El grupo de Atlanta publica su tercer trabajo tras pasar por el estudio de Ty Segall en el desierto de Texas. Ese aislamiento da forma a ‘I’m Nice Now’, un álbum donde el ruido conserva el filo de siempre, pero gana dirección y solidez. Upchuck canalizan su energía con una claridad nueva, manteniendo la tensión entre la furia y el autocontrol. El título funciona como una ironía: la aparente amabilidad es una forma de protección ante un entorno que desgasta cuerpo y mente.
La sensación de agotamiento se percibe desde el primer corte, ‘Tired’. KT lanza “And I’m tired of darker news / And I’ve tried warnin’ you” sobre un muro de guitarras densas y batería insistente. Todo suena compacto, casi claustrofóbico. La canción retrata el cansancio de una sociedad atrapada en un ciclo que repite injusticias y violencia. La voz no se queja: declara. Esa diferencia marca el tono del disco, que utiliza la rabia como herramienta de resistencia más que como desahogo.
A medida que avanza, el grupo alterna intensidades sin perder cohesión. En ‘Plastic’, KT y Chris dialogan entre inglés y español. Él entona “algo me hace falta” mientras ella responde “know classics / know truths / know reason / know you”. El intercambio muestra un choque entre ambición y carencia, entre lo que se persigue y lo que se pierde por el camino. Las guitarras acompañan con ritmo cortante y seco, como si subrayaran cada palabra. La mezcla de idiomas no busca efecto exótico, sino mostrar una realidad cotidiana: la convivencia entre mundos distintos dentro de la misma experiencia.
Más adelante, el disco adopta un tono narrativo en ‘New Case’. KT describe una conversación con antiguos amigos, una noche de copas que deja un sabor extraño. En mitad del ruido repite “Ain’t ya glad to be home”, una frase que suena entre ironía y desencanto. Las guitarras giran en un bucle que reproduce esa sensación de rutina. No hay desenlace, solo la constatación de un ciclo que se repite.
El ritmo se acelera en ‘Fried’, donde las frases cortas y las exclamaciones crean una especie de discusión abierta. La voz se mezcla con el ruido y la batería mantiene un compás irregular que acentúa la tensión. KT se mueve entre el reproche y la risa, y la producción permite que cada instrumento conserve su espacio sin perder crudeza. Ty Segall logra que el sonido conserve textura y que el caos parezca contenido.
Una de las piezas más singulares es ‘Homenaje’, interpretada por Chris Salado. La base rítmica incorpora su herencia de cumbia dentro del esquema punk. En versos como “guerra solo deja puro problemas / los niños se vuelvan en dinamita” aparece una denuncia clara: la violencia institucional deja marcas profundas en las comunidades latinas. El monólogo final, hablado y sin acompañamiento, funciona como un mensaje a su barrio y a su familia, con un tono que combina indignación y orgullo.
Entre los temas más contenidos destaca ‘Kept Inside’. KT adopta una voz más calmada y lanza “respectfully fuck off” con un sarcasmo que marca distancia. La guitarra se arrastra y el ritmo avanza sin prisa, generando una atmósfera de pausa. No suena a derrota, sino a la necesidad de protegerse del desgaste continuo.
El álbum avanza con ‘Un Momento’, otra interpretación de Chris. El estribillo “dame un momento para sufrir, para vivir, para pensar, para volar” se repite hasta fijarse en la memoria. La batería golpea en seco y las guitarras se mueven en segundo plano. Todo gira alrededor de esa petición: un instante para respirar dentro de la vorágine. La canción funciona como punto de equilibrio entre la violencia y la calma.
El tramo central alcanza su momento más emocional con ‘Forgotten Token’. KT escribió la letra tras la muerte de su hermana y la aborda con una mezcla de firmeza y vulnerabilidad. Canta “I just feel / cuz I’m Black / it gets stacked / in a lost closet”, una frase que condensa su experiencia y la de muchas personas negras que sienten cómo el sistema acumula su dolor en silencio. La música sostiene esa idea con guitarras que entran y salen en oleadas, y una base rítmica que se tensa sin estallar.
El bloque final mantiene la energía de sus raíces. En ‘Kin’, KT grita “We love chaos and we love trouble” y la banda responde con un sonido áspero, directo, que recupera el espíritu más combativo de su primera etapa. La letra habla de convivencia dentro del caos, de aceptar la confusión como parte del presente. Más adelante, ‘Lost One’ expone una mirada política más frontal. Entre gritos colectivos se escuchan frases contra figuras de poder, y la interpretación suena como un estallido coral más que como una queja individual.
El cierre con ‘Slow Down’ y ‘Nowhere’ deja un tono distinto. KT canta “Have I done enuff in this life?” y, al final, “I will follow you to nowhere”. Las guitarras se vuelven más limpias y la voz adquiere un punto de cansancio sereno. Ambas canciones no buscan clímax, sino una despedida sostenida, con una sensación de continuidad que encaja con el sentido del álbum.
‘I’m Nice Now’ confirma que Upchuck han aprendido a manejar su energía sin perder impacto. Las canciones mezclan crítica social, duelo familiar y cansancio vital con una claridad poco habitual. El grupo utiliza el punk como un espacio de observación directa del mundo que les rodea, sin adornos ni dramatismo innecesario. Cada tema tiene una intención precisa: retratar cómo se vive cuando la rabia y la fatiga se confunden, y cómo seguir avanzando sin rendirse a ninguna de ellas.
Conclusión
Upchuck articulan en ‘I’m Nice Now’ una mirada frontal sobre la fatiga social, las heridas raciales y la resistencia emocional. Cada canción funciona como un registro vivo de una comunidad que todavía busca su voz en medio del desorden.

