El cuarteto neoyorquino capitaneado por Nara Avakie ha ido forjándose un hueco en la escena alternativa de la ciudad gracias a unas presentaciones en directo que atrapan al espectador en un torbellino de texturas ruidosas. Con su segundo larga duración, ‘Tearless, thoughtless’, la agrupación profundiza en una suerte de diario emocional que lidia con las secuelas de un entorno familiar fracturado y la sombra alargada del genocidio armenio. La escritura de Avakie no rehúye los episodios turbios ni las contradicciones del apego, prefiere sumergirse en la incomodidad de los espacios domésticos vacíos o las carreteras secundarias de California.
La forma en que construyen las canciones bebe directamente de una estética que mezcla la producción digital del cambio de milenio con algún que otro arrebato noise. ‘Reseda’ funciona como un himno descolorido donde la repetición de un lugar físico, ese bulevar que ya no contiene la casa de la infancia, sustituye a la persona ausente. Avakie canta sobre saber que una relación ha terminado antes incluso del golpe final, y esa certeza genera una tensión extraña entre la apatía y la rabia. En ‘Lizzie mcguire’ recurre a una escala arábiga en la guitarra para acompañar una confesión sobre la telebasura como mecanismo de aislamiento frente al miedo, mientras que la producción mete ese riff en un amplificador de karaoke de baja potencia, logrando un sonido deliberadamente chicloso y juvenil.
El centro neurálgico del proyecto aparece en la extensa ‘Tucson’, una balada de siete minutos que ralentiza el pulso hasta dejarlo casi hipnótico. La letra enlaza la imagen de Linda Ronstadt perdiendo su voz con la propia sensación de desposesión de Avakie, y se permite citar la frase “from the river to the sea” junto a un disco rayado al revés para descolocar al oyente. El cuarteto maneja un repertorio de samples de DVD, mensajes de AOL y consolas antiguas, donde todas esas carátulas protegidas por un plástico y píxeles nunca suavizan el dolor, sino que lo enmarca en una burbuja de seguridad retro. ‘Cut to blue’ o ‘Sketchers’ mantienen esa dicotomía entre la fragilidad de la voz y la dureza de los sintetizadores, mientras que ‘Repair’ cierra sin grandilocuencia, aceptando que algunas grietas no se sellan, solo es posible aprender a convivir con ellas. Aprovechando lo inminente de este disco, hemos tenido el placer de entrevistar a Nara’s Room.
Sacaste tu debut 'Glassy star' en 2024. ¿Hacia dónde dirías que ha evolucionado más el sonido de Nara's Room en este nuevo disco?
Creo que 'Glassy star' era más experimental que 'Topanga swirl'. Pero pienso que 'Tearless, thoughtless' no solo rompe límites, sino que abraza las limitaciones. El disco es ese tira y afloja de ver hasta dónde podíamos llegar, pero sin perder de vista nuestra propia voz. Me inspiré mucho en el trip-hop y en lo que llamo la música de chicas de los 2000, como Hilary Duff y Michelle Branch. También tengo un amor profundo y muy arraigado por Linda Ronstadt, así que quería encontrar la forma de mezclar todo eso, y creo que lo conseguimos. Otra parte de la evolución del sonido es que Brendan, nuestro batería, y Ethan, nuestro bajista, también llevaron sus propios estilos de composición al límite. Todos probamos cosas nuevas. Hace dos años, después de grabar 'Glassy star', añadimos a un cuarto miembro, Wil Fisher. Le llamamos nuestro encargado de ambiente y DJ en directo porque añade unas texturas ambientales y experimentales que solo realzan las canciones. Grabamos 'Tearless, thoughtless' con él, así que aportó muchísimo. También produjo el disco, y tener a un miembro de la banda que ha estado tocando los temas en directo con nosotres y coescribiendo todas las canciones nuevas del álbum cambió inevitablemente nuestro sonido.
En este proyecto habéis trabajado con James Duncan y Will Fisher (también miembro del grupo) a la producción. ¿Qué buscáis en cada persona con la que producís?
Will Fisher, nuestro cuarto miembro, fue quien produjo 'Tearless, thoughtless'. James coprodujo con nosotros 'Lizzie mcguire'. Tener a Will como productor principal cambió nuestro sonido. 'Glassy star' es y era alucinante porque capturaba nuestra energía en directo, y creo que lo que engancha de nosotros son los conciertos. Pero tener a Will como productor y nuevo compañero de banda nos ayudó a crear algo nuevo. ¡Queremos muchísimo a James! Ha estado de gira casi todo el año, pero ojalá hubiéramos podido colaborar más con él en el disco. Aun así, creo que su estilo de producción en 'Glassy star' sí que se trasladó a muchos elementos de 'Tearless, thoughtless'.
Has mencionado que 'Tearless, thoughtless' funciona como una "memoria musical". ¿Ha sido un proceso sanador plasmar tus experiencias personales en estas canciones?
Es difícil decir si ha sido sanador, porque creo que muchas de mis experiencias personales con el abuso, el desplazamiento de la diáspora y el trauma intergeneracional de supervivencia a raíz del genocidio armenio siempre van a vivir dentro de mí. No desaparecerá nunca. Pero creo que 'Tearless, thoughtless' me ayudó a preservar ese espectro generacional de sentimiento. El disco no son solo mis recuerdos, sino también las de mis antepasados. Pienso mucho en mi papel como descendiente de supervivientes del genocidio armenio. Con padres refugiados, abuelos que fueron hijos de supervivientes y bisabuelos que fueron supervivientes huérfanos, la pregunta es: ¿cuál es mi papel ahora? Creo firmemente que en mi línea de sangre hubo artistas, pero la guerra, el genocidio, el trauma y todo lo demás les impidió expresarlo. Aunque yo también soy producto del trauma, la supervivencia y el desplazamiento, estoy en Estados Unidos. Soy la primera persona de mi sangre en tener estudios universitarios y un máster. Mis primos y yo tocamos la guitarra, cantamos y tocamos otros instrumentos. ¿Qué hago con todo eso? Hago música, escribo, leo. Creo que, aunque estos elementos no se curarán hasta el próximo eón geológico, sí que puedo usar mi posición en una generación de supervivientes para crear arte que preserve la memoria.
"Para este disco me inspiré mucho en el trip-hop y en lo que llamo la música de chicas de los 2000, como Hilary Duff y Michelle Branch."
Tu sonido mezcla la producción pop de los 2000 con un toque futurista. ¿Cómo consigues equilibrar esa nostalgia por el pasado con algo que suena tan actual?
¡Creo que has respondido a la pregunta dentro de la pregunta! Mi nostalgia del pasado es una parte enorme de mi presente. No creo que lo supere nunca. Creo que nosotros, sobre todo les armenies, anhelamos ese pasado idealizado como miembros de la segunda diáspora más grande del mundo. Añoramos un hogar que no existe. Un hogar que quizá nunca existió. Así que, ¿qué hacemos con eso? El sentimiento de la diáspora es estar entre dos mundos: el pasado y el presente, la nostalgia y el anhelo de un futuro que nunca fue ni será. Creo que ese equilibrio está en mi ADN.
En 'Tucson' hablas de tu herencia armenia y del trauma intergeneracional. ¿De qué manera te ha ayudado la música a asumir la historia de desplazamiento de tu familia?
Creo que la música pone en palabras todo lo que he vivido. Me ayuda a procesar las cosas. Creo que el lenguaje es poderoso porque es lo que hace que las cosas sean reales y compartidas. La música me permite compartir mis experiencias, y espero que otras personas también se sientan identificadas.
La canción 'Tucson' está inspirada en un documental sobre Linda Ronstadt. ¿Por qué la pérdida de su voz te afectó tan profundamente como para usarla como paralelismo con tus propias experiencias?
La voz de Linda Ronstadt era una parte tan grande de ella. Lo único que siempre quiso hacer en esta vida es cantar. ¿Qué significa para alguien perder lo único que es su sueño, su vida? ¿Dónde existe si desaparece? Mi sueño existe en una era pasada que sí viví y tuve, pero se perdió por el camino antes incluso de que yo lo supiera. Me encanta Linda Ronstadt, y su voz y su música me hacen sentir que todo está bien. Es la manera que tengo de conectar con mis divagaciones nostálgicas. Pero luego la realidad golpea, y todo eso desaparece. ¿Qué hago con eso? ¿Cómo sigo adelante? Creo que Linda Ronstadt es increíblemente resiliente, al menos es lo que he percibido de ella y lo que vi en su documental. Si ella puede de algún modo seguir adelante con esta pérdida, quizá yo también pueda. Aunque todavía no sé cómo.
En 'Tucson' incluyes referencias cinematográficas como 'The Color of Pomegranates'. ¿Qué importancia tienen el cine y los medios visuales en tu proceso de composición?
'The Color of Pomegranates' es muy importante para mí porque describe con imágenes, atmósfera y sentimientos la difícil situación del pueblo armenio. Creo que el cine y los medios visuales pueden ser muy personales, y yo bebo de todo tipo de fuentes artísticas a la hora de escribir. Me ayudan a desbloquear más partes de mí misme o a poner en palabras cómo me siento.
"El disco no son solo mis recuerdos, sino también las de mis antepasados. Pienso mucho en mi papel como descendiente de supervivientes del genocidio armenio."
En 'Lizzie mcguire' hablas de cómo la tele de aquella época fue un refugio para ti. ¿Qué tenía ese mundo de principios de los 2000 que te hacía sentir tan a salvo frente a todo lo que estabas viviendo?
Lo que me hacía sentir a salvo no era necesariamente la serie de Lizzie McGuire y todo lo que la rodeaba en aquella época de principios de los 2000. Era más bien que esas idealizaciones, y francamente la alegría y la diversión, también existían al mismo tiempo que todo lo horrible y abusivo que estaba viviendo. Después de que mi padre abusara de mí, me sentaba en mi cuarto y lloraba, pero ponía Lizzie McGuire en la tele y me hacía reír. O escuchaba 'Breakaway' de Kelly Clarkson y soñaba con un futuro en el que me liberaba de todo aquello. O escuchaba el disco 'Spirit Room' de Michelle Branch en mi reproductor de CD y me sentía profundamente inspirada para tocar la guitarra. Todo esto moldeó mi resiliencia porque fue probablemente la parte más alegre e inspiradora de mi vida, mientras coexistía con un abuso horrible.
'DVD menu' surgió de una improvisación de 15 minutos en el estudio. ¿Suelen surgir tus canciones de esos momentos improvisados con el resto de la banda?
¡Totalmente! Normalmente escribo la letra, la melodía y la guitarra sole en mi cuarto, y luego llevo la canción a los chicos. Aunque la estructura ya está definida, son ellos quienes realmente marcan el tono y el ambiente de las canciones, y nuestras sesiones de composición en conjunto son muy sueltas e improvisadas. Es mucho de "¡Espera, repite eso, me gusta!"
'Reseda' suena como un himno a tus recuerdos de haber crecido en California. ¿Qué sentimientos intentabas transmitir al combinar esa melodía luminosa con un sonido distorsionado?
Hubo mucha luz en mi vida junto a esa distorsión. Las melodías son luminosas, y el paisaje de Reseda Boulevard, en el Valle de San Fernando, en Los Ángeles, también es soleado y precioso. Pero si escuchas la letra, es bastante triste. Reseda Blvd es un símbolo de la diáspora para mí. Lo anhelo, pero nunca puedo volver. Solo puedo refugiarme en él con la mente y el espíritu. También habla del fin de una relación. ¿Qué haces después de una ruptura? ¿Cómo te reconstruyes? Me gusta pensar que mi primera reacción fue replegarme en el pasado, donde las cosas son cómodas.
'AOL away msg' funciona como un interludio que te invita a "desconectarte". ¿Por qué era importante para ti dar a quien escucha ese respiro en medio del disco?
Sé que la mayoría de quienes escuchen este disco lo harán en streaming. En cierto modo, 'AOL away msg' es como una llamada a quien escucha para que esté presente en la música que oye. Escuchar música en streaming es pasivo comparado con escuchar un formato físico. Creo que a menudo hasta se nos olvida que estamos escuchando música cuando vamos de un lado a otro. 'AOL' pretende recordar a la gente que todos escuchamos música de maneras diferentes, y que hay que hacer una pausa.
"El sentimiento de la diáspora es estar entre dos mundos: el pasado y el presente, la nostalgia y el anhelo de un futuro que nunca fue ni será. Creo que ese equilibrio está en mi ADN."
La canción 'miniDV' se llama como un formato de vídeo antiguo. ¿Qué es lo que más te atrae de los formatos físicos y la tecnología de finales de los 90 y principios de los 2000?
Siento que esa fue la última vez que la tecnología fue humana. Ahora todo es artificial, de ahí el auge de la IA. Ya nada existe de forma física: existe en la nube, o en Instagram durante 24 horas, o se pasa de largo, sin que vuelva a verse, recordarse o interactuar con ello nunca más. Cualquier interacción con una foto, un vídeo o cualquier contenido se reduce a un "me gusta" pasivo. Hay algo especial en los formatos físicos y la tecnología de finales de los 90 y principios de los 2000 que era más humano, más compartido y más presente.
Has mencionado influencias del trip-hop como Portishead o Massive Attack. ¿De qué manera han moldeado esos artistas el estilo "brumoso" de tus nuevas canciones?
Creo que todo está en el ambiente, y en cómo experimentan. Todos estos artistas construyen sobre géneros ya establecidos, y los llevan hasta donde pueden. A todos nos inspira la música que escuchamos, y mi enfoque nunca es replicar. Lo que me atrae del trip-hop es que no hay réplica. Hay sampleo, pero incluso eso es recontextualizar.
En todas nuestras entrevistas nos gusta que el artista entrevistado deje una pregunta para el siguiente. ¿Cuál es la tuya?
¿Te gustaría escuchar algún día la historia de mi familia? Tengo historias de supervivencia increíbles sobre mis bisabuelos. A mi abuela Nazeli, de quien heredé mis ojos verdeazulados, la salvaron de su pueblo enrollada en una alfombra para escapar.
En esa misma línea, tengo una para ti de parte de Kevin Morby. Dice así: si pudieras llevarte un solo disco, una comida y una sustancia a una isla desierta, ¿qué elegirías?
Si pudiera elegir un solo disco, sería 'Feels Like Home' de Linda Ronstadt. ¿Una comida? Mmm... ¡avena! ¿Una sustancia? Setas, sin duda (risas).
