Cine y series

Resident Evil

Zach Cregger

2026



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'Resident Evil' supone una nueva adaptación cinematográfica de la célebre saga de videojuegos de Capcom, que llega de la mano del cineasta Zach Cregger, responsable de títulos previos como 'Barbarian' y 'Weapons'. La película, producida por Constantin Film, Davis Films, Subconscious, Vertigo Entertainment y PlayStation Productions, y distribuida por TriStar Pictures, supone un reinicio absoluto de la franquicia que había sido llevada a la gran pantalla en siete ocasiones anteriores, incluyendo la fallida 'Resident Evil: Welcome to Raccoon City' de 2021. Cregger, que coescribe el guion junto a Shay Hatten, abandona por completo los personajes icónicos de los videojuegos y de las entregas previas para construir una historia original ambientada en el mismo universo, una decisión que generó cierto recelo entre los seguidores más veteranos de la saga. El reparto lo encabeza Austin Abrams, acompañado por Zach Cherry, Kali Reis, Paul Walter Hauser y Will Merrick, en una producción de apenas 90 minutos de duración que apuesta por un ritmo frenético y una estructura episódica que emula la progresión de los propios videojuegos. La propuesta de Cregger se aleja de la grandilocuencia de las adaptaciones anteriores para centrarse en una experiencia inmersiva y contenida, donde el terror y el humor conviven en un equilibrio que define el tono general de la cinta.

La trama sigue a Bryan, un mensajero médico interpretado por Austin Abrams, que acepta un encargo de última hora en una noche de invierno para entregar un paquete urgente en un hospital de Raccoon City. Lo que comienza como una simple carrera contra el reloj se transforma en una pesadilla cuando su vehículo atropella a una mujer que deambula por una carretera nevada y, al intentar auxiliarla, descubre que su cuerpo responde a una infección que convierte a los afectados en criaturas monstruosas. A partir de ahí, el protagonista se ve obligado a atravesar una serie de escenarios que van desde una granja aparentemente desierta hasta un laboratorio de la corporación Umbrella, pasando por alcantarillas y un hospital de maternidad, en un recorrido que funciona como una sucesión de niveles de dificultad creciente. La película construye su tensión a partir de la vulnerabilidad de Bryan, un hombre corriente que maneja las armas con torpeza y que reacciona con incredulidad ante cada nueva amenaza, lo que permite al espectador identificarse con su desconcierto y compartir su sensación de estar atrapado en una situación que le supera por completo. La estructura fragmentaria del relato, dividida en encuentros con distintos mutantes, refleja la mecánica de exploración y supervivencia de los videojuegos, donde el avance se logra a base de ensayo y error, y donde la gestión de recursos y la resolución de obstáculos sencillos se convierten en el motor de la acción.

El papel de los personajes secundarios resulta funcional pero limitado, ya que la mayoría de ellos aparecen durante breves secuencias para aportar información sobre el origen del brote o para subrayar la maldad de la corporación Umbrella, sin que lleguen a desarrollarse como individuos con motivaciones propias. Paul Walter Hauser interpreta a Carl, un científico de Umbrella que resulta cómico por su histrionismo, mientras que Kali Reis da vida a Maxine, una escolta armada que desaparece de la narración tras un enfrentamiento con los infectados. Zach Cherry encarna a Dave, un investigador que parece tener la clave para detener la infección, aunque su presencia se diluye en un tramo final que pierde parte de la intensidad acumulada. La evolución de Bryan se articula en torno a su miedo a la paternidad y a su dificultad para comprometerse con su pareja, una subtrama que se introduce mediante conversaciones telefónicas y que sirve como contrapunto emocional a la violencia del entorno, aunque su resolución queda relegada a un segundo plano por el torrente de acción. La película plantea así una reflexión sobre la responsabilidad afectiva y la incapacidad de asumir las consecuencias de los propios actos, temas que se entrelazan con la crítica a la experimentación científica sin control y a la ambición desmedida de las corporaciones farmacéuticas.

La dirección de Cregger se caracteriza por una puesta en escena que prioriza la claridad espacial y la continuidad geográfica, de modo que el espectador siempre sabe dónde se encuentra el protagonista y qué obstáculos se interponen entre él y su objetivo. El uso de la perspectiva en primera persona en momentos concretos refuerza la sensación de estar jugando a un videojuego, mientras que la fotografía de Dariusz Wolski aprovecha las fuentes de luz disponibles, como los faros de un coche o las luces de un pasillo, para crear atmósferas opresivas sin recurrir a efectismos gratuitos. La banda sonora de Ryan y Hays Holladay acompaña la acción con un tono discordante que subraya la tensión sin sobrecargarla, y el montaje de Joe Murphy mantiene un ritmo sostenido que evita tiempos muertos. Los efectos prácticos de Legacy Effects y Wētā Workshop dotan a las criaturas de una presencia física que resulta más inquietante que cualquier recreación digital, y la película se permite licencias visuales que recuerdan a clásicos del cine de terror como 'The Thing' o 'Society', aunque siempre al servicio de una narrativa que prima la experiencia sensorial sobre la coherencia argumental. En conjunto, 'Resident Evil' se posiciona como una propuesta que busca capturar la esencia de los videojuegos mediante una estructura episódica y un protagonista vulnerable, aunque su apuesta por el humor y su renuncia a un desarrollo más profundo de los personajes secundarios limitan el alcance de una cinta que, dentro de sus coordenadas, cumple con su propósito de entretener.

Crítica elaborada por Dani Miguel Brown

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