Review

Cola - Cost of Living Adjustment

Cola

2026

8.5


Por -

Cola siempre se han movido en esa fina línea donde la urgencia rítmica y el desencanto existencial se retroalimentan sin tregua. Una trayectoria que arrancó con la precisión austera de 'Deep in View', se ensanchó ligeramente en 'The Gloss' y desemboca ahora en este tercer larga duración, donde los encuentra atravesados por una sacudida biográfica inevitable. La composición de 'Cost of Living Adjustment' quedó marcada por un suceso devastador: los incendios que carbonizaron el sur de California a principios de 2025 arrasaron la vivienda de Tim Darcy junto con miles de hogares más. Una pérdida material y simbólica que se filtra en los pliegues del álbum como una presencia tan difusa como persistente. Ese desarraigo forzoso impregna las letras sin convertirse en un diario de duelo explícito; se manifiesta como una corriente subterránea de amenaza constante que tiñe incluso los pasajes más enérgicos. El trío canadiense articula aquí un trabajo que suena a reacción inmediata frente a la parálisis, a sacudida deliberada contra el cinismo que anestesia cualquier impulso de resistencia colectiva.

La construcción rítmica sobre la que Evan Cartwright sostiene 'Hedgesitting' merece un examen pausado, porque condensa buena parte de las tensiones que recorren el álbum entero. Una percusión sampleada se acopla a otra registrada en directo, duplicándose en un pulso que genera cierta desorientación mecanizada: el tiempo mismo parece desdoblarse y obliga a quien escucha a decidir sobre qué capa posarse. Ese armazón polirrítmico permite que Ben Stidworthy dibuje líneas de bajo que oscilan entre la musculatura bailable de New Order y una rugosidad más afilada, mientras Darcy lanza estribillos que se expanden entre una niebla de guitarras distorsionadas hasta alcanzar un punto cercano a la saturación. La letra describe el vértigo de hacer planes mientras el horizonte arde: una colisión entre la ambición juvenil y la certeza de que el suelo bajo los pies desaparece. La voz se retuerce alargando vocales hasta dotarlas de una extrañeza casi litúrgica. El resultado despliega un movimiento centrífugo que arrastra cualquier tentación de quietud, instalando la idea de que en determinadas coyunturas bailar constituye el primer acto de desobediencia frente al desastre.

Los punteos iniciales de la guitarra acústica, ese rasgueo seco y repetitivo que recuerda al de un folk minimalista, inauguran 'Fainting Spells' instalando un frágil espejismo de calma. Ese espejismo se desintegra conforme el desarrollo instrumental va acumulando capas de electricidad saturada, un procedimiento de erosión progresiva que el álbum repite en otros cortes con distintas materias primas. Darcy masculla en ese contexto frases como "The last place you'd find me is at the gate / The one where no starting gun sounded": una negativa a ocupar la posición de salida en una carrera que ni siquiera ha sido convocada, un rechazo a la competición impuesta desde fuera. La madera del bajo de Stidworthy dialoga con un redoble de inspiración marcial que emerge y se retira, aportando una cualidad casi ritual a la progresión. El estribillo irrumpe con una contundencia tan catártica como efímera, porque pronto se diluye en las mismas guitarras fantasmales que habitan las estrofas. Ese vaivén entre la explosión y la retirada describe con precisión el estado de alerta que domina el cancionero: una permanente oscilación entre encarar el conflicto y guarecerse en un refugio ilusorio que los propios arreglos se encargan de demoler.

La dimensión política del proyecto se condensa de manera particularmente corrosiva en 'Satre-torial', donde la referencia al filósofo francés se enreda con un juego de palabras que apunta hacia la vestimenta como disfraz ideológico. Darcy verbaliza con sequedad "And when you get it, it's never enough / That said, I will take it": un reconocimiento descarnado de que cualquier conquista material resulta insuficiente, aunque se acepta porque la alternativa consiste en quedarse sin nada. Una lógica que describe el funcionamiento cotidiano del capitalismo con más eficacia que muchos ensayos. El término que da título al conjunto, la subida salarial destinada a compensar la inflación, opera aquí como metáfora ampliada de todas esas componendas que los individuos asumen para mantenerse a flote en una estructura diseñada para exprimirlos. La instrumentación mantiene un pulso tenso, con una guitarra que emite descargas cortantes, y la melodía vocal se desenvuelve en un registro contenido que contrasta con la acidez de las imágenes hasta generar una incomodidad deliberada: la misma que produce advertir que el sarcasmo se ha convertido en el único idioma disponible para describir la precariedad.

El tratamiento sonoro de 'Third Double' representa el punto donde las guitarras se descontrolan de forma más evidente, apilándose en capas sucesivas de distorsión que amenazan con sepultar la composición bajo su propio peso, mientras la base rítmica insiste en su avance sin modificar el paso. La voz de Darcy pronuncia "Bartok, don't call me back" con una cadencia que roza lo onomatopéyico, y entonces el corte se precipita en un remolino de frecuencias saturadas que remite a los momentos más tormentosos del shoegaze de bandas como Swervedriver. El bajo adquiere en este entorno una presencia más incisiva, recortando su perfil sobre la masa guitarrera, y Cartwright mantiene una pulsación constante que impide que el caos se disgregue por completo. Esa capacidad para sostener una tensión creciente sin liberarla del todo define uno de los recursos compositivos más característicos del trío: una manera de construir canciones que ascienden peldaños de intensidad mientras las palabras van desvelando capas sucesivas de agotamiento anímico. Un procedimiento que emparenta este tramo del álbum con la tradición del noise-rock más contenido de bandas como Unwound cuando transitaban sus pasajes más hipnóticos.

La devastación que provocaron las llamas en California encuentra su reflejo más nítido en 'Conflagration Mindset', cuyo título ya anuncia la disposición mental hacia el incendio, no solo el físico, también el metafórico que consume certezas y pertenencias. Darcy enumera imágenes de una intimidad desgarradora: detalles como beber cerveza en un vaso de plástico mientras se habita un alojamiento provisional y se cavila si existe "some way to save the records". Una preocupación que puede sonar trivial fuera de contexto, pero que en boca de alguien que ha perdido su casa adquiere la densidad de quien intenta aferrarse a cualquier vestigio de identidad. Las texturas electrónicas que abren el tema establecen un colchón espectral sobre el que se recorta una interpretación vocal despojada de afectación, casi hablada en algunos tramos: la urgencia por comunicar la experiencia vuelve superflua cualquier ornamentación. El tratamiento instrumental renuncia aquí a los estallidos que caracterizan otras secciones del trabajo y opta por una atmósfera suspendida que envuelve las palabras sin competir con ellas. Una decisión que permite que la narración ocupe el centro sin distracciones, y que el oyente se asome a las consecuencias emocionales de la catástrofe sin el filtro de una instrumentación que reclame atención para sí misma.

La recta final del álbum alberga en 'Favoured Over The Ride' un cruce de caminos entre la resignación y la decisión de no entregarse a ella. Un equilibrio inestable que el trío resuelve mediante uno de los engranajes colectivos más precisos de toda su discografía. Unas notas de guitarra que evocan lejanamente el jangle de ciertas bandas británicas de los sesenta, como los Kinks de la etapa más mordaz, se repiten en bucle sobre una línea de bajo que da vueltas sobre sí misma, mientras Darcy medita si merece la pena detenerse en un "decent nowhere, some reprieve". Una aspiración modesta que encierra el reconocimiento de que cualquier parada es provisional. La melodía vocal se enrosca alrededor de ese interrogante con una cadencia cansina, y la base instrumental mantiene un movimiento circular que refuerza esa idea de camino que regresa siempre al mismo punto de partida. Lo que emerge de esta construcción es la constatación de que tanto el optimismo como el pesimismo exigen una elección repetida, un acto de voluntad que hay que renovar constantemente sin garantías de resultado. Una premisa que se alinea con la llamada a la acción que recorre el conjunto, aunque desde una perspectiva más introspectiva y menos explosiva.

La despedida que propone 'Skywriter's Sigh' encierra algunas de las imágenes más afiladas del cancionero, con Darcy confesando "I took out a loan to watch the night sky / I needed inspiration from the inverse of what I knew": un endeudamiento para costear un instante de belleza celeste que suponga un contrapunto a la realidad cotidiana. El precio de ese paréntesis equivale a "a season of rent", un dato que devuelve la contemplación al terreno prosaico de la economía doméstica y que señala la contradicción de buscar trascendencia en un sistema donde hasta mirar las estrellas tiene factura. Las líneas de bajo de Stidworthy dibujan melodías cercanas a los patrones melódicos de New Order, aunque filtradas por una sequedad espartana, mientras Cartwright mantiene una cadencia maquinal que recuerda al motorik de bandas germanas de los setenta como Neu!, un pulso hipnótico que envuelve la canción en una urgencia constante. La superposición entre esa base rítmica incesante y la mordacidad de las letras genera una fricción productiva, un cortocircuito entre lo físico y lo conceptual que resume la estrategia central del disco: disparar una descarga de cafeína directamente al sistema nervioso para sacudir la modorra que provoca la avalancha de malas noticias diarias, proponiendo que el mero hecho de mantenerse alerta constituye ya una forma de réplica frente a la inercia.

Conclusión

Cola capturan esa sensación de tener que seguir funcionando a pleno ritmo mientras el entorno se desmorona pieza a pieza sin pausa alguna.

8.5

Álbum

Cola - Cost of Living Adjustment

Artista

Cola

Año

2026

Discográfica

Fire Talk

Tratando de escribir casi siempre sobre las cosas que me gustan.