La formación australiana King Gizzard & The Lizard Wizard acumula veintiocho entregas de estudio en catorce años, una cifra que por sí sola delata una obsesión creativa difícil de equiparar en el panorama actual. Su último lanzamiento, 'Alien Metal', surge de una fascinación reciente por los sintetizadores modulares, concretamente por un sistema bautizado como Nathan que la banda ha incorporado a sus directos desde 2024. Este aparato, que comenzó como un experimento circunstancial dentro de sus conciertos, terminó por devorar por completo el proceso compositivo del grupo, llevándoles a desechar múltiples versiones del proyecto hasta dar con una sesión improvisada que se alargó más de sesenta minutos. Esa grabación, realizada por Stu Mackenzie y Joey Walker en la tonalidad de Fa sostenido y a 143 pulsaciones por minuto, se convirtió en la base de un trabajo que pretende trasladar al estudio la energía de sus denominados "rave shows", aunque el resultado final dista mucho de capturar esa supuesta efervescencia.
La apertura con 'Sapience' plantea un inicio prometedor gracias a una percusión electrónica saltarina y una línea de sintetizador menor que insinúa cierta oscuridad ambiental, pero pronto se diluye en una sucesión de estallidos rítmicos que remiten a la estética de las pistas de baile de los años noventa sin aportar ningún elemento distintivo. La pieza que da título al álbum, 'Alien Metal', incorpora letras procesadas mediante vocoder que declaran frases como "Fall asleep, under the stars / summer breeze laced with PCP", una combinación de imágenes oníricas y alusiones químicas que pretende construir una atmósfera extraterrestre pero que resulta más bien torpe. El momento en que la canción intenta elevar su intensidad, alrededor del minuto dos cuarenta, recurre a un segmento de sintetizadores que evoca ciertas bandas sonoras de cine fantástico de los ochenta, aunque la ejecución carece de la fuerza necesaria para sostener el supuesto clímax. La inclusión de escalas frigias dominantes en los pasajes instrumentales podría haber aportado un matiz interesante, pero el tratamiento de los sintetizadores resulta plano y predecible, como si los músicos estuvieran manejando un manual de instrucciones en lugar de explorar las posibilidades expresivas del equipo.
El problema fundamental de 'Alien Metal' reside en su incapacidad para encontrar una identidad propia dentro del amplio espectro de la música electrónica. 'Super Heavy, Super Critical' recurre a un sampleo vocal cortado que pretende imitar la euforia de ciertos cortes de música house, pero el resultado suena a ejercicio de estilo más que a propuesta genuina. La segunda mitad del tema introduce una progresión armónica inquietante que promete una evolución hacia terrenos más interesantes, aunque ese desarrollo se trunca abruptamente para regresar a fórmulas ya transitadas. 'Kill For The Steel' destaca por un estribillo vocoderizado que advierte "We don't wish death, but we will kill for the steel", una declaración que combina la temática robótica con una violencia metafórica que podría haber dado pie a una reflexión sobre la deshumanización tecnológica, pero que queda reducida a un mero adorno superficial. Los segmentos de percusión caótica que jalonan el tema pretenden generar tensión, pero su ejecución mecánica y repetitiva consigue exactamente lo contrario: una sensación de hastío que se extiende a lo largo de los cinco minutos de duración.
El single 'Level 5' se presenta como el momento más enérgico del conjunto, con sus patrones de batería acelerados que buscan la contundencia del breakbeat noventero, aunque la comparación con los grupos pioneros del género resulta inevitablemente desfavorable. La letra, que aborda temas de autonomía y revolución mecánica a través de versos procesados, podría haber ofrecido una crítica interesante a la dependencia tecnológica contemporánea, pero el enfoque tan superficial que se le da convierte cualquier posibilidad de profundidad en mera anécdota. Los sintetizadores distorsionados que acompañan la pieza generan una textura áspera que en teoría debería transmitir agresividad, pero que en la práctica suena a ruido mal controlado, como si los músicos hubieran confundido volumen con intensidad expresiva. 'Rapid Alpha Decay' intenta un cambio de registro con sus texturas más etéreas y sus arreglos de cuerdas sintetizadas, creando un momento de aparente calma que pronto se ve interrumpido por una irrupción de bajos que vuelve a sumergir la composición en la misma dinámica repetitiva que domina el resto del disco. La frase "Pump my body full with lead / Feel it run through metallic" insinúa una fusión entre lo orgánico y lo mecánico que podría haber dado lugar a una exploración sonora más matizada, pero la pieza se conforma con transitar por caminos ya conocidos sin aportar ninguna variación sustancial.
'Uqt' incluye un estribillo en falsete que rompe ligeramente con la monotonía vocal del conjunto, aunque ese respiro resulta efímero cuando la canción deriva hacia los mismos patrones sintéticos que caracterizan el resto de las composiciones. La letra, que menciona procedimientos médicos y experimentación con versos como "Electroshock therapy / They wanna cut me open and take a peak", alude a una narrativa de control y vigilancia que encajaría en una distopía tecnológica, pero el tratamiento tan superficial y casi paródico que se le da despoja al tema de cualquier potencial crítico. La sección central del corte incorpora un motivo que recuerda a ciertos pasajes del metal más pesado, aunque reinterpretado mediante sintetizadores, una elección que podría haber resultado sorprendente si no fuera porque la ejecución suena a imitación barata de un estilo que la banda ya ha explorado con mejores resultados en trabajos anteriores. 'Atomic Collapse', con sus seis minutos y medio de duración, se convierte en el momento más extenso y supuestamente experimental del álbum, aunque su estructura se limita a un crescendo de texturas sintéticas que culmina en una sucesión de destellos sónicos que pretenden simular una explosión cósmica para luego desvanecerse en un manto de sonidos almibarados. El cierre, que imita el apagado de un robot y enlaza con el inicio del disco, sugiere una intención de crear un bucle infinito, una metáfora de la repetición cíclica que podría haber resultado ingeniosa si el material que se repite mereciera realmente una segunda escucha.
La temática científica y especulativa que atraviesa las letras del álbum, con sus referencias a la descomposición atómica, la ingeniería genética y la fusión entre lo biológico y lo artificial, plantea interrogantes sobre el futuro de la humanidad en un contexto de avance tecnológico imparable. Sin embargo, este enfoque, que en manos de otros creadores podría haber dado lugar a una obra de ciencia ficción sonora coherente y sugerente, aquí se queda en una acumulación de tópicos del género sin desarrollar, como si los autores hubieran consultado un diccionario de términos científicos para luego introducirlos al azar en las letras sin preocuparse por su significado o su coherencia interna. La decisión de procesar las voces hasta volverlas irreconocibles podría haber servido para reforzar esa temática de deshumanización y pérdida de identidad, pero el resultado final es más bien una colección de efectos vocales que resultan molestos por su repetición constante y por la incapacidad de transmitir emoción alguna a través de ellos. La banda ha construido su reputación sobre una capacidad camaleónica para moverse entre géneros aparentemente incompatibles, desde el rock psicodélico hasta el metal pasando por el jazz, pero en esta ocasión el salto a la electrónica de pista de baile revela las limitaciones de un enfoque que prioriza la cantidad de estímulos sobre la calidad de los mismos. Los sintetizadores, que podrían haber abierto un abanico de posibilidades tímbricas y texturales, se utilizan de manera monótona y previsible, como si los músicos hubieran aprendido solo las funciones básicas del equipo sin atreverse a explorar sus capacidades más complejas.
El resultado es un disco que suena a ejercicio de principiante, a alguien que ha descubierto un juguete nuevo y se entretiene en probar todas sus funciones sin preocuparse por construir algo coherente con ellas. La estructura del álbum, concebida como una experiencia continua que transita sin pausas entre sus nueve cortes, pretende emular la inmersión de un DJ set, pero la falta de variedad y de dinámicas internas convierte esa pretendida continuidad en un ejercicio de monotonía que resulta agotador incluso para el oyente más paciente. Las transiciones entre piezas, aunque técnicamente fluidas, logran generar la sensación de un disco rayado que repite una y otra vez el mismo patrón rítmico con ligeras variaciones. Los productores, Mackenzie y Walker, han optado por un sonido seco y directo que pretende capturar la inmediatez de las actuaciones en vivo, pero esa elección estilística acentúa aún más la sensación de que estamos ante un trabajo de estudio que carece del pulso y la energía de los directos que supuestamente lo inspiraron. 'Kill For The Steel' representa quizás el momento más logrado del conjunto, no porque ofrezca una propuesta especialmente novedosa, sino porque en sus cinco minutos de duración consigue mantener un nivel de intensidad que el resto del álbum solo alcanza de manera intermitente, y aunque esa referencia cinematográfica pueda sonar a cumplido, en el contexto de un trabajo que pretende construir un universo propio resulta paradójicamente sugestiva. Sin embargo, ni siquiera este momento de relativo acierto logra disipar la sensación general de que 'Alien Metal' es un proyecto fallido, un experimento que demuestra que la versatilidad de King Gizzard & The Lizard Wizard tiene límites y que la electrónica, al menos en la forma en que la han abordado aquí, no se encuentra entre sus puntos fuertes.
Conclusión
La obsesión de King Gizzard & The Lizard Wizard por la experimentación tecnológica revela sus límites en este trabajo, donde la acumulación de efectos y patrones rítmicos no logra ocultar la ausencia de ideas realmente transformadoras.

