Entrevistamos a

Grumpy

"Con este álbum estoy dejando bien clara la lección que he aprendido en los últimos dos años: ir más despacio en el amor."



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Grumpy convierte la contradicción en su principio para componer temas. Sus canciones tienen estribillos pegadizos y ocurrencias disparatadas que cubren pensamientos muy oscuros, una costumbre ligada a la naturalidad con que lo macabro rodea la vida trans en Estados Unidos. Heaven Schmitt arrancó el proyecto en solitario con ese nombre. Hoy es una banda en la que cada integrante interviene en todas las fases, desde grabar y mezclar hasta dibujar la portada, producir o rodar los vídeos. ‘Unfindable Ring’, su primer largo en Bayonet Records, lleva esa lógica al argumento. Funciona como una epopeya de aventuras cuyo protagonista termina de vuelta en casa antes de dormir. El disco nació en la sala de ensayo del batería Austin Arnold, un cuarto diminuto y maloliente. Un estudio de Queens acogió el final del proceso. Al llegar la mezcla, la banda pasó una semana junto al ingeniero ajustando cada nivel para conservar el control sobre el resultado.

Ese afán de control convive con un sonido que se mueve sin descanso. Hay sintetizadores dignos de una banda sonora ochentera, cuerdas de honky tonk, percusión de jazz, distorsión shoegaze y vocoder de sobra. Los personajes salen en misiones por el país, por el mundo e incluso por el tiempo. ‘Queens’ cierra el álbum retirando todo ese artificio. Quedan el falsete sin modular de Schmitt, unas teclas y una guitarra. La canción narra un regreso en tren a Ridgewood y funciona como balada de amistad dedicada a Anya Good, compañera de banda que toca la melodía de piano. Su estribillo resume el vínculo con una frase clara: "Everybody thinks we’re in love, but we’re only practicing kissing". Ante los extraños forman una pareja excéntrica, aunque su atracción mutua tiene otro destino, que es crear arte juntos. Tras tanto artificio, esa voz desnuda devuelve el disco a casa. Su fragilidad recuerda a Perfume Genius cuando baja el volumen. La amistad queda como punto de partida de todo lo que Grumpy construya después. Aprovechando el lanzamiento de su nuevo disco, hemos tenido el placer de charlar con Heaven.

Grumpy empezó como un proyecto en solitario y, con el tiempo, se ha convertido en una banda de seis personas donde todo el mundo participa en todo, desde la producción hasta los vídeos. ¿Cómo ha cambiado la forma de crear y tomar decisiones a medida que se incorporaba cada nueva persona?

Es verdad que todas, menos Diego, entraron en mi vida primero como parejas sentimentales. Obviamente, me atrae el talento. Pero, conforme las iba conociendo una a una, me entraban más y más ganas de que formaran parte de esto. Ese nivel de intimidad genera muchísimo nivel de confianza. Confío en que todas me entienden de verdad y me emociona que, después de conocerme tan bien, sigan creyendo en mí.

 

En el tema que da título al disco, 'Unfindable Ring', arrancas con el verso "Buceo buscando un anillo inencontrable / una especie de gran gesto / que no causa el efecto que esperaba". ¿Hasta qué punto nace este álbum de la frustración de perseguir grandes gestos románticos o artísticos que, al final, no producen la magia que esperabas?

Con este álbum estoy dejando bien clara la lección que he aprendido en los últimos dos años: ir más despacio en el amor. Muchísimas veces enfoqué mis relaciones metiéndome una presión enorme encima, haciendo grandes gestos una y otra vez y dejando a la gente sin aliento. Luego, cuando inevitablemente cometía un error o daba la primera muestra de imperfección, sentía una pena desgarradora. Me lamentaba por no poder seguir siendo alguien totalmente impecable a los ojos de la otra persona, y la subida de adrenalina que me daba su admiración se sentía echada a perder para siempre. Cualquier fallo pasaba a mi expediente permanente. Pero al fin he aprendido a perdonarme y a aceptar el perdón de los demás.

La historia de 'Unfindable Ring' se estructura como una travesía épica que termina trayendo a la persona protagonista de vuelta a casa. ¿De qué manera refleja ese arco vuestra propia trayectoria como banda en estos últimos años?

Desde luego tuve que dar unas cuantas vueltas al patio antes de llegar hasta aquí. En cada vuelta que daba encontraba y perdía otro gran amor y, al final, las iba sumando a todas a la banda tras la ruptura. Bromeamos con que hay una especie de maldición por la cual, si rompes conmigo, te toca cumplir cadena perpetua en el grupo. Pero creo que mis verdaderas motivaciones tienen menos que ver con un castigo y más con cambiar la forma de ese amor y demostrarle a alguien a quien he querido que aún podemos crear algo bonito juntas. Las canciones de este disco van exactamente sobre estas relaciones, así que el arco del álbum no es que se parezca a mi vida, es que fue tal cual mi vida.

"Bromeamos con que hay una especie de maldición por la cual, si rompes conmigo, te toca cumplir cadena perpetua en el grupo."

En el sencillo 'Twenty Five', planteas la hipótesis de viajar atrás en el tiempo para poder vivir una infancia acorde con tu verdadera identidad, pero de repente se cuela el miedo egoísta: "si haces eso, ¿nos habríamos conocido?". ¿Cómo fue transformar un pensamiento tan íntimo y complejo en una canción de pop al estilo de los noventa?

Escribí esta canción para Ellie, que un día en casa estaba deseando poder volver atrás en el tiempo y hacer la transición a una edad más temprana. Mi reacción interna y egoísta fue el miedo a que esa alteración del espacio y el tiempo pudiera hacer que nunca nos conociéramos. Así que esta canción sirve como una carta que espero que la acompañe, con instrucciones sobre cómo asegurarnos de volver a reencontrarnos si alguna vez tiene la oportunidad de viajar en el tiempo. En cuanto al género musical, nunca me planteo una canción pensando en cómo quiero que suene. Solo pienso en qué mensaje quiero comunicar y la canción decide el estilo por sí sola.

El álbum salta sin complejos entre teclados al estilo de las bandas sonoras de los ochenta, percusiones de jazz, guitarras shoegaze y vocoders. ¿Cómo sabéis cuándo una canción pide contención y cuándo es momento de acumular capas de experimentación?

Con seis personas metidas en el estudio escuchando, opinando y produciendo a la vez, la experimentación y la acumulación de capas se dan de forma totalmente natural, casi inevitable. Lo que hemos aprendido a hacer muy bien es actuar como un filtro colectivo. Vamos esculpiendo las canciones y decidiendo qué necesita cada momento a través del consenso puro, escuchando lo que pide el tema y encontrando ese equilibrio entre lo que sobre y lo que falta.

 

En 'The Whale', incluyes un sample de una niña hablando con un loro. ¿Cuál es la historia detrás de ese audio y cómo acabó formando parte de la canción?

Anya, nuestra directora creativa, multiinstrumentista y duendecilla del sonido (es una entre un millón), tiene una biblioteca enorme de sonidos, muestras e imágenes que lleva recopilando, literalmente, toda su vida. La portada de ‘OBL’, por ejemplo, empezó con una foto que le hizo al océano cuando tenía 10 años, a la que le añadió un collage con fotos de objetos de toda su vida, hasta llegar a imágenes actuales de los miembros de la banda. En lo que respecta a cómo selecciona los samples y de dónde salen, no creo que ninguna de nosotras pueda entender del todo su forma de pensar, así que simplemente la dejamos indagar y volar libre sin hacer preguntas.

La canción 'George Clanton' surgió después de que vieras su directo y te quedaras fascinade por su presencia relajada en el escenario. ¿Qué aprendiste de esa actitud teatral sobre las tablas que pudieras incorporar a tu propia identidad en directo?

La verdad es que no describiría su estilo de actuación como relajado. Es más bien deliberado y preciso. A veces puede ir despacio o quedarse quieto, pero cada segundo se siente presente e imperdible. Y además, por encima de todo, transmite un sentido del humor increíble. Le echa agua a la gente a la cabeza o les agarra la cara de una forma que hace que el conjunto sea completamente fascinante. Todas nos agolpamos en primera fila esperando ser capaces de sostener un segundo de su atención plena si alguna vez nos elige. Escribí 'George Clanton' con la esperanza de echarme un conjuro a mí misme para ser capaz de dominar una sala de esa manera.

"Escribí 'George Clanton' con la esperanza de echarme un conjuro a mí misme para ser capaz de dominar una sala de esa manera."

En canciones como 'Yr Bitch' o 'WTF', jugáis con el procesamiento vocal y el Auto-Tune de forma muy marcada. ¿Utilizáis estas herramientas como un recurso expresivo o como una forma de distanciaros de un tono vocal tradicional?

En realidad, muchas veces se reduce a algo tan sencillo como que nos encanta cómo suena el resultado. Esa es la razón principal y la que guía nuestra elección en el estudio. Por otro lado, es cierto que este tipo de efectos suele terminar encajando de manera muy natural en las canciones que tienen un cariz más cómico o desenfadado. Hay algo genuinamente divertido, casi entrañable, en escuchar esa versión distorsionada y robótica de mi propia voz. Nos divierte jugar con esa dualidad entre lo humano y lo artificial.

En 'Loser', vuestro álbum de 2020, descubriste que pasártelo bien te llevó a hacer el mejor trabajo que habías firmado hasta ese momento. ¿Cómo proteges ese espíritu lúdico hoy en día, ahora que Grumpy tiene público, sello discográfico y más expectativas sobre los hombros?

A veces es difícil. Para mí hay muchísimo en juego ahora mismo porque deseo esto más que nunca. Tener sello y que haya más ojos puestos en nosotras me hace sentir que vamos por el buen camino, pero también sube la intensidad. Soy capaz de divertirme cuando me recuerdo a mí misme que no hay prisa.

 

Has estado participando en las voces en el último disco de Zach Bryan y has estado de gira por estadios con una banda de 23 músicos. ¿Qué has descubierto sobre ti misme como cantante o como líder de un grupo al estar al otro lado, como parte de la maquinaria de otra persona?

Lo que más me ha marcado es comprobar de primera mano hasta dónde puede llegar a viajar una canción cuando se proyecta a esa escala. Nunca me había imaginado a mí misme queriendo que las cosas crecieran tanto o alcanzaran unas dimensiones tan masivas. Era algo que veía muy ajeno. Pero ahora que he tenido la oportunidad de probarlo desde dentro, de experimentarlo en primera persona con una banda tan grande, la perspectiva ha cambiado por completo: todo se siente mucho más posible, y de repente los límites que antes me imponía han desaparecido.

A lo largo de los años, os han comparado con artistas como Alex G, Massive Attack o 100 gecs. ¿Con qué comparación te identificas más y cuál te ha sorprendido más?

La comparación con Alex G es evidente y cierta. Su música me inspira profundamente, no puedo evitarlo. Pero me llega al corazón cuando la gente capta las influencias más electrónicas y de glitch divertido como 100 gecs o Ween. Lo que me parece más atractivo del hyperpop es su sentido del humor. Me inspira muchísimo ese nivel de falta de seriedad en la música. Y cuando nos comparan con Massive Attack simplemente me siento de lo más guay, algo que creo que se debe principalmente a la sensibilidad oscura y con clase que aporta Diego.

Tratando de escribir casi siempre sobre las cosas que me gustan.