Aaron Maine nos deja otro disco impecable para la colección, comprobando como su carrera no ha mostrado ningún altibajo hasta la fecha y dejando cada vez más constancia de cómo ha encontrado ciertos elementos reconocibles en su propuesta. Si hace un par de años nos entregó en Ricky Music un disco donde no busca un conjunto de canciones cohesionadas, sino más bien unidas por una exploración de narrativas donde lo real y lo imaginario se fundían sin darnos cuenta, en esta nueva entrega sí que es capaz de lograr un núcleo sonoro común con el que unificar la obra. A lo largo de este All Day Gentle Hold! el artista norteamericano se lanza a mostrar aquella vertiente más caótica de su música, bien contenida en una cierta estética de Lo-Fi punk que subyace bajo su pop pegajoso y aferrado a las guitarras poco definidas. Solo de esta forma es capaz de encontrar una nueva voz con la que mostrar todos los problemas derivados de lo complicado que es encontrar un sentimiento de pertenencia a algo en particular dentro de los tiempos que corren. Como si se tratase de volver a salir de la cueva tras un largo tiempo de letargo, todo lo que nos vamos a encontrar en este trabajo es perfecto para tomarle de nuevo el pulso a nuestra realidad.
Indagando al máximo en todo lo que nos ofrece el trabajo, podemos afirmar que el músico recurre a episodios un tanto existenciales para ir poco a poco descifrando todos los acontecimientos que han tenido lugar en su vida. Para ello echa mano de esa forma de presentarnos sus reflexiones casi como un lamento eterno, emergiendo ya desde el principio ‘Lately’ como la canción perfecta que así lo atestigua. A través de una combinación donde tienen cabida desde las librerías de sonidos más metalizadas, junto con unas guitarras que resultan poco tratadas, es capaz de ir reflejando esas observaciones con las que irse liberando del tedio del día a día. Sin ir más lejos canciones como ‘I Miss That’ o ‘Swarosvki’ están repletas de pequeñas escapatorias hacia un pasado que resulta algo más amable, todo ello tratando al mismo tiempo dejar de lado cualquier tipo de dramatismo que se le ponga por el medio. De paso, se puede decir que la interpretación de estas nuevas canciones resulta más apasionada que nunca, siendo esta también una de las claves a la hora de encarar este nuevo trabajo.
Adentrándonos ahora en aquellos pequeños impases que nos ofrece el disco y que muestran a un Porches más íntimo, sin lugar a dudas ‘Swmming Big’ e ‘In A Fashion’ se llevan la palma, encontrándonos ante esa necesaria búsqueda de respuestas con las que poder explicar ciertos sentimientos encontrados que cada vez son más frecuentes. Sin olvidarnos tampoco con un tratamiento casi cibernético de las voces que a la postre acaba resultando de lo más natural y sirve como perfecto refuerzo de esa especie de monólogos interiores que destacan sobremanera durante todo el disco, los recursos exhibidos en este disco no son nuevos, pero sí que resultan mucho más apropiados para los temas que en anteriores ocasiones. Por todo ello, podemos afirmar que el músico ha dado en la tecla a la hora de sentirse más cómodo que nunca en todo lo que implica abrazar más de lleno el formato de banda de rock y no perder la esencia de pop contemporáneo que tanto ha marcado sus más recientes entregas.


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