Conociendo a

Derde Verde

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Dylan McKenzie y Jonathan Schwarz son los dos integrantes de Derde Verde, una formación originaria de Los Ángeles capaz de conectar de buena forma con un sonido muy relacionado con la naturaleza. A través de sus composiciones no resulta nada difícil imaginarse estampas de lo más hogareñas donde aparecen ciertos refugios mentales a los que es inevitable escapar de vez en cuando. Todo esto llega por una vía donde el carácter folk poco a poco se va difuminando a través de unas líneas propias del pop barroco más onírico, evidenciando como sus canciones resultan un perfecto compendio de situaciones que invitan a la relajación.

Con unos inicios bien diferentes a la forma en la que conocemos al grupo en la actualidad, publicaron su primer EP Sleepy en 2009, abriendo la puerta a un formato de canción americana bien secundada por sonidos brillantes. Sin embargo poco a poco parece que estaba predeterminado como la formación se decantaba definitivamente por un sonido de núcleo más acústico, más relacionado con las voces que se expresan de forma lánguida. Esto es lo que ocurrió en su siguiente EP Moon/Mirror publicado en 2011, encontrándonos ante una clara posición del grupo por alejarse definitivamente de la etiqueta rock.

Continuando su camino bien guiado por estampas contemplativas donde la timidez de sus guitarras se convierte en una característica distinguida, con Let Me Be A Light publicado en 2013 lograron completar de forma definitiva el giro hacia los terrenos de lo comedido y reconfortante. A través de canciones como ‘I Still Want Someone’ demuestran cómo se pueden hacer fuertes a través de una retahíla de acordes con los que alcanzar un clímax de desconexión, al mismo tiempo de lograr reflejar aquellos sentimientos que acaban por producir extrañeza.

Una vez encontrada la senda definitiva solo queda consolidar todo lo construido, llegando un nuevo EP titulado Meander Belt donde se vuelcan con unas coordenadas de canción repleta de arreglos preciosistas que se encuentran destinados a enfatizar un gran estado de clarividencia mental. En esta ocasión ya no se muestran nada tímidos a dejar de lado su parte más acústica a costa de recrearse en unas atmósferas de lo más trabajadas a través de guitarras entrecortadas, efectos sintéticos intermitentes y una percusión tan seca como decidida. Solo de esta forma son capaces de obtener canciones tan emocionantes como ‘Turn’.

Siendo conscientes de cómo los resultados obtenidos con Meander Belt han sido de lo más positivos, la banda se lanza de lleno en su nuevo LP Slow Light a por una concentración de todos los puntos fuertes reflejados a lo largo de su carrera. Desde el corazón acústico que va creciendo poco a poco en dirección a lo épico hasta la bonita combinación de teclados que emergen de una forma totalmente cristalina. En definitiva, una combinación de elementos con los que hacernos sentir que el folk puede renovarse sin caer en recursos de lo más manidos ni apelar a un apartado sentimentalista que a estas alturas resulta totalmente marchito.

Noé R. Rivas

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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