Poco más de un año después de su gira de reunión, The Pains of Being Pure At Heart regresaban a Madrid, de nuevo al Lula Club, el mismo escenario que acogió aquella esperada cita. Una nueva oportunidad para volver la vista atrás y reencontrarse con un cancionero que sigue despertando las mismas emociones que hace más de una década. Si en aquella anterior ocasión el eje gravitacional del concierto fue su homónimo primer LP, esta vez la banda optó por confeccionar un repertorio mucho más representativo de toda su trayectoria, seleccionando con acierto un buen puñado de himnos junto a alguna pequeña rareza. Una decisión que volvió a recordarnos por qué resulta imposible no reivindicar a una banda como esta.
La respuesta del público volvió a estar a la altura. Rozando de nuevo el cartel de entradas agotadas, la sala evidenció que el paso de los años no ha debilitado el vínculo entre la banda y sus seguidores. Más bien al contrario. Bastaba con escuchar cómo buena parte del público canturreaba más de la mitad de los estribillos para comprobar que estas canciones siguen ocupando un lugar muy especial en la memoria colectiva de quienes crecieron con ellas.
Atendiendo a las sensaciones que nos dejó el directo, podemos confirmar que Kip Berman y compañía están viviendo una auténtica segunda juventud. Si durante sus años de plena actividad sus conciertos tendían a abrazar un componente más caótico y desenfrenado en el tratamiento de las guitarras, ahora esos mismos niveles de volumen e intensidad permanecen intactos, aunque con la sensación de que todo está mucho más ordenado. Lo más importante es que esa mayor precisión no ha restado ni un ápice de pasión a la interpretación.
Tan solo había que ver cómo atacaron la inicial 'Contender' para enlazarla prácticamente sin descanso con 'Come Saturday' y dejar el listón muy alto desde el primer instante. Jugueteando siempre con esas historias adolescentes que, con el paso del tiempo, pueden extrapolarse fácilmente a distintas etapas de la vida y a circunstancias muy diferentes, resultó curioso comprobar cómo estas canciones adquieren nuevos significados años después. Desde la delicadeza de 'Higher Than The Stars' hasta el ímpetu bravío y rebelde de 'This Love Is Fucking Right!', todos los temas parecían alcanzar su máxima expresión, imponiéndose incluso a esa inevitable sensación de nostalgia que acompaña cualquier reunión de una banda tan querida.
Al echar la vista atrás y recordar sus primeras visitas a nuestro país, cuando existía un circuito de salas y festivales más saludable y también más original que el actual, resultaba llamativo comprobar cómo la actitud y los gestos interpretativos del grupo permanecen prácticamente inalterables. Ahí seguía un Kip completamente entregado, afanándose en rasgar su guitarra al más puro estilo de las grandes bandas de shoegaze pesado de los años noventa. A su lado, Peggy Wang volvía a agitar su melena mientras se encargaba de los teclados con la misma naturalidad de siempre. Hay imágenes que parecen resistirse al paso del tiempo y, por suerte, estas siguen siendo exactamente las mismas.
Del mismo modo, las emociones tan primarias que desprende 'Everything With You' permanecen intactas. Ese delicado hilo de voz que consigue abrirse paso entre la maraña de guitarras continúa convirtiendo la canción en una de las declaraciones de amor más bonitas y conmovedoras de todo su repertorio.
Con la sensación de que el concierto avanzaba a la velocidad de la luz, tampoco faltaron otros clásicos imprescindibles como 'Teenage in Love'. También hubo espacio para recuperar una pieza tan infravalorada como 'Until the Sun Explodes', interpretada en esta ocasión con una dosis extra de crispación que terminó sentándole especialmente bien y reforzando todavía más su intensidad.
Tras una despedida momentánea con la mítica canción que toma el nombre de la propia banda, el público, como era de esperar, se quedó con ganas de más. Kip regresó entonces al escenario para interpretar una emocionante 'Anne With an E', aprovechando además para agradecer el cariño de unos seguidores que, después de tantos años, continúan mostrando el mismo interés y la misma devoción por el grupo.
Para poner el broche definitivo a la noche, el resto de la banda volvió al escenario con 'Say No to Love' y 'Gentle Sons'. Dos canciones que resumen a la perfección ese abanico de emociones, a veces incluso contradictorias, que acompañan la adolescencia o el momento en que empezamos a dejarla atrás. Sentimientos que, como bien demuestran las composiciones de The Pains of Being Pure At Heart, terminan acompañándonos durante toda la vida junto a las valiosas lecciones que esconden sus canciones.
