La música de @ se apoya en una intuición difícil de formular con precisión: el cariño nunca llega intacto. Siempre hay una pelea, una ausencia o una pérdida de por medio, pero precisamente gracias a estas desviaciones del guion ideal, se está forjando una forma nueva de querer. Victoria Rose y Stone Filipczak construyen 'Autosmile' desde ese punto de partida y permiten que el amor hacia la otra persona, el compartir momentos cabizbajos y la incertidumbre diaria convivan con apariciones sobrenaturales, augurios y seres que también tienen mucho que decir. Hay una razón práctica detrás: grabaron buena parte del álbum en sus propios hogares y se enviaron pistas entre ciudades. Esa raíz casera se nota en cómo las voces se entrelazan, como quien entra y sale de una habitación. El resultado es un sonido en el que lo cercano se vuelve inquietante. Una melodía dulce puede compartir espacio con una letra que menciona la muerte sin que ninguna de las dos cosas pierda intensidad. Esa convivencia marca el tono del conjunto.
El dúo narra desde un lugar externo a la escena que describe, lo que presta a sus letras una lucidez que las aleja del simple diario íntimo. En 'Bird' abordan el suicidio y la resignación ante el destino con una melodía que amortigua el golpe. Mientras tanto, la guitarra acústica se retuerce en un riff cromático que arrastra al oyente hacia ese malestar. Rose y Filipczak recurren a un vocabulario espiritual para hablar de lazos rotos mediante imágenes que no se dejan encerrar en una sola lectura. La voz de Rose se apoya en notas largas que sostienen la tensión, mientras que la de Filipczak contesta con un fraseo más terrenal, casi coloquial. Ese ida y vuelta convierte cada canción en una escena compartida. Quien escucha asiste así a una intimidad que se le ofrece sin explicaciones.
Los arreglos funcionan como un comentario sobre lo que las palabras omiten. En 'Earthly Love', el violonchelo y la guitarra punteada trazan un refugio vegetal y apartado. La letra confiesa el anhelo de recibir amor sin asumir el trabajo interior que se supone debería sustituirlo. La tensión entre esa confesión y la delicadeza del acompañamiento produce un efecto extraño: lo crudo se vuelve hermoso. Algo parecido ocurre en 'I'm Not in Pain', donde la sección rítmica completa aparece con una batería real, un recurso poco habitual en su forma de trabajar. A su vez, la flauta desvía por un momento la penumbra antes de que el bajo recupere su protagonismo. Estos detalles confirman que el grupo piensa cada decisión sonora como una forma de subrayar el sentido, aunque el resultado final llegue a quienes escuchan como un todo orgánico y difícil de descomponer.
El final del álbum resume muy bien su apuesta: la transformación personal obliga a atravesar el juicio propio y el ajeno. Ese trayecto se narra con calma y sin aspavientos. La canción que da título al conjunto, con su duración casi ceremonial, insiste en el estribillo hasta convertirlo en un rezo profano sobre una ruptura que se confunde con el enamoramiento. 'Amity' pone punto final con una estructura desnuda y un compás de aire rural que deja flotando una sensación de calma conquistada a base de esfuerzo. Rose y Filipczak demuestran haber pulido su lenguaje hasta hacerlo inconfundible y enigmático al mismo tiempo. Su madurez artística radica en aceptar la contradicción como materia prima. 'Autosmile' es un disco que pide ser revisitado, pues cada escucha descubre una capa nueva de esa rareza compartida.
Conclusión
@ convierten diversas escenas de intimidad, desencuentro y dudas en una celebración extraña y luminosa, donde cada canción encuentra belleza en lo contradictorio y deja una sensación de asombro duradero.

