El paso del tiempo se nota más cuando uno rebusca en sus propios archivos. Eso le ha pasado a This Is Lorelei, que ha abierto su fondo personal no para reconstruirse, sino para dar otro sentido a lo que quedó atrás sin orden ni intención. 'Holo Boy' funciona como una especie de recopilación sentimental donde cada canción fue escrita en un momento distinto, pero hoy suenan unidas por algo que no tiene que ver con la fecha ni con la estética, sino con una forma de mirar hacia atrás sin nostalgia, como si todo ese pasado siguiera respirando en un presente al que ya no le hace falta justificar nada. A lo largo de los años, Nate Amos ha desarrollado este proyecto paralelo casi como un escondite creativo, sin someterse a los ritmos del mercado ni al estilo de sus otros trabajos. La publicación de este conjunto de canciones aparece después de 'Box for Buddy, Box for Star', aunque no se comporta como su continuación. En vez de avanzar una línea, lo que hace es sacar materiales de etapas anteriores y colocarlos juntos en un espacio nuevo, sin explicar por qué ni para qué.
Desde el primer tema, 'I Can’t Fall', se plantea un tipo de repetición que no persigue la intensidad, sino la permanencia. La frase “you’re gonna get right on that plane” se repite como si no hiciera falta nada más para que la escena se quede flotando. Todo está en cómo se dicen las cosas, no en lo que se cuenta. El detalle de los vuelos o el lugar desde el que se habla son lo de menos. La repetición no busca un clímax, sino que instala una especie de letargo que se mantiene canción tras canción. Esa manera de insistir en una frase sencilla, sin girarla ni adornarla, genera una cadencia que atrapa sin empujar. Lo que se transmite tiene que ver más con cómo suena el cansancio que con una historia detrás. Como si quedarse en el mismo punto fuera ya suficiente para que algo importante se exprese.
En temas como 'But You Just Woke Me Up' el sueño actúa como excusa y como barrera. La canción no empuja a nada, solo retrasa el momento de enfrentarse al día. Es una escena simple: alguien todavía en la cama, sin intención de salir. Lo que se dice parece casi accidental, como si bastara con sostener el momento. Ese tipo de gestos cotidianos, que normalmente se pasan por alto, aquí se convierten en el núcleo de la canción. Lo que hay es una voluntad clara de no avanzar, de estirarse dentro de un instante para evitar todo lo demás. A medida que avanza el conjunto, el ritmo general mantiene esa idea de fondo: lo justo para que la voz aguante, lo mínimo para que todo siga sin venirse abajo.
'Dreams Away' retoma esa lógica del bucle, con frases que giran una y otra vez hasta perder su sentido original. El olvido aparece sin que se diga de forma explícita. El tono lo dice todo. En lugar de borrar lo anterior, lo que hace es convivir con ello. Las palabras se repiten, pero ya no significan lo mismo. La rutina gana terreno al relato. La sensación es la de estar escuchando a alguien que recuerda y olvida al mismo tiempo, como si eso fuera su forma de estar en el mundo. Es ahí donde el disco encuentra uno de sus puntos más reconocibles: no intenta resolver nada, solo deja que las cosas se acumulen.
A mitad del recorrido, 'Mouth Man' rompe con esa suavidad. De pronto aparece una especie de juego sonoro que no encaja con el resto, pero tampoco desentona. El lenguaje se rompe, se repite de forma absurda y se transforma en ritmo más que en sentido. Parece una canción infantil, con palabras que se repiten por puro placer. A pesar de ese desvío, mantiene el mismo tono emocional del resto. Lo raro se cuela sin forzar, como si la rareza también formara parte de la forma de sentir que recorre todo el trabajo. Esa canción, lejos de ser anecdótica, muestra otra forma de expresar algo íntimo, esta vez desde la deformación y el juego, sin necesidad de una historia que lo justifique.
En 'This Is a Joke', el humor aparece sin necesidad de hacerse gracioso. El título ya plantea una ironía que no se desarrolla, pero se sostiene sola. La letra lanza frases que no se explican, pero tampoco hace falta entenderlas del todo. Lo que importa es la postura: alguien que se toma el juego en serio y que, aun así, no cae en la parodia. Ese equilibrio extraño entre decir algo y no remarcarlo es lo que permite que las canciones mantengan su tono sin saturar. La forma de escribir aquí escoge una distancia muy concreta: no se mete de lleno en lo emocional, pero deja que entre por los lados.
Canciones como 'SF & GG' y 'Money Right Now' no destacan por sí solas, pero encajan justo donde están. Parecen hechas para acompañar, para dar continuidad sin alterar la estructura general. Tienen un tono calmado, con letras que no reclaman atención, pero que funcionan como parte de un flujo que va construyendo sentido poco a poco. La voz mantiene su claridad, sin esfuerzo, como si más que cantar estuviera recitando. Esa actitud le da al conjunto una forma de avanzar sin sobresaltos. Lo importante no es lo que ocurre en cada canción, sino lo que pasa entre todas ellas.
Al final llega 'Name the Band', que cierra sin necesidad de poner punto final. La canción gira sobre sí misma, con una melodía sencilla que no necesita crecer para que funcione. La letra parece buscar una forma de llamar a algo sin encontrarla. No hay resolución, pero tampoco falta. Esa falta de cierre se convierte en una forma de dejar las cosas abiertas, no porque se hayan quedado a medias, sino porque algunas cosas simplemente no se terminan. En vez de cerrar el conjunto, lo extiende.
'Holo Boy' no trata de transformar el pasado ni de corregirlo. Solo cambia su lugar. Las canciones que ya existían se presentan ahora con otra mirada, sin necesidad de darles un nuevo sentido. El paso del tiempo no borra lo anterior, pero sí modifica cómo se percibe. Aquí no hay grandes cambios ni arreglos. Lo que hay es una voluntad de volver a aquello que nació sin mapa, sin buscar nada. Las canciones no se reinventan, se reordenan. Lo que se consigue no es una versión más pulida, sino una forma de estar cerca de lo que fue, desde la distancia justa para escucharlo sin disfraz.
Conclusión
This Is Lorelei recoge en 'Holo Boy' composiciones pasadas sin nostalgia ni corrección, construyendo un presente hecho de recuerdos que se expresan sin adornos ni explicación, como si todavía estuvieran ocurriendo.

