Cine y series

Peddi

Buchi Babu Sana

2026



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'Peddi' se presenta como una propuesta ambiciosa que intenta conjugar el drama social con el espectáculo deportivo, una mezcla que en el cine indio ha dado frutos notables en el pasado. Buchi Babu Sana, el director, asume el reto de construir una epopeya contemporánea sobre la invisibilidad burocrática y la lucha por la dignidad, utilizando como vehículo las capacidades atléticas de su protagonista. La película, que se extiende más allá de las tres horas de duración, busca asentarse sobre la base de un contexto rural en Andhra Pradesh durante los años noventa, una elección temporal que le otorga un aire de fábula fundacional. La decisión de narrar la historia desde un presente ficticio, a través del relato de un desconocido a un funcionario gubernamental, introduce un filtro que distancia al espectador de la inmediatez de la acción. Este recurso, aunque efectivo para enmarcar la leyenda, a menudo redunda en una sensación de alargamiento innecesario de la narración.

La premisa central, la de una aldea que carece de nombre y de derechos, otorga a la película una potencia temática considerable. El conflicto se traslada entonces al terreno del deporte, donde Peddi, el protagonista, utiliza su talento en el críquet como una herramienta de negociación en un sistema que le niega cualquier otra. El director, junto a su equipo de guionistas, despliega un abanico de personajes secundarios que encarnan distintas facetas del poder y la resistencia. Figuras como el anciano del pueblo o el entrenador de lucha libre, aunque interpretados con solvencia, se ven limitados por unos diálogos que a menudo resultan excesivamente explicativos y carentes de la tensión necesaria para mantener el interés. El arco de estos personajes, en lugar de desarrollarse con naturalidad, parece supeditado a las necesidades del protagonista, perdiendo así la oportunidad de enriquecer el entramado social que la película pretende retratar. Esta deficiencia en la construcción de los secundarios debilita el peso de la denuncia, que queda reducida a menciones verbales en lugar de manifestarse a través de las acciones y relaciones de los habitantes del pueblo.

La incorporación de una subtrama romántica, en la que participa el personaje de Janhvi Kapoor, representa el mayor escollo de la película. La manera en que se presenta el interés amoroso, con una fijación inicial por la anatomía de la mujer y una progresión de la relación que se siente forzada, contrasta de manera abrupta con la seriedad del resto de la historia. La objetualización de la actriz en varias secuencias, lejos de aportar un comentario crítico sobre la sociedad retratada, parece un vestigio de las convenciones del cine comercial más conservador, que choca frontalmente con el discurso de empoderamiento y justicia social que la cinta busca transmitir. Este desajuste tonal convierte los pasajes del romance en un lastre considerable, y suprime la posibilidad de que la protagonista femenina pueda desarrollar una agencia propia dentro de la trama, reduciéndola a un mero catalizador de las motivaciones masculinas.

La dirección de Buchi Babu Sana muestra una clara predilección por lo grandilocuente, una característica que define tanto los momentos de acción deportiva como los de mayor carga emocional. Las secuencias de críquet, y más tarde las de lucha libre y atletismo, están filmadas con una energía visual que busca ensalzar la figura del héroe, recurriendo a planos que subrayan la destreza física de Ram Charan. El trabajo del director de fotografía es notable en la creación de una atmósfera que evoca el calor y la sequedad del paisaje, aunque a veces esa textura se ve comprometida por ciertos efectos visuales que resultan artificiales. La música de A.R. Rahman cumple una función primordial, dotando a las escenas de un impulso rítmico que intenta compensar las flaquezas del guion, especialmente en el desenlace. Sin embargo, esta orquestación de los elementos técnicos evidencia una falta de confianza en la fuerza de la historia para sostenerse por sí misma, lo que deriva en una película que se esfuerza demasiado en demostrar su importancia.

El punto fuerte de la producción reside, sin lugar a dudas, en la interpretación de su actor principal. Ram Charan se entrega a la exigencia física del papel con una convicción que trasciende la naturaleza artificiosa de algunas situaciones. Su presencia en pantalla ancla la película, dando consistencia a un personaje que oscila entre la bravuconería y la vulnerabilidad. El actor dota a Peddi de una tenacidad que se manifiesta más en el lenguaje de su cuerpo que en sus parlamentos, y es en los instantes de silencio o de fracaso donde su trabajo resulta más convincente. Esta entrega, sin embargo, pone de manifiesto la desigualdad en el reparto, ya que la mayoría de sus compañeros de reparto disponen de un material mucho menos definido, lo que convierte la película en un vehículo de lucimiento para su estrella, en lugar de un conjunto coral.

El guion, en su intento por abarcar una multitud de temas, desde la identidad hasta la protesta social, pasando por el espíritu de superación, termina por difuminar su mensaje central. La abundancia de escenas que alargan la exposición de premisas ya establecidas, así como un clímax que se prolonga sin una necesidad narrativa real, apuntan a una falta de contención en la sala de montaje. Este exceso de metraje provoca que la empatía con la causa del pueblo, que es el verdadero motor de la historia, se vea mermada por un cansancio que se acumula a lo largo de la proyección. Aun así, la película contiene fragmentos de genuino interés, especialmente en los momentos de entrenamiento y competición, donde el cineasta logra transmitir la crudeza del esfuerzo y el significado de la victoria como reivindicación política.

'Peddi' se revela como un trabajo que se debate constantemente entre sus aspiraciones de gran drama popular y las convenciones de un cine de entretenimiento que a menudo lo lastra. La coherencia se ve sacrificada en aras de un impacto emocional que, aunque ocasionalmente se logra, resulta inconsistente a lo largo de los 189 minutos. La película se sostiene gracias a la firmeza de su actor principal y a la capacidad de su música para insuflar vida a los pasajes más débiles, pero la irregularidad del conjunto impide que alcance la categoría de obra redonda. Buchi Babu Sana demuestra una clara intención de contar algo relevante, pero el camino elegido está plagado de desvíos hacia territorios más trillados que terminan por restar fuerza a su propuesta. El producto final, por tanto, se queda a medio camino entre la crítica social sincera y el espectáculo masivo, sin encontrar el equilibrio preciso que hubiera permitido a todas sus partes funcionar con la misma efectividad.

Crítica elaborada por Andrés Gómez

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