Cine y series

Daadi Ki Shaadi

Ashish R. Mohan

2026



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Ashish R. Mohan, cineasta con una trayectoria marcada por títulos como 'Singh Saab the Great' y 'Khandaani Shafakhana', asume la dirección de este largometraje que Netflix estrena el tres de julio como parte de su apuesta por el cine familiar indio. La cinta, con una duración que supera las dos horas y media, presenta un argumento que parte de una premisa aparentemente sencilla: la decisión de una abuela de contraer nuevas nupcias desencadena una serie de acontecimientos que afectan a toda su descendencia. Mohan, junto a Bunty Rathore y Saahil S Sharma en el guion, construye una narración que se desarrolla en el escenario montañoso de Shimla, donde la matriarca Vimla Ahuja reside en soledad mientras sus hijos han construido sus vidas en otras ciudades. La distribución corre a cargo de la plataforma de streaming, que apuesta por este producto con vocación de entretener a un público amplio sin grandes pretensiones artísticas.

La estructura narrativa de 'Daadi Ki Shaadi' se articula alrededor del anuncio accidental que realiza Vimla en redes sociales acerca de su próximo matrimonio, noticia que siembra el pánico entre sus familiares y amenaza con descarrilar los planes de boda de su nieta Kanika. El guion explora las reacciones de cada miembro del clan Ahuja ante esta situación, desde la incredulidad inicial hasta los intentos por disuadir a la anciana de llevar a cabo sus planes. Tony Kalra, prometido de Kanika, emerge como el personaje que intenta mediar entre las posturas enfrentadas, mientras que los hijos de Vimla muestran su desaprobación desde diferentes perspectivas. La trama secundaria de Kanika y Tony, con sus propias tensiones y desavenencias, proporciona un contrapunto a la historia principal, aunque el desarrollo de esta línea argumental resulta menos convincente por la escasa química entre los intérpretes y la falta de momentos que profundicen en su relación.

Los personajes que pueblan este relato familiar representan arquetipos reconocibles dentro del cine indio, aunque Mohan intenta dotar a algunos de ellos de cierta complejidad. Vimla Ahuja encarna a esa abuela que, tras años de dedicación a su familia, reclama el derecho a vivir sus últimos años según sus propios deseos. Sus hijos, interpretados por Jitender Hooda y Deepak Dutta, muestran las contradicciones propias de quienes han descuidado a su madre y ahora se ven forzados a enfrentar las consecuencias de su abandono. Riddhima Kapoor Sahni, en su debut actoral, da vida a una hija que reclama su parte de la herencia familiar, introduciendo así el conflicto económico que subyace a las disputas sentimentales. Kapil Sharma asume el rol de Tony, personaje que evoluciona desde su posición inicial como espectador de los conflictos ajenos hasta convertirse en el elemento catalizador que permite la resolución del entuerto. El coronel Theeran Devrajan, papel que interpreta R. Sarathkumar, aparece como el posible novio de Vimla, aunque su presencia en la trama resulta más decorativa que sustancial para el desarrollo de los acontecimientos.

La dirección de Mohan muestra una preferencia por el plano medio y el primer plano, recursos que utiliza para enfatizar las reacciones faciales de los intérpretes ante las situaciones cómicas o dramáticas. Esta elección estética, sin embargo, revela sus limitaciones cuando el director intenta capturar la grandiosidad del paisaje montañoso de Shimla, recurriendo a planos generales que resultan escasos y poco integrados en la narración. El ritmo de la película presenta un desequilibrio notable entre sus dos mitades, con una primera parte ágil que establece el conflicto y una segunda que alarga innecesariamente la resolución de las tensiones familiares. La fotografía de Suresh Beesaveni y Mark Nutkins aprovecha la luz natural del entorno para crear atmósferas acogedoras, aunque el exceso de tomas cerradas resta dinamismo a las secuencias. La banda sonora de Gulraj Singh acompaña las escenas sin lograr momentos memorables, salvo en la secuencia donde Neetu Kapoor baila, recurso que la película explota con cierta nostalgia.

Las implicaciones sociales del argumento resultan evidentes desde los primeros compases del metraje, abordando la soledad de las personas mayores en una sociedad que prioriza las obligaciones laborales sobre los vínculos afectivos. La cinta plantea una crítica a la hipocresía familiar que se escandaliza ante la decisión de una mujer de edad avanzada de ejercer su derecho a la felicidad, mientras se desentiende de sus necesidades cotidianas. Este cuestionamiento de los valores tradicionales se extiende a la representación de las relaciones de pareja, presentando a Tony como un hombre que apoya las decisiones de Vimla frente a la oposición de su propia familia política. La película también aborda, aunque de manera superficial, las diferencias generacionales en la comprensión del matrimonio y la autonomía personal. La figura del nieto que descubre el anuncio en redes sociales introduce el contraste entre la tecnología moderna y las costumbres familiares arraigadas, aunque este elemento se explota con escasa originalidad. El escenario de Shimla, con sus calles empedradas y casas coloniales, contribuye a crear un ambiente que remite a cierta idea de modernidad tradicional que la narración explota sin demasiado matiz.

La recepción crítica de 'Daadi Ki Shaadi' ha señalado el desaprovechamiento de un reparto que cuenta con intérpretes de oficio probado, especialmente en el caso de Neetu Kapoor, cuya presencia sostiene los momentos más conseguidos de la película. La crítica especializada ha coincidido en destacar que el guion desaprovecha las posibilidades de su premisa inicial, derivando hacia un melodrama convencional que recurre a los lugares comunes del cine familiar indio. Los diálogos, aunque efectivos en las secuencias cómicas de la primera mitad, pierden fuerza cuando la narración se vuelve más seria, recurriendo a exposiciones directas de los conflictos que restan sutileza al relato. La construcción de las situaciones cómicas revela una influencia de la tradición del teatro indio, con personajes que entran y salen de la acción para subrayar su postura ante el conflicto principal.

La película se mueve entre la comedia de enredos y el drama familiar sin lograr un tono consistente, fluctuación que afecta a la credibilidad de las situaciones y a la identificación del espectador con los personajes. La resolución del conflicto, que ocupa los últimos cuarenta minutos de metraje, recurre a soluciones narrativas que priorizan el consenso familiar sobre cualquier otra consideración. Los hijos de Vimla, tras haber manifestado su oposición al matrimonio de su madre, acaban aceptando su decisión en una secuencia que aspira a la emotividad pero resulta forzada por la acumulación de discursos moralizantes sobre la importancia de la familia. El personaje de Kanika, que inicialmente se mostraba reacia al matrimonio con Tony por sus aspiraciones profesionales, termina aceptando la unión en un giro que contradice su evolución previa. Esta tendencia a resolver las tensiones mediante declaraciones explícitas de los personajes reduce el impacto de las situaciones y convierte la parte final de la película en una sucesión de escenas que repiten el mismo mensaje con distinta formulación. El tratamiento del conflicto económico entre los hermanos, que prometía añadir una capa de complejidad al relato, queda diluido en favor de una resolución sentimental que prioriza la armonía sobre el análisis de las relaciones de poder dentro de la familia.

Crítica elaborada por Andrés Gómez

Redacción Mindies

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