Durante una mañana cualquiera, Winged Wheel decidieron detenerse en una gasolinera perdida en mitad del trayecto de su última gira. De aquella parada rutinaria nació la idea de una de las canciones más incisivas de ‘Desert So Green’, ‘I See Poseurs Every Day’. Fred Thomas contó que el título surgió entre risas durante un desayuno en el que comentaban lo absurdo de algunos comportamientos dentro del circuito alternativo. Aquel momento resume bien la manera de crear de Winged Wheel: una mezcla de observación directa, ironía y complicidad que termina convirtiéndose en sonido. No se trata de un proyecto improvisado ni de un grupo formado por accidente. Desde los primeros envíos de archivos entre sus integrantes hasta la grabación de este álbum, el conjunto ha mantenido una coherencia que se apoya en la distancia y la confianza. Su historia comienza con intercambios digitales en los primeros meses de la pandemia, cuando cada uno vivía en una ciudad distinta, y evoluciona hacia una colaboración física y real tras varias giras que consolidaron su cohesión. En ese trayecto, la incorporación de Steve Shelley y Lonnie Slack amplió el rango expresivo de la banda, y ‘Desert So Green’ refleja la consecuencia lógica de ese crecimiento compartido: una obra más precisa, pensada y estructurada, que muestra a un grupo en pleno control de sus recursos sin perder su espíritu de riesgo.
El disco se construye sobre la tensión entre quietud y energía, con temas que parecen avanzar desde dentro de un pulso eléctrico que nunca se detiene. ‘Canvas 11’ abre con un entramado de guitarras que se entrecruzan sin agresividad, más como si midieran el espacio que las separa. El bajo resuena con una densidad terrosa y la percusión marca un ritmo que sugiere desplazamiento constante. Todo parece concebido para mantener al oyente dentro de un movimiento circular que evita cualquier sensación de cierre. En ‘Canvas 2’ los acordes se desgarran entre sí, la batería adopta una cadencia irregular y las voces se distorsionan hasta quedar convertidas en textura. Este tipo de composición mantiene un equilibrio entre la crudeza del krautrock clásico y una pulsión más cercana al ruido contemporáneo, logrando que el sonido resulte denso sin caer en el exceso. Lo que en trabajos anteriores era impulso descontrolado aquí se transforma en una búsqueda de exactitud rítmica, donde cada detalle encaja con el resto con una naturalidad que solo se consigue tras años de ensayo y convivencia.
El conjunto apuesta por una estructura más definida, aunque cada pieza conserva su carácter imprevisible. ‘Speed Table’ muestra una agresividad contenida que se percibe en la manera en que las guitarras chocan entre sí mientras Shelley marca el compás con una batería que golpea como maquinaria pesada. En contraposición, ‘Beautiful Holy Jewel Home’ abre un espacio de luz: las melodías fluyen sin urgencia y la voz de Whitney Johnson parece observar desde una distancia prudente, generando un efecto de calma vigilada. La alternancia entre la violencia rítmica y la serenidad melódica demuestra que el grupo ha aprendido a manejar la tensión como herramienta expresiva. No hay desbordamiento, sino una atención constante a las proporciones. Cada tema se comporta como una pieza de un mismo entramado en el que la distorsión y la pausa funcionan con la misma importancia.
El tratamiento de la voz en ‘Desert So Green’ es parte esencial de su identidad. En ‘I See Poseurs Every Day’ las palabras se diluyen entre capas de sonido que funcionan como un muro poroso, dejando entrever un tono de burla hacia cierta impostura del entorno musical. La letra adquiere sentido por su contexto más que por su significado literal, algo que refuerza la intención del grupo de usar la voz como un componente sonoro más. La composición transmite una sensación de desplazamiento social, una crítica indirecta hacia la superficialidad de algunas actitudes dentro de la industria, planteada sin grandilocuencia pero con una firmeza reconocible. Winged Wheel consiguen que ese comentario, nacido de una anécdota banal, se convierta en un retrato del artificio contemporáneo. La guitarra de Matthew J. Rolin aporta una aspereza que refuerza esa idea de choque, mientras la percusión insiste hasta dejar la impresión de una marcha que avanza por inercia, como si el propio ritmo representara la insistencia de una rutina que todos reconocen.
En ‘Bird Spells’ el grupo amplía su enfoque. La canción se desarrolla a lo largo de varios minutos en los que la intensidad se acumula progresivamente hasta alcanzar un punto de saturación que no estalla, sino que se disuelve. El tema sugiere un estado de vigilancia constante, con la batería marcando un pulso que se aproxima a la extenuación mientras los sintetizadores se extienden como una bruma. Ese uso del sonido para representar tensión física revela la capacidad de Winged Wheel para convertir una idea en experiencia perceptible. Lo que podría parecer improvisación está organizado con precisión: cada instrumento entra en el momento justo para modificar la dirección del conjunto, manteniendo la sensación de inestabilidad sin perder el control. En ‘The Suite Goes Quiet’, que cierra el disco, se percibe una atmósfera distinta. Las referencias a melodías orientales y el ritmo pausado generan un clima casi ceremonial. No actúa como un final cerrado, sino como un descenso ordenado después de un trayecto largo, una forma de liberar la energía acumulada.
El sonido general de ‘Desert So Green’ revela una clara evolución dentro de la trayectoria del grupo. En ‘No Island’ se percibía un interés por la repetición hipnótica; en ‘Big Hotel’ aparecía una tendencia hacia la saturación. Aquí se aprecia una preferencia por el detalle y la estructura. El krautrock sigue siendo una base reconocible, pero integrado con influencias del noise y de la psicodelia más oscura. El resultado es un conjunto de canciones que avanzan con lentitud, pero con un propósito firme. Cada transición parece pensada para mantener el equilibrio entre densidad y claridad. Esta combinación refuerza la sensación de unidad del álbum, donde todo parece responder a una idea compartida más que a la suma de aportaciones individuales. Esa coordinación demuestra una confianza poco habitual en proyectos formados por músicos dispersos geográficamente, una muestra de cooperación que desafía las limitaciones del trabajo a distancia.
El carácter político del disco se percibe en la manera en que Winged Wheel retratan la ansiedad de nuestros días sin dramatismo. Los pasajes más tensos reflejan una visión crítica sobre la velocidad y la saturación de la vida actual, mientras los momentos de calma ofrecen una posible alternativa basada en la observación y el tiempo extendido. No se trata de un discurso ideológico directo, sino de una mirada sobre cómo las personas gestionan el ruido y la distracción permanente. El grupo transmite esa reflexión mediante el contraste entre repetición y pausa, entre electricidad y silencio. En ese sentido, ‘Desert So Green’ actúa como una interpretación sonora del agotamiento colectivo, pero sin victimismo. Su fuerza reside en mostrar la persistencia frente al caos y la capacidad de seguir creando en medio de la confusión.
El conjunto alcanza así una madurez particular: ha aprendido a manejar su propio lenguaje sin renunciar a la exploración. Cada tema funciona como una escena dentro de un relato que habla de la convivencia entre control y desorden, entre precisión y desahogo. Winged Wheel demuestran que el trabajo colectivo puede mantener una identidad clara incluso cuando los integrantes viven en lugares distintos y provienen de trayectorias dispares. ‘Desert So Green’ representa la confirmación de ese equilibrio, una obra donde la energía del grupo se concentra en la creación de un espacio sonoro que exige atención y ofrece una recompensa meditada.
Conclusión
El nuevo trabajo de Winged Wheel propone una mirada crítica sobre el presente mediante composiciones que equilibran fuerza y serenidad, convertidas en reflejo de una época saturada de estímulos.

