Con la sala Apolo apretada pero no abarrotada, Gary Louris y los suyos salían al escenario con poco más de cinco minutos de retraso para presentarnos su noveno álbum, el más que correcto “Paging Mr.Proust”. Sin mediar palabra, arrancaron con “Waiting for the sun”, iniciando así un recorrido por lo más granado de su discografía con escalas ( y repostaje) en “Tomorrow the Green grass”, “Rainy day music” y “Paging Mr. Proust”, entre otros.
Con porte de vaquero, y algo ajado por los años, Louris presentó “Leaving the monster behind” –las idas y venidas a su última obra serían copiosas-, todas ellas selladas con el tampón de Wilco, a los que se les acercan varias veces en esta nueva colección de canciones que encajan perfectamente en su directo.
“The man who loved life” puso en evidencia dos cosas: por un lado, la voz de Louris se perdía en el andamiaje rítmico de la banda y por otro lado, los temas eran tocados sin bisoñez, apegados a una impecable aunque fría ejecución, aún más evidente en la bonita “Stumbling through the dark”, despachada sin candor.
Tras “Tampa to tulsa”, con Louris enfundándose la harmónica y secundado por la teclista Karen Grotberg el grupo añadió algo de argamasa y sonó más compacto, hecho que certificaron en las siguientes “Two hearts” y “The devil is her eyes”, que empalmaron con la gloriosa “Big star”, que nos remite directamente a los olvidados Gigolo aunts.
Conscientes de la mejora en el sonido, los Jayhawks, alimentados por el fervor del gallinero del Apolo, sacaron lustro a otras perlas de su repertorio “Take me with you”, “Blue” –ovación incluída- o las nuevas “Comeback kids” y “Ace”- que arrancó a modo de jam-perfectamente integradas en el patrimonio de la banda.
Louris, quien mantiene una estrecha relación con nuestro país y sobre todo con Andalucía, no se atrevió a arrancarse en español cuando presentó a sus compañeros de viaje, entre los que destacaron esta noche el guitarrista Marc Perlman y el batería Tim O´reagan, sobrio pero certero a las baquetas.
Pero lo mejor estaba aún por llegar: a la bella dupla de “All the right resasons” y “Save it for a rainy day” se le unió la bonita “Lovers of the sun” y la sala se moteó de móviles que brillaban mientras desgranaban algunas de las estrofas más sentidas :“Back seats and empty stalls/collecting numbers never called” aunque este picor estomacal fue borrado de un plumazo con el trallazo de “Tailspin”, que puso fin a la primera parte del concierto.

A los pocos minutos, Louris vuelve sin la banda, acompañado solamente por su guitarra para interpretar un par de temas, “Settle down de rain” y “Angelyne”, ambas perfectamente ejecutadas y en las que demuestra que hasta desnudas y desprovistas de cualquier atrezzo, las canciones de los Hawks suenan grandes.
La banda al completo regresa para “I´ll be your key” que da paso al country de “I´m gonna make you love me”, que sonó fresca, enérgica, con parte del público sacándole brillo a los tablones del Apolo, perfecta antesala del broche final con “I´d run away” donde demostraron que pocos grupos han sabido leer con tanta maestría –y con tan buenos resultados- el libro de estilo del rock americano, aquel que va desde Gram Parsons a Son Volt.
Bonita noche del grupo de Minneapolis que está viviendo una auténtica segunda juventud, como demostraron en la sala barcelonesa presentando unos estupendos temas nuevos – olvídense del descalabro de “Mockingbird time”, ellos lo obviaron totalmente- que hablaron de tú a tú a su repertorio más reverenciado.
Y no, no echamos de menos a Mark Olson.
PUNTUACIÓN: 7,5

