocido frente a lo nuevo.

