La trayectoria la serie '¡Llama a mi agente!', donde se mostraba a una agencia de representación artística parisina, sirvió durante cuatro temporadas para radiografiar los entresijos de la industria audiovisual francesa desde una perspectiva que combinaba el afecto por el oficio con una ironía mordaz. Aquel edificio narrativo, construido sobre las crisis constantes de unos agentes que gestionaban egos ajenos mientras los propios se desmoronaban, encontró su punto final en 2020 con la disolución de la firma Agence Samuel Kerr y la dispersión de sus empleados. Seis años después, la escritora Fanny Herrero recupera aquel universo en '¡Llama a mi agente!: La película', una prolongación cinematográfica que dirige Émilie Noblet y que traslada el foco desde las oficinas hacia un rodaje caótico. La propuesta consiste en observar cómo aquellos personajes que dedicaron su vida profesional a resolver los problemas de otros se enfrentan ahora a la incapacidad de gestionar los propios, lo que constituye una ironía estructural que el guion explota con precisión.
El relato sitúa a Andréa Martel, antigua socia de la agencia, en la tesitura de sacar adelante su ópera prima como realizadora mientras lidia con una disputa por la custodia de su hijo frente a su expareja Colette. La premisa permite diseccionar las tensiones entre la creación artística y las exigencias mercantiles que atenazan cualquier producción europea, así como la precariedad laboral que afecta a los técnicos y actores secundarios cuando un proyecto se tambalea. La cinta incorpora además una dimensión social al retratar la homosexualidad de la protagonista dentro de un entorno familiar rural que la rechaza, lo que añade capas de conflicto a una figura cuya frialdad profesional enmascara una vulnerabilidad afectiva considerable. Las alianzas forzadas con antiguos colegas, especialmente con Noémie, revelan hasta qué punto las relaciones laborales se sostienen sobre una mezcla de admiración, resentimiento y necesidad mutua que el film explora sin condescendencia.
La construcción de los personajes constituye el eje sobre el que se articula el interés dramático de la propuesta. Andréa, interpretada por Camille Cottin, evoluciona desde una posición de control absoluto hacia una progresiva pérdida de dominio sobre su propia vida, lo que obliga a la actriz a modular un registro que transita entre la autoridad y la fragilidad. Noémie, encarnada por Laure Calamy, representa el reverso exacto, una figura expansiva y carente de filtros cuyo entusiasmo desmedido choca con la rigidez de su socia y genera una tensión cómica sostenida. La película incorpora asimismo a Mathias, otrora tiburón de la representación, ahora reducido a una versión menos agresiva de sí mismo, mientras que Gabriel intenta recomponer un vínculo roto con Andréa desde su puesto en una agencia rival. Los cameos de intérpretes como George Clooney, Laetitia Casta o Vincent Macaigne funcionan como espejos deformados de la fama y permiten satirizar la vanidad del star system sin renunciar a la verosimilitud del relato.
La puesta en escena de Noblet apuesta por un ritmo sostenido, con un montaje que privilegia el intercambio verbal rápido y una planificación que aprovecha el formato panorámico para dotar al conjunto de una textura más cinematográfica sin renunciar a la agilidad televisiva. Los diálogos, salpicados de referencias internas al sector, exigen del espectador una familiaridad con el universo previo, lo que limita el acceso de quienes se acercan por primera vez a estas coordenadas. La cinta aborda cuestiones morales como la lealtad profesional, el precio del éxito y la dificultad de mantener la integridad en un medio donde las relaciones personales se instrumentalizan constantemente. La comedia sirve aquí como vehículo para examinar las contradicciones de una industria que celebra la creatividad mientras la somete a lógicas depredadoras, y el resultado constituye una pieza que funciona como extensión coherente de su origen sin traicionar los rasgos que definieron su identidad.
Crítica elaborada por Estela Schiaffino
