Los veteranos Ulan Bator están de vuelta a penas un año después de su última publicación. Si el año pasado publicaban Abracadabra, un disco en el que mostraban su lado más milimétrico y apegado al math rock, en esta nueva entrega vuelven a abrazar todo lo expansivo de la instrumentación orgánica puesta al servicio del carácter ambiental de los temas. Con más de 20 años de trayectoria a sus espaldas, el grupo francés ha sabido conducir su carrera por los caminos de un post-rock arduo y siempre fascinante en su visión integradora de los elementos electrónicos. A través de una dosis exacta de inquietud por sostener ambientes envueltos en las progresiones continuas, el grupo ha sabido crear una identidad muy marcada que no escapa a las composiciones de esta nueva referencia. Destacando la presencia de banda de instrumentos clásicos, las capas adheridas a este nuevo Stereolith cumplen a la perfección su tarea de reforzar la consistencia que de por sí sostiene a los temas.
Dentro de toda la variedad de canciones que no vamos a encontrar en el trabajo, llama la atención su gran capacidad para desarrollar canciones apegadas a su vertiente industrial más ochentera. Estamos hablando de ‘NeuNeu’ o ‘Blue Girl’, dos temas incontestables, repletos de matices que surgen de la repetición sistemática de motivos melódicos que poco a poco van abandonando su disonancia inicial. En esta línea sumisa en los sintetizadores más graves, nos encontramos canciones que van evolucionando su apartado envolvente en un sentido menos agresivo, como es el caso de ‘Ego Trip’. La crispación guitarrera se mantiene en un plano alejado para conformar el hondo sentimiento envolvente que tiene el tema. Y es que aunque seguramente la secuencia del tracklist no resulte la más adecuada, da la impresión de que cada tema del trabajo conduce a otro y así sucesivamente.
Escuchando el trabajo a fondo, poco a poco vamos descubriendo algunas canciones tapadas en las que atrapan de lleno la atención de una forma diferente. Por un lado el ambiente tenue de composiciones como ‘No Book’ contrasta con el carácter impetuoso de ‘Icarus’, sabiendo muy bien cuál es la medida perfecta del estruendo percusivo. Sin embargo, el trabajo en su recta final se dirige hacia terrenos más cristalinos, tendiendo a apagar la llama para acabar con la electrificante ‘Dust’, desatando todos los demonios sin alcanzar en ningún momento el clímax abrasivo total que parecen evitar en todo momento. No es de extrañar, ya que Ulan Bator siempre han sabido muy bien como resultar intensos sin hacer ostentación del fervor de lo épico.


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