La cantautora australiana Julia Jacklin publica su cuarta obra de estudio, 'The Gem', un trabajo que llega después de años de intensa actividad concertística y de una reestructuración completa de su equipo profesional, circunstancia que le permitió grabar por primera vez en su ciudad de residencia y en un estudio ubicado encima de un bar que da nombre al álbum. Ese local, frecuentado por Jacklin al poco de mudarse desde Sídney, se convierte en símbolo de un proceso creativo que se alargó durante meses y que ella misma describe como una excavación en la que fue necesario confiar en hallar algo valioso bajo la superficie. La artista firma aquí su primer lanzamiento con el sello 4AD, sello que acoge a figuras como Aldous Harding o Dry Cleaning, y lo hace rodeada de amistades y colaboradores habituales como Jacob Diamond, Mimi Gilbert y Jess Elwood, además del productor Robert Muinos. El resultado es un conjunto de diez piezas que giran en torno a la tensión entre querer amar y ser amada y, al mismo tiempo, conservar la libertad personal, asunto que Jacklin ha señalado como el eje central de su vida.
El arranque con 'Brand New' plantea un deseo de reinvención que exige borrar el recuerdo de quien se fue, con una batería comprimida y una guitarra de aire country quebrada que sostienen una letra donde la protagonista renuncia a su vida interior para poder avanzar. Esa amnesia voluntaria se revela pronto como frágil, porque en 'God Sometimes' Jacklin reclama la necesidad de intervenir en el propio destino, de girar la mesa y recolocar lo que la marea de los días deja desordenado, y lo hace con un riff circular que insiste sin tregua. La contradicción se agudiza en 'If I Had the Hand of God', donde la artista se pregunta si el poder divino serviría para atender a quien sufre o para llamar a un padre ausente, y si la vida de gira convierte a quien la ejerce en un contorno para los suyos. Esa imagen del músico que se desvanece ante los ojos de sus allegados conecta con una preocupación moral que recorre el álbum: la dificultad de estar presente cuando el trabajo exige ausentarse con regularidad.
El eje amoroso se despliega con matices diversos. 'The Hardest Thing' retrata la incredulidad ante una declaración de amor y el esfuerzo de sostener una relación que se apaga, con un estribillo que se graba por repetición y una estructura de banda completa que subraya la rendición. En 'Get Away from Me (I Think I'll Love You Soon)' Jacklin juega con la distancia afectiva y admite que se prepara para lo que pueda llegar, aunque pida a la otra persona que se aleje, todo ello envuelto en un tono luminoso y despreocupado que contradice la letra. 'Walk On Me' lleva esa tensión a un terreno más áspero durante seis minutos en los que la protagonista permite que su pareja la trate con dureza y pide que apaguen la luz para que nadie vea lo que consiente, mientras la música crece hasta convertirse en el pasaje más ruidoso del conjunto. 'You Turned on the Tap' emplea imágenes de flores marchitas y aspersores que no alcanzan a regar la tierra seca para hablar de la imposibilidad de cuidar a tiempo y de la culpa por dejar marchitar lo que se tenía cerca.
La faceta más serena aparece en 'Angel Vision', una balada de guitarra y contrabajo donde la artista se pregunta cómo sentirse libre con alguien vigilando, y en 'Real Life', que introduce sintetizadores y un ritmo más vivo para contar un sueño en el que riega las plantas de otra persona, aunque en la realidad nunca lo hizo y ahora están muertas, lo que sirve para distinguir entre imaginarse cariñosa y actuar con cuidado. El cierre, 'I Wish', con la colaboración del dúo The Maes, funciona como nana dirigida a su yo más joven: reconoce que salió adelante y que creció adoptando una forma nueva, aunque desea que alguien hubiera estado a su lado entonces. Ese reconocimiento de la propia resistencia, sin idealizarla, resume la postura de Jacklin: una artista que ha aprendido a confiar en su criterio, a rodearse de personas que la respetan y a dejar de perseguir una grandeza impuesta para encontrar valor en lo cotidiano y compartido.
Conclusión
Julia Jacklin aborda en su cuarta obra la pugna entre abrirse al afecto y preservar la autonomía, asunto que recorre cada pieza y que ella misma identifica como el centro de su vida.

