TOPS publican ‘Bury the Key’ tras un período de silencio discográfico que había dejado en suspenso su trayectoria. El grupo canadiense, asentado en Montreal y activo desde comienzos de la pasada década, se acerca aquí a un sonido en el que los contornos suaves de su estilo previo se tensan y afilan, como si la necesidad de observar el presente con otros ojos hubiese calado en cada arreglo y cada línea de voz. No se trata únicamente de un cambio estético: el álbum dialoga con una época de incertidumbre y desgaste colectivo, trasladando esa percepción a un conjunto de canciones que no buscan consuelo, sino exponer la fricción entre el placer inmediato y las consecuencias que deja a su paso.
La elección del título ‘Bury the Key’ condensa parte del trasfondo que atraviesa todo el disco. La imagen de enterrar una llave sugiere clausura, dificultad para acceder a algo que antes parecía abierto, y esa sensación permea tanto la escritura como la interpretación. Jane Penny, al frente de las voces, ofrece una dicción contenida que se desplaza entre susurros y frases alargadas, siempre al borde de un desgarro que no llega a desatarse. En paralelo, las guitarras de David Carriere y los teclados de Marta Cikojevic construyen paisajes con brillo calculado, mientras Riley Fleck imprime un pulso que alterna entre la cadencia del baile y la presión marcial de los bombos más duros.
Desde el inicio con ‘Wheels At Night’, el disco se ubica en territorios de desolación cotidiana. La letra plantea un vacío íntimo a través de una estampa de pertenencias compartidas que ahora solo son restos: “nothing left in here but your clothes next to mine”. El tema combina un riff de guitarra con teclados cristalinos, generando un contraste entre la evocación melódica y el trasfondo de pérdida que se enuncia.
‘ICU2’ abre un respiro en apariencia lúdico. La interacción vocal entre Penny y Cikojevic remite a un juego ligero, casi un coqueteo narrado entre espejos de club y ambientes de fiesta. Sin embargo, bajo ese tono juguetón se filtra una visión enrevesada, un desplazamiento hacia el terreno de la confusión y la búsqueda en medio de la oscuridad.
El bloque central introduce un cambio marcado. ‘Annihilation’ surge con baterías más agresivas, resultado de un proceso compositivo nacido desde la percusión. El tema rinde tributo a figuras culturales desaparecidas, con un verso que lo sintetiza: “all the greatest men and women die my friend”. A nivel sonoro, la canción acelera el ritmo, conecta con sintetizadores que apuntan a una estética futurista y tensiona la escucha.
A continuación, ‘Falling On My Sword’ despliega una energía casi punk en su estructura rítmica. La letra cuestiona convenciones sociales y expectativas ligadas a la madurez, señalando la frustración que surge de perseguir patrones que no garantizan plenitud. En este corte, la guitarra de Carriere aparece más cruda, reforzando la intención de ampliar el rango expresivo del grupo.
En la segunda mitad del álbum, ‘Chlorine’ se erige como pieza central. La canción entrelaza imágenes de parques acuáticos, toxicidad y desamor, estableciendo un paralelismo entre lo lúdico de la infancia y las sustancias dañinas que, en la adultez, se convierten en refugio. La melodía avanza con una calma engañosa, mientras la voz resalta la fragilidad que implica buscar alivio en lo que puede destruirnos.
Otros pasajes como ‘Stars Come After You’ y ‘Outstanding In The Rain’ consolidan la tensión entre brillo instrumental y un trasfondo melancólico. La primera mantiene un aire luminoso en su base armónica, pero al mismo tiempo proyecta la idea de estar perseguido por recuerdos persistentes. La segunda, más sombría, juega con la repetición en su estribillo y una producción que recalca la sensación de encierro.
El cierre con ‘Paper House’ devuelve al oyente a una imagen quebradiza: un hogar construido con materiales frágiles, destinado a derrumbarse ante cualquier viento. Esa metáfora visual encapsula la temática del álbum, donde los escenarios emocionales y narrativos nunca se sostienen en firmeza, sino en estructuras que se tambalean.
‘Bury the Key’ funciona como una reformulación de la trayectoria de TOPS. Tras una década en la que se habían consolidado dentro de una línea más luminosa, ahora adoptan un tono cargado de sombras, sin perder la claridad melódica que siempre los ha caracterizado. El grupo incorpora tensiones rítmicas, guitarras con mayor densidad y un repertorio de letras que oscila entre personajes ficticios y confesiones en primera persona.
El resultado es un disco que refleja tanto la madurez colectiva de la banda como el pulso de una época marcada por la contradicción: hedonismo y decadencia, deseo y toxicidad, placer inmediato y vacío posterior. TOPS no clausuran su pasado, pero entierran una llave para dejar en claro que la puerta abierta en sus inicios conduce ahora a un territorio diferente, donde cada canción es un testimonio de la dificultad de habitar el presente sin dejarse arrastrar por sus sombras.
Conclusión
En ‘Bury the Key’, TOPS exponen escenas de pérdida, toxicidad y deseo con un sonido más incisivo que en discos previos, construyendo un paisaje donde lo íntimo se confunde con lo ficticio.

