Alec Duckart, conocido artísticamente como Searows, escribió parte de las canciones de ‘Death in the Business of Whaling’ después de pasar varios meses encerrado en una casa de campo cercana a un río en el estado de Washington. Desde las ventanas del estudio, un antiguo granero reformado por el productor Trevor Spencer, se veía la niebla cubrir los árboles al amanecer y el sonido del agua interrumpía el silencio en los momentos de descanso. Aquella imagen resume con precisión el origen de un disco que parte de la contemplación del entorno y del aislamiento como forma de trabajo. El título procede de una frase de Moby Dick en la que Melville describe la muerte como parte inseparable del oficio del ballenero. Esa asociación entre la supervivencia, la caza y la desaparición se convierte en el hilo que une todas las canciones del álbum, que fue grabado con Spencer en Way Out Studios y publicado el 23 de enero de 2026 por el sello Last Recordings on Earth.
El recorrido del disco arranca con la pieza titulada ‘Belly of the Whale’, que introduce al oyente en una atmósfera densa y controlada, en la que la voz de Duckart parece salir de un lugar cerrado. La letra “After the plummet, sinking into the grave / I'm left in the stomach at the bottom where I live” utiliza la figura del pez gigante para describir la sensación de vivir dentro de un ciclo del que nadie logra escapar. La estructura sencilla y la forma en que la guitarra se entrelaza con el contrabajo remiten a un espacio de encierro más mental que físico. Esa sensación de encajonamiento reaparece más adelante en ‘Kill What You Eat’, donde el autor introduce una idea incómoda: todo deseo implica un sacrificio. La frase “I’m cutting out the heart of the fish I caught” transforma la acción de alimentarse en una alegoría sobre el daño que acompaña a cualquier forma de necesidad. Cada rasgueo suena como un recordatorio de la violencia que sostiene lo cotidiano, algo que el propio Duckart ha señalado en entrevistas cuando habla del contraste entre lo hermoso y lo grotesco dentro de sus letras.
La sección central del álbum está compuesta por tres piezas decisivas que amplían el discurso y profundizan en el conflicto interior del autor. En ‘Photograph of a Cyclone’, Duckart canta “Destroyer of what’s in front of me”, enfrentándose a la idea de que la tristeza actúa como una fuerza natural capaz de arrasar lo que se tiene delante. El sonido se expande en varias direcciones y crea la impresión de que las capas de guitarra y percusión se mueven como una tormenta. En el caso de ‘Hunter’, las imágenes de árboles, animales y movimiento dan paso a un relato sobre la pérdida del control y la violencia como acto reflejo. Duckart logra que ese conflicto moral se sienta tangible: el cazador, en lugar de dominar la escena, termina atrapado por ella. Por su parte, ‘Dirt’ parte de una reflexión sobre la finitud. El autor afirmó en una entrevista que la escribió pensando en la dificultad de aceptar la idea de que todo termina, y esa claridad se percibe en la frase “We all inevitably return to the dirt”, donde la aceptación del final aparece despojada de dramatismo. La canción fluye con calma, y cada acorde parece avanzar hacia un punto de equilibrio entre la materia y el pensamiento.
El sentido elegíaco del disco se acentúa en ‘Dearly Missed’, una pieza donde la voz y la guitarra parecen enfrentarse entre sí, como si una intentara ocultar a la otra. El relato de la pérdida se presenta sin nostalgia ni adornos, centrado en el peso de lo irrecuperable. La producción se abre poco a poco hasta alcanzar una tensión que nunca llega a romperse, y la letra deja entrever una reflexión sobre la culpa compartida. Lo que podría parecer un lamento se convierte en un intento de entender las consecuencias de los vínculos que se rompen. Dentro del conjunto, ‘Junie’ actúa como una breve tregua. Duckart cambia la intensidad por un tono más sereno, aunque mantiene la misma idea de parálisis. El ritmo se sostiene en un bucle constante, como si el tiempo se dilatara. Esa repetición sugiere un estado de aceptación forzada, un intento de mantener la calma cuando el entorno se desmorona.
Otra pieza clave del disco es ‘In Violet’, donde el compositor introduce una perspectiva más cercana al desengaño. Duckart explicó que la escribió pensando en el momento en que una persona descubre que no puede mostrarse como esperaba ante alguien importante. Lo que en otro artista podría convertirse en un desahogo, aquí se transforma en una narración precisa sobre la frustración y la imagen idealizada de uno mismo. El tono es teatral, pero sin exageraciones. La estructura transmite el sentimiento de impotencia con la naturalidad de quien observa el fracaso desde fuera, entendiendo que la distancia es la única forma de sobrevivir al recuerdo.
El cierre llega con ‘Geese’, una canción que funciona como despedida sin cierre. La voz se funde con el sonido de un órgano que se disuelve lentamente. No existe un final definido, sino una sensación de continuidad. La imagen de las aves migrando resume el ciclo que recorre todo el álbum: avanzar sin la garantía de regresar. Duckart parece aceptar la incertidumbre como una forma de estar en el mundo, consciente de que la estabilidad se convierte en una ilusión pasajera.
Searows pertenece a una generación de artistas que combinan el lenguaje del folk tradicional con técnicas de grabación que exploran el espacio y el silencio. Sus influencias proceden de figuras como Iron & Wine, Sufjan Stevens o Ethel Cain, pero su forma de construir las canciones es más austera y más centrada en la relación entre voz y entorno. Su interpretación nunca busca demostrar virtuosismo; su intención pasa por dar forma a sensaciones concretas a través de repeticiones y pausas. En ese sentido, su trabajo se sitúa entre la tradición confesional del folk norteamericano y una mirada actual hacia lo que permanece invisible en la vida cotidiana.
El conjunto de ‘Death in the Business of Whaling’ transmite una visión del mundo basada en la observación de la fragilidad y la persistencia. Cada canción desarrolla una idea diferente sobre la pérdida, la responsabilidad y la convivencia entre la belleza y la destrucción. El sonido del mar y los animales, la luz gris del norte y las imágenes literarias que recorren las letras sirven para construir un espacio donde el ser humano se enfrenta a su entorno sin dominio, como parte de un mismo movimiento. En esa relación entre la vida y la desaparición se adivina una lectura política: la crítica al impulso de dominio que define la relación moderna con la naturaleza. Duckart introduce esa idea a través de la caza, la pesca o el trabajo del ballenero, figuras que encarnan la explotación como necesidad vital. El disco invita a pensar en los límites del progreso y en la capacidad de convivir con lo inevitable sin intentar dominarlo.
‘Death in the Business of Whaling’ es el resultado de un proceso de aprendizaje sobre el control, la colaboración y el desapego. Duckart encontró en Trevor Spencer un aliado que supo traducir sus ideas en paisajes sonoros amplios sin perder la sensación de proximidad. El disco confirma su madurez como compositor, pero también su interés por entender la creación como un diálogo entre su entorno natural, su grupo de trabajo y la literatura que le inspira. La coherencia entre sus letras, su estética visual y sus actuaciones en directo demuestra que su proyecto se sostiene en una idea clara: explorar los límites del miedo, el duelo y la aceptación sin buscar consuelo. En esa claridad radica la fuerza del álbum, que transforma la tristeza en observación y la incertidumbre en una forma de lucidez.
Conclusión
El nuevo álbum de Searows emplea imágenes marítimas y símbolos de caza para exponer la voluntad de dominio sobre la naturaleza, proponiendo una lectura crítica sobre la dependencia, la violencia y el límite de lo humano.

