Review

Victoryland - My Heart Is A Room With No Cameras In It

Victoryland

2026

7.8


Por -

El arte de sonar ligero, como si lo que cantases pudiese alejarse de ti como un tren a toda velocidad, define la manera en que Julian McCamman concibe ‘My Heart Is a Room With No Cameras In It’. La historia detrás de este segundo trabajo de Victoryland nace de una ruptura artística y personal: la disolución de Blood, el grupo donde McCamman tocaba la guitarra rítmica, marcó un punto de inflexión. A partir de esa separación, decidió trasladarse y comenzar un proyecto propio que combinara la espontaneidad de sus grabaciones caseras con la claridad obtenida al colaborar de nuevo con Dan Howard, el productor que lo había acompañado en la etapa anterior. La motivación principal fue escapar de la idea de perfección que había rodeado sus primeros proyectos para construir algo que sonara inmediato y real, sin filtros ni imposturas. De ese propósito surgió un disco que retrata las consecuencias de los vínculos afectivos y la dificultad de mantenerlos intactos cuando se desvanecen los impulsos que los originaron.

El álbum abre con ‘Here I Stand’, una pieza que funciona como declaración de intenciones y que condensa la dualidad central del trabajo: el deseo de avanzar y la resistencia del pasado. McCamman introduce la imagen de la sangre que corre bajo un velo, un verso que resume la tensión entre lo íntimo y lo oculto. Las guitarras acústicas, tocadas con irregularidad casi nerviosa, transmiten la sensación de que el equilibrio está siempre a punto de romperse. Esa inestabilidad inicial resulta esencial, porque a partir de ella el autor establece el tono general de la obra: canciones que buscan claridad sin renunciar al temblor que las origina. ‘No Cameras’ prosigue esa idea con un ritmo más definido, donde la letra convierte la observación ajena en un acto de entrega. Cuando McCamman canta “Watch me fade out”, no se trata de desaparecer, sino de ceder parte de sí a quien lo escucha. En esa frase se concentra la intención de todo el proyecto: mostrar la intimidad sin miedo al juicio, como si el acto de cantar fuera una forma de aceptar que el otro ya ha visto demasiado.

La tercera pista, ‘I got god’, introduce un cambio de tono que revela la capacidad de McCamman para unir ironía y sinceridad sin contradicciones. Las capas de guitarra y los bucles rítmicos sostienen un texto donde el artista asocia el recuerdo de su fe pasada con la idea de esconder sentimientos. El verso “I remember fondly having feelings to hide” sugiere que el secreto puede convertirse en refugio, pero también en obstáculo. Aquí, el discurso se desplaza hacia una observación más amplia sobre la necesidad contemporánea de mantener cierta distancia emocional, incluso cuando se busca compañía. La repetición en la frase final “If this is the loneliest you’ve felt / then buckle up” se percibe como una advertencia ante el aislamiento voluntario. La fuerza del tema radica en cómo la voz, lejos de elevarse en dramatismo, mantiene un tono entrecortado que refuerza el sentido de resignación.

En ‘Keep Me Around’, McCamman enfrenta la persistencia del afecto cuando la relación ya ha perdido dirección. Se trata de una balada que plantea la idea de permanecer por costumbre, sin que el vínculo encuentre una razón sólida. La frase “We might be dumb forever” retrata la obstinación de quien se aferra a un lazo deteriorado, mientras un piano acompaña con acordes de aparente suavidad. Lo relevante en esta canción no es la desesperación, sino la descripción honesta de cómo se mantiene una relación que ya no produce alivio. La sinceridad de esa mirada atraviesa otras piezas como ‘Arcades’, donde la letra se descompone en imágenes de consumo repetido y saturación emocional: “You were spending all damn day swallowing trains.” Esa frase, exagerada y visual, representa la adicción a la rutina, el exceso como sustituto del afecto genuino. McCamman utiliza los arreglos y las modulaciones para mostrar cómo el deseo de estabilidad se confunde con la costumbre de repetir lo conocido.

El centro del álbum encuentra su equilibrio con ‘Blur’, donde la voz adquiere un temblor que refleja un cansancio contenido. Los versos describen el peso de los recuerdos que se convierten en una cerca: “In the wire fence of your aching past / You’re stuck waving from behind.” La imagen es concreta, no simbólica, y expresa la imposibilidad de avanzar cuando la nostalgia se convierte en muro. McCamman canta con un tono entre el susurro y la confesión, como si relatara un hecho reciente que aún le resulta incómodo de aceptar. Este tipo de escritura, directa y observacional, demuestra su capacidad para transformar lo cotidiano en algo reconocible, sin depender de metáforas ni recursos grandilocuentes.

En el tramo final, el autor introduce mayor movimiento con ‘You Were Solved’, una pieza que combina guitarras distorsionadas y percusiones enérgicas. Aquí la idea de liberación se manifiesta a través del baile, entendido como un gesto de resistencia frente a la soledad. Cuando McCamman canta “I’ll dance like / I’m your bitch / We’re just shaking out the night from our wrists”, no busca provocar, sino plantear el cuerpo como vía de expresión frente a la parálisis emocional. El ritmo constante transmite la idea de que la música puede servir como instrumento de autodefensa. En ‘Fits’, el desarrollo es más extenso y repetitivo, pero esa prolongación genera un efecto de trance controlado. La duración de la pieza refleja la dificultad de cerrar ciertos ciclos personales, como si el movimiento circular del sonido fuera el reflejo de un pensamiento que regresa una y otra vez al mismo punto.

El cierre con ‘I’ll Show You Mine’ es el momento más directo del disco. La letra se sitúa en un espacio físico y emocional devastado: “two dumb dogs just bleeding out on a concrete floor in a room somewhere.” Esa imagen no pretende conmover, sino mostrar la crudeza de una relación que ha agotado sus posibilidades. La frase “Show me yours / I’ll show you mine” funciona como síntesis del proyecto entero: la exposición voluntaria de las heridas como acto de acercamiento. McCamman no busca consuelo ni absolución, sino un intercambio sincero que acepte la imperfección como parte natural del vínculo. La producción refuerza ese clima mediante la superposición de guitarras y un cierre con cuerdas comprimidas que sugieren continuidad más que final.

‘My Heart Is a Room With No Cameras In It’ se desarrolla dentro de un marco pop-rock experimental que juega con la mezcla de grabaciones domésticas y arreglos de estudio. Lo interesante es cómo McCamman utiliza esa dualidad para construir un discurso coherente sobre la intimidad y la exposición pública. Su manera de componer parte de una necesidad de equilibrio entre el deseo de compartir y el impulso de proteger lo que queda dentro. Cada canción plantea un modo distinto de convivir con la contradicción entre cercanía y distancia, entre la ironía y la ternura. La obra de Victoryland describe un tiempo en el que la comunicación está saturada y los vínculos se desgastan por exceso de visibilidad. En ese sentido, el disco adquiere una dimensión moral, al insistir en la honestidad como única forma posible de conexión. No existe idealización ni redención, solo el intento de convivir con las consecuencias de las propias decisiones y encontrar belleza en el proceso.

Conclusión

El nuevo trabajo de Victoryland suena a rock de supervivencia sentimental: guitarras desaliñadas, frases que golpean con precisión y un pulso que transforma la torpeza emocional en pura energía de resistencia, sin rastro de consuelo.

7.8

Álbum

Victoryland - My Heart Is A Room With No Cameras In It

Artista

Victoryland

Año

2026

Discográfica

Good English

Tratando de escribir casi siempre sobre las cosas que me gustan.