La trayectoria de Gustav Berntsen bajo el alias GB se despliega como un sendero de contradicciones fértiles. Su música llevó durante años el sello de una urgencia compartida en bandas como Pardans, donde el jazz y el punk se fundían en una tensión constante. Su trabajo en solitario, iniciado con 'Gusse Music' en 2024, viró hacia una textura más suspendida, construida sobre bucles repetidos que extraían una melancolía infinita. Ese primer disco, una sinfonía collage de treinta y tres minutos, sentó las bases de un método que pronto quedaría atrás. La llegada de un doble EP, 'Ressed / Falter', y después el anuncio de un segundo larga duración, 'Herzsprung', muestran a un creador que desborda sus propios límites, abriendo el sonido hacia registros más melódicos y expansivos. La influencia de su paso por la capital británica se deja sentir en esa apertura, que combina la herencia nórdica con una inquietud metropolitana.
La mudanza a Londres actuó como catalizador de esa transformación. Allí, Berntsen adoptó una rutina de recorte de periódicos gratuitos, extrayendo frases sueltas que luego servían de armazón lírico para sus composiciones. Esa práctica, casi artesanal, contrasta con la inmediatez de sus primeros temas, donde la letra ocupaba un lugar secundario frente a la atmósfera. Su anterior trabajo se complacía en la inmovilidad, en la capacidad de un motivo repetido para generar una sensación de duración eterna; en cambio, el nuevo material aspira a una dirección definida, a un cambio palpable a lo largo de cada corte. La colaboración con músicos de confianza en una residencia sueca, donde grabaron en cinta de veinticuatro pistas, imprimió a las canciones un carácter vivo, casi documental. Esa semana de trabajo colectivo permitió que los esbozos previos, apuntes en cuadernos y grabaciones rudimentarias, cobraran una forma que conserva la espontaneidad del ensayo y la precisión de un arreglo meditado.
La relación de GB con su entorno trasciende la simple pertenencia. En Copenhague, el espacio Mayhem funcionó como un laboratorio donde convivían el free jazz, la electrónica y el metal, y donde las fronteras entre público y ejecutante se desdibujaban. Esa herencia se percibe en su obsesión por romper la distancia escénica, por situarse al mismo nivel que los asistentes y convertir cada actuación en un intercambio de energías. Su paso por Londres añadió una capa de inquietud urbana, una necesidad de estirar las convenciones del rock hasta que crujen. De ahí que su segundo álbum beba de fuentes tan dispares como el jazz fusión de los setenta, el noise japonés o el grunge, y todas coexisten en igualdad dentro de su tejido. Ese eclecticismo responde a una curiosidad que lo lleva a desmontar los géneros para volver a ensamblarlos con una lógica propia. Las letras, escritas en inglés pese a ser su segunda lengua, revelan un juego constante con el significado, donde cada palabra hallada en un periódico se transforma en un disparador de imágenes.
Un episodio recurrente en su narrativa personal ocurrió en una fiesta de Halloween, cuando apareció vestido de Jesús mientras la persona que ocupaba sus pensamientos llevaba un disfraz de gato negro. Esa anécdota encierra la clave de su lírica: el deseo expresado con franqueza, la yuxtaposición de lo sagrado y lo cotidiano, y una ternura que desarma cualquier pretensión de cinismo. Su voz conserva un filo natural que transmite la misma urgencia que sus primeras grabaciones, aunque ahora envuelta en arreglos de cuerdas y pianos que otorgan una densidad inesperada. La evolución de su sonido supone una ampliación del territorio, manteniendo sus cimientos. El dinero obtenido por la aparición fortuita en un anuncio automovilístico le permitió financiar la grabación en Suecia, un detalle que subraya cómo las circunstancias azarosas se integran en su proceso creativo. La dicotomía entre la bruma minimalista de su debut y la frontalidad coral de su nuevo trabajo refleja la tensión entre el instante congelado y la necesidad de narrar un viaje. GB abraza ambas orillas, porque su identidad se alimenta de esa contradicción.

