La adaptación de las novelas semiautobiográficas de Laura Ingalls Wilder llega a la plataforma de la mano de Rebecca Sonnenshine, quien asume la creación de esta serie que pretende devolver a la pequeña pantalla la historia de la familia Ingalls. Producida por Trip Friendly, hijo del productor de la versión original de los años setenta, la ficción se sitúa en el periodo posterior a la Guerra de Secesión estadounidense, cuando la nación intentaba recomponerse y definir su identidad. La producción, rodada en Canadá, apuesta por una estética cuidada que busca reflejar la inmensidad de las llanuras, aunque en ocasiones esa belleza pictórica parece anteponerse a la crudeza del relato. El reparto, encabezado por Luke Bracey y Crosby Fitzgerald, afronta el reto de interpretar a unos personajes que arrastran el peso de las interpretaciones anteriores, especialmente la de Michael Landon, cuya sombra resulta alargada. La serie se estrena con ocho episodios que cubren un año en la vida de esta familia, desde su llegada a Kansas hasta los primeros compases de su asentamiento en la localidad de Independence.
El argumento sigue a Charles Ingalls, su esposa Caroline y sus hijas Laura y Mary mientras abandonan Wisconsin para iniciar una nueva vida en el Oeste. El trayecto, plagado de peligros como el cruce de un río desbordado o el acecho de lobos, establece desde el primer momento las dificultades que acompañarán a los protagonistas. La trama, sin embargo, trasciende la mera crónica de supervivencia para adentrarse en cuestiones más complejas, como la relación de los colonos con la tribu osage, propietaria legítima de las tierras que los Ingalls pretenden ocupar. Charles descubre que el acuerdo con el ferrocarril, que le prometía propiedades gratuitas, carece de validez legal, lo que genera un conflicto moral que atraviesa toda la temporada. La serie también incorpora la figura del doctor Tann, un médico afroamericano que atiende a la familia, y de Emily Henderson, propietaria de la tienda general, ambos personajes que amplían el espectro social de la comunidad. La hermandad entre Laura y Mary constituye otro pilar narrativo, con sus diferencias de carácter: la rebeldía de la menor frente a la responsabilidad de la mayor, un contraste que alimenta tanto los momentos de tensión como los de complicidad entre las hermanas.
La serie aborda sin ambages el tema de la colonización y el desplazamiento de los pueblos originarios, un aspecto que la versión de los setenta obviaba en gran medida. La presencia de la familia Mitchell, vecinos osage de los Ingalls, permite escuchar la perspectiva de quienes ven cómo sus tierras son ocupadas por recién llegados que ignoran los tratados previamente firmados. La amistad entre Laura y Good Eagle, la hija de los Mitchell, sirve de puente para explorar estas tensiones desde la mirada infantil, menos contaminada por los prejuicios adultos. La serie también retrata las dificultades económicas de la familia, la falta de recursos y la dependencia de la generosidad ajena, como la del solitario John Edwards, un veterano de guerra atormentado por sus recuerdos. La posición de la mujer en esta sociedad patriarcal queda reflejada en la figura de Caroline, que carece de voz en las decisiones fundamentales y debe aceptar el viaje impuesto por su marido, aunque la serie le otorga una mayor profundidad que en las novelas originales. La representación de la comunidad negra, a través del doctor Tann y de Emily, añade una capa adicional al retrato de una nación que aún no ha superado las heridas de la esclavitud.
Los personajes experimentan una evolución paulatina a lo largo de los episodios, aunque algunos de sus arcos resultan más convincentes que otros. Charles, interpretado por Luke Bracey, encarna al padre protector que busca lo mejor para los suyos, pero la serie lo dota de una vulnerabilidad que lo aleja del arquetipo del héroe infalible. Caroline, por su parte, muestra una fortaleza silenciosa que la convierte en el pilar afectivo de la familia, aunque su papel sigue supeditado a las decisiones de su esposo. Laura, encarnada por Alice Halsey, constituye el alma de la serie, con su curiosidad insaciable y su rechazo a las convenciones sociales, mientras que Mary, interpretada por Skywalker Hughes, representa la contención y el deseo de agradar a los adultos. La dirección, a cargo de un equipo compuesto íntegramente por mujeres como Sarah Adina Smith, Sydney Freeland o Erica Tremblay, imprime a la serie una sensibilidad que se traduce en una atención especial a los detalles cotidianos y a las relaciones familiares. La elección de rodar en Manitoba, con sus extensos paisajes, otorga a la producción una textura visual que recuerda al cine de autor norteamericano, aunque en ocasiones la fotografía parece priorizar la postal sobre la inmersión en la dureza del entorno. La música de Dan Romer acompaña las imágenes con una partitura que subraya los momentos de mayor emoción, aunque en algunos pasajes resulta excesivamente evidente en su intención de conmover al espectador.
Las implicaciones políticas y sociales de la serie resultan ineludibles, especialmente en un momento en que Estados Unidos conmemora su 250 aniversario. La producción no rehúye el debate sobre el concepto de destino manifiesto y sus consecuencias sobre las poblaciones indígenas, aunque lo hace con una prudencia que podría interpretarse como falta de valentía. La serie muestra los acuerdos fraudulentos, las promesas incumplidas y la presión gubernamental para que los osage cedan sus tierras, pero también presenta a los colonos como víctimas de un sistema que los engaña. Esta ambigüedad, lejos de resultar confusa, enriquece el relato al evitar la demonización simplista de unos u otros. La presencia de personajes negros en posiciones de autoridad, como el doctor Tann, introduce una perspectiva poco frecuente en el género occidental, que suele reducir la presencia afroamericana a roles secundarios o estereotipados. La serie también explora las diferencias de clase dentro de la propia comunidad blanca, con la familia James encarnando la arrogancia de los recién llegados con recursos frente a la precariedad de los Ingalls. La religión y la fe, elementos centrales en las novelas, aparecen aquí de forma más sutil, integradas en las costumbres comunitarias sin que la serie se convierta en un sermón moral. La decisión de incluir episodios centrados en celebraciones como la Navidad permite a la producción conectar con la tradición familiar del material original, aunque esos momentos resultan los más cercanos al sentimentalismo.
Crítica elaborada por Mario Lozano
