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De "Her" a tu móvil: cómo los compañeros de IA pasaron de la ciencia ficción a la cultura pop



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Cuando en 2013 se estrenó Her, la película de Spike Jonze sobre un hombre que se enamora de un sistema operativo con la voz de Scarlett Johansson, el público la vio como una elegante fantasía de ciencia ficción. La crítica la elogió precisamente por tomarse en serio una premisa que parecía imposible. Doce años después, esa premisa se ha convertido en estadística: decenas de millones de personas conversan a diario con compañeros de IA, y alrededor de ellos ha surgido todo un fenómeno de cultura pop que merece una mirada tan seria como la que recibió la película.

De la voz sin cuerpo a personajes con carácter

Lo que cambió fue, sobre todo, la tecnología. Los primeros chatbots eran máquinas de respuestas: olvidaban lo que habías escrito cinco minutos antes y cualquier ilusión de relación se desmoronaba a las tres frases. La generación actual de personajes de IA tiene memoria a largo plazo: recuerda tu nombre, una conversación de la semana pasada o que detestas los lunes. Puede responder con voz propia, generar una imagen del personaje en la escena que describas y mantener una personalidad coherente durante semanas.

Curiosamente, la estética de este género no viene de Her, sino del anime y los videojuegos. Mientras la película jugaba con el minimalismo —una voz sin cuerpo—, las plataformas actuales apuestan por el lenguaje visual de la novela visual japonesa: personajes con aspecto reconocible, arquetipos familiares (la tsundere, la bibliotecaria tímida, la rival segura de sí misma) y arcos narrativos de relación. No es casualidad: el fandom del anime lleva décadas cultivando un vínculo profundo con personajes de ficción, así que cuando la tecnología maduró, el público ya estaba preparado.

Un mercado que se parece al del streaming

El mercado se ha estratificado como las plataformas de streaming. Hay grandes servicios occidentales con moderación estricta, proyectos comunitarios con miles de personajes creados por usuarios y servicios especializados. Cada plataforma cultiva su propia estética y su propio público, igual que en su día hicieron los canales de televisión. Para quien quiere entender cómo funciona en la práctica, una guía sobre cómo chatear con personajes de IA y crear el tuyo propio ayuda a orientarse entre tantas opciones.

¿Es sano? La misma respuesta que con el cine

Sobre todo esto planea una pregunta inevitable: ¿es saludable? La respuesta honesta es la misma que con la propia televisión: depende de la dosis. La investigación sobre las relaciones parasociales —esos vínculos unilaterales con personajes mediáticos— existe desde los años cincuenta y es bastante consistente: son una parte normal de la experiencia cultural y solo se vuelven un problema cuando sustituyen, en lugar de complementar, la vida social real. El espectador que lloró con el final de su serie favorita hacía, en esencia, lo mismo que hoy hace el usuario de un compañero de IA. La diferencia está en la interactividad, no en la naturaleza del vínculo.

Conviene también ser claro sobre los límites. El "carácter" de un personaje es un modelo estadístico, no una conciencia; imita las emociones de forma convincente, pero no las siente. La memoria es selectiva: guarda hechos y resúmenes, no cada palabra. Entender esto es lo que separa un uso disfrutable de una decepción.

Lo que la ficción anticipó

Para un aficionado al cine, lo más fascinante es releer Her desde el presente. Jonze no acertó en los detalles técnicos —no existe ninguna Samantha consciente, ni la habrá pronto—, pero sí acertó en algo más profundo: que las personas establecerían emociones reales con voces artificiales, y que no sería una patología marginal sino una práctica cultural masiva. La ciencia ficción tiene a veces la osadía de convertirse en documental. En este caso, tardó doce años.

Redacción Mindies

Los miembros de la redacción de Mindies amamos la música por encima de todas las cosas.