La profesora de derecho y antigua abogada penalista Inez, interpretada por Marjorie Estiano, reúne a un grupo de alumnos para revisar la condena de un joven que lleva décadas entre rejas, un punto de partida que vertebra 'Habeas Corpus', primera incursión de Netflix en el drama judicial brasileño. Luiz Villaça y Flávia Lacerda se reparten la dirección de los ocho episodios, mientras que el guion de Leonardo Moreira bebe del trabajo real del Innocence Project Brasil, una entidad dedicada a detectar errores judiciales. La propuesta llega firmada por la productora Café Royal, con Adriana Tavares en la producción ejecutiva, y el reparto lo completan nombres como Any Gabrielly, Danton Mello, Marisa Orth, Vladimir Brichta, Naruna Costa y Natália Lage. La función del proyecto consiste en trasladar a la ficción un mecanismo jurídico, el recurso de exhibición personal, que permite impugnar la legalidad de un encarcelamiento cuando se sospecha que la sentencia se sostuvo sobre pruebas viciadas. La serie plantea desde el inicio una tensión entre el aula universitaria y el tribunal, entre la teoría de los manuales y la suciedad de los expedientes mal cerrados, y lo hace con un pulso que evita el retrato heroico del abogado salvador. La historia arranca con un disparo en plena vista oral, un episodio que marca el pasado de Inez y que explica su retirada de los juzgados para refugiarse en la docencia. Ese arranque sirve para instalar la idea de que las instituciones fallan y de que quienes las sirven arrastran consecuencias personales.
La trama se organiza en torno a dos ejes que acaban confluyendo. Por un lado, la revisión del caso de Jonathan, un hombre condenado por un asesinato que pudo cometer o no, y cuyo expediente presenta irregularidades como confesiones obtenidas bajo presión, pruebas manipuladas y testigos poco fiables. Por otro, la incorporación de Marina, la alumna más capacitada del grupo, que se acerca a Inez con un propósito oculto relacionado con una injusticia que golpeó a su familia. Any Gabrielly compone a una joven que emplea su inteligencia y su capacidad de persuasión para infiltrarse en el equipo, y esa doble intención sostiene buena parte del interés de los primeros capítulos. La serie revela el vínculo entre ambas mujeres al final del primer episodio, de modo que el espectador asiste al desarrollo de una relación marcada por la desconfianza y la necesidad mutua. Los compañeros de clase aportan perspectivas diversas sobre el caso, desde quien defiende la culpabilidad del reo hasta quien se implica con entusiasmo, y esa pluralidad permite mostrar las grietas del sistema desde varios ángulos. El bufete donde trabajó Inez sigue de cerca sus movimientos y encarga a Murilo, antiguo socio y pareja sentimental, que mantenga contacto con ella. Ese hilo introduce el componente de clase, pues la defensa de la hija de la víctima corre a cargo de profesionales acostumbrados a mover los hilos del proceso.
La dirección de Villaça y Lacerda apuesta por un ritmo sostenido, con una puesta en escena que privilegia los espacios cerrados, las conversaciones susurradas y los interrogatorios tensos. La cámara se detiene en los rostros durante las deliberaciones del grupo y en los pasillos del juzgado, y esa elección refuerza la sensación de que la verdad se construye con paciencia y con métodos poco ortodoxos. Los alumnos recurren a engaños, seguimientos y filtraciones para obtener indicios, lo que plantea un dilema moral explícito: la meta de liberar a un inocente justifica la transgresión de la ley. La serie aborda de lleno la brutalidad policial, el clasismo judicial y la lentitud de los recursos, y lo hace sin convertir el relato en un panfleto, aunque algunos secundarios quedan desdibujados y ciertos giros resultan forzados para hacer avanzar la pesquisa. Estiano y Gabrielly sostienen el peso de la función con una química que hace creíbles las contradicciones de sus personajes. El desenlace deja la sensación de que la justicia, cuando llega, lo hace tarde y con daños colaterales, y esa amargura impregna el conjunto sin necesidad de subrayados. La propuesta se sitúa cerca de títulos como 'The Lincoln Lawyer' o 'The Law According to Lidia Poët', con un tratamiento del melodrama que recuerda al cine de Arnaldo Jabor, y consigue mantener el interés a lo largo de los ocho capítulos.
Crítica elaborada por Mario Lozano
