Sabrina Teitelbaum lleva tres discos retratando relaciones que hacen daño, y en su tercer trabajo como Blondshell, 'Violins', no abandona del todo ese terreno, pero sí lo amplía. Esta vez la mirada se reparte entre la amistad entre mujeres, la sobriedad, la fe y una violencia física y simbólica que atraviesa buena parte del disco. También aparece, una vez más, esa forma particular de misoginia que se disfraza de corrección política. El propio título combina, casi como un juego fonético, las palabras violines y violencia, una ambigüedad que la artista sostiene a lo largo de todo el repertorio, alternando pasajes de una belleza casi frágil con otros de una dureza que no pide perdón. El tema que da nombre al álbum, 'Violins', abre precisamente en ese registro, mezclando pasajes acústicos con arranques más distorsionados.
En la producción vuelve a acompañarla Yves Rothman, colaborador habitual en su carrera, lo que se nota en un sonido más pulido que en sus comienzos, sin perder del todo esa tensión eléctrica que definió sus primeras canciones. Lo que sí cambia es el lenguaje: Teitelbaum ha reconocido en varias entrevistas que esta vez optó por una escritura más sugerente, dejando huecos para que sea quien escucha el que termine de darle sentido a cada canción, en lugar de contarlo todo de forma literal.
Ese giro hacia lo indirecto no le resta intensidad al disco. 'Heart Has To Work So Hard' gira en torno a una amistad desgastada por el tiempo y los reproches no dichos, con un arreglo insistente y algo áspero que acompaña una voz que se mueve entre el sarcasmo y una ternura que nunca cae en el golpe bajo. 'Lucky' arranca desde un recuerdo cálido y cotidiano para desembocar, casi sin aviso, en una imagen mucho más oscura ligada a la enfermedad y a la dificultad de procesarla desde la mirada de una niña. Ese tipo de giro, de lo liviano a lo incómodo, es uno de los recursos que mejor le funcionan a Teitelbaum en este álbum.
No todo es tensión contenida. a lo largo del disco. Hay también espacio para el humor: 'Two Fried' se ríe de sí misma con soltura, celebrando el propio cuerpo sin caer en la autocompasión ni en la solemnidad. En contraste, 'New Age Trojan Horse' señala, sin medias tintas, a esos hombres que dominan el vocabulario progresista de cara a la galería pero se incomodan en cuanto la conversación toca algo tan cotidiano como un período menstrual, todo sobre un bajo grave que suma tensión a la letra. 'Stone Fruit', por su parte, es de los cortes más directamente rockeros del disco. En esa misma línea temática, el álbum no deja pasar la contradicción de quienes idealizan la guerra desde la distancia mientras evitan cualquier contacto con el sufrimiento real que esta produce.
Frente a esos momentos de mayor filo aparece 'Sea Legs', un pasaje más etéreo, con sintetizadores suaves y un guiño a Leonard Cohen, como si la artista necesitara un respiro después de tanta crudeza. Ese vaivén entre ataque y calma sostiene el pulso general del álbum, aunque hay un tramo central donde el impulso baja de intensidad y 'Knotted' y 'New Shape' quedan algo diluidas frente a los momentos más contundentes del resto del tracklist. 'Reinstall', en cambio, recupera esa energía justo antes del cierre.
El cierre corre a cargo de 'Fur Elise', que recupera, de forma inesperada, una pieza clásica de piano asociada a la infancia, usándola como telón de fondo para imaginar una escena de compromiso que en realidad nadie elegiría musicalizar así. Es una forma elegante de resumir la idea que atraviesa todo el disco: que la vida adulta se construye sin instrucciones, a fuerza de decisiones torpes que después hay que aprender a sostener. Teitelbaum ha dicho en distintas entrevistas que componer le sirve para soltar lo que le pesa, y en 'Violins' esa necesidad personal se convierte en algo compartido, porque las canciones hablan de amistades que se enfrían, de cuerpos que cambian y de una sociedad que predica igualdad sin terminar de practicarla.
'Violins' no es una ruptura radical respecto a lo anterior, pero sí un paso hacia una escritura más estratificada, sin resignar la inmediatez que caracterizó sus primeros trabajos. El resultado confirma que Teitelbaum puede ser delicada y contundente en la misma frase, y que sigue sabiendo convertir una discusión cualquiera en un estribillo que se canta a los gritos.
Conclusión
En 'Violins', Blondshell disecciona las actitudes hipócritas masculinas mediante rimas afiladas, destapando el machismo oculto bajo fachadas progresistas para construir un alegato feminista crudo basado en vivencias cotidianas llenas de ironía mordaz.

