El conjunto liderado por Jonah Paz y Yaelle Avtan han cogido carrerilla y en menos de dos años nos han entregado dos trabajos que esquivan etiquetas fáciles, moviéndose entre la electrónica minimalista y el susurro pop. Su debut de 2025, 'The Most Dear And The Future', ya apuntaba maneras en apenas dieciséis minutos de duración, pero ahora con 'Rumspringa' expanden su territorio sonoro hasta media hora. El título toma prestada una práctica amish que permite a los jóvenes salir de su comunidad cerrada para conocer el mundo exterior, una metáfora que los compositores aplican a la búsqueda de independencia personal, esa línea difusa donde la libertad puede resultar tanto edificante como destructiva. La firma con A24 Music, el sello de la productora cinematográfica, ha dado mayor visibilidad a esta pareja que se reparte entre Londres y el norte del estado de Nueva York, aunque mantienen cierto secretismo sobre su proceso creativo.
El funcionamiento interno de la banda revela una dinámica poco habitual: se ocultan mutuamente las fuentes de los sonidos que emplean, construyendo un vocabulario compartido a base de elementos cuyo origen prefieren mantener en secreto. Esta reserva metodológica impregna 'Rumspringa' de una atmósfera enrarecida, como si el oyente escuchara una conversación privada sin haber sido invitado. 'Coil' abre el trabajo con susurros que parecen brotar de un sueño ajeno, mientras 'Ne Plus Ultra' acumula melodías sintéticas agudas sobre un murmullo rítmico que recuerda a los primeros trabajos de Four Tet. Por su parte, la pieza 'Threads' destaca por esa caja de música que se superpone a diálogos sampleados y oscilaciones electrónicas, creando una sensación de fragilidad contenida que nunca estalla del todo.
Las letras del grupo en todo momento operan más por sugerencia que por declaración explícita de algo que se atisbe como narrativa, frases breves que los intérpretes pronuncian con una parsimonia somnolienta. Su modos operandi, siempre resulta de lo más desconcertante y ahí es donde está la gracia. Por ejemplo, ‘Nothing’s Open’ comienza con rasgueos de guitarra de baja fidelidad antes de derivar hacia ‘F’, donde aparece una pulsión nocturna que evoca los recorridos urbanos de los primeros discos de Burial. La dupla trabaja con capas de información auditiva que compiten por la atención: ruidos domésticos, conversaciones de fondo, sintetizadores que irrumpen como tormentas inesperadas. De este modo, en todo momento se percibe ese diálogo constante entre capturar lo primero que pille la grabadora y filtrarlo hasta hacerlo irreconocible, con las voces de Paz y Avtan superponiéndose sin llegar a fundirse del todo, como dos personas que se miran de reojo mientras caminan en la misma dirección.
La elección de llamar al trabajo ‘Rumspringa’ resulta significativa porque el dúo se encuentra precisamente en ese momento de expansión, dejando atrás las limitaciones de su primer álbum sin abandonar del todo su refugio creativo. La mayoría del disco mantiene esa dicotomía entre la cercanía del dormitorio y la amplitud de una pista de baile que no encaja muy bien en los estándares de la electrónica masiva. El propio dúo se ha definido como introvertidos y entusiastas de reservarse las cosas para sí mismos, algo que se refleja en cómo dosifican la información: sabes que hay algo importante debajo, pero te conformas con intuirlo. Esa opacidad calculada funciona como un imán, porque lo que retienes no son frases concretas sino momentos sugestivos capturados entre la nostalgia por los años dos mil y la urgencia de un presente totalmente caótico que aún no termina de definirse.
El álbum concluye rehuyendo cualquier atisbo de grandilocuencia, manteniendo esa temperatura tibia que lo caracteriza de principio a fin mientras unos graves empujan hacia terreno pantanoso, y esa amalgama sensorial termina por generar la paradoja de sentirse como si uno regresara a casa de madrugada sin poder reconstruir el camino andado, una forma precisa de describir la escucha continuada. Esa desorientación familiar impregna también el resto del repertorio, donde se percibe a dos personas observándose mutuamente mientras moldean sus sonidos secretos, priorizando la expresión facial y el azar sobre cualquier plan preconcebido. Por eso el acto de ‘Rumspringa’ de ear va más bien somo un desplazamiento de coordenadas en el que no hay un destino al que llegar. Ese espacio donde lo relevante no consiste en llegar sino en mantener la mirada fija en las múltiples posibilidades que se abren ante tus ojos.
Conclusión
En su nuevo disco, ear transmiten la sensación de estar asomándose a una ventana ajena, capturando fragmentos de vidas que nunca terminan de revelarse del todo pero que resultan magnéticos por su opacidad.

