Review

Oneohtrix Point Never - Tranquilizer

Oneohtrix Point Never

2025

7


Por -

Durante casi dos décadas, Daniel Lopatin ha convertido el alias Oneohtrix Point Never en una especie de espejo deformante del presente digital. Su trabajo parte siempre de los desechos de una cultura obsesionada con reproducirse a sí misma, y ‘Tranquilizer’ se sitúa justo en ese terreno donde lo efímero intenta resistir al olvido. El proyecto nace del hallazgo fortuito de unas viejas bibliotecas de sonidos comerciales que, tras ser eliminadas de internet por una reclamación de derechos, reaparecieron años después. Ese vaivén entre desaparición y resurgimiento inspira una reflexión sobre la fragilidad de los archivos digitales y la confianza ciega en su permanencia. Lopatin transforma esa circunstancia en punto de partida: cada pista del álbum funciona como un acto de rescate frente a una desaparición inminente, una manera de enfrentarse a la sensación de que el pasado tecnológico se esfuma antes incluso de poder recordarlo.

El arranque con ‘For Residue’ define el espíritu del conjunto: una voz alterada que parece hablar desde un sueño da paso a un paisaje sonoro donde lo reconocible se mezcla con lo incierto. Esa ambigüedad se prolonga en ‘Bumpy’, donde los fragmentos parecen cortarse unos a otros, y en ‘Lifeworld’, que impone un ritmo quebrado que nunca llega a asentarse. Lopatin no pretende que el oyente encuentre un hilo narrativo, sino que se pierda en un espacio que se comporta como la memoria digital: saturada, cambiante, sin jerarquías. Su música desplaza la atención desde la armonía hacia la textura, desde la estructura hacia la sensación de desplazamiento constante. Es un lenguaje que se expande sin meta, en el que la belleza surge de lo imprevisible y donde el desorden se convierte en forma.

En piezas como ‘Modern Lust’ o ‘Fear of Symmetry’, el artista recoge timbres propios de una época dominada por la estética del confort y los transforma en materia inestable. Lo que en su origen servía para ambientar anuncios o vídeos corporativos, aquí se convierte en testimonio de una época que creyó que la tecnología garantizaría la inmortalidad del presente. La elección de esas fuentes no es casual: Lopatin las usa para mostrar cómo los sonidos nacidos para tranquilizar acaban generando inquietud cuando se enfrentan a su propio deterioro. Las melodías surgen de la repetición interrumpida, de la tensión entre lo que fue creado para distraer y lo que ahora se resignifica como eco de una sociedad agotada de estímulos. En ese juego, cada pista actúa como una imagen borrosa del pasado que regresa para recordarnos que incluso los residuos tienen memoria.

A medida que el disco avanza, la acumulación de capas sonoras se vuelve más densa, aunque nunca pierde el sentido del detalle. ‘D.I.S.’ utiliza interferencias de teléfonos antiguos para construir un ritmo hipnótico, mientras ‘Rodl Glide’ sorprende con un giro abrupto hacia un estallido de energía digital que rompe la calma anterior. Esa alternancia entre quietud y exceso produce un efecto casi cinematográfico: las composiciones no se desarrollan, se transforman de golpe, como si cada una contuviera una película entera comprimida en pocos minutos. La clausura con ‘Waterfalls’ retoma la idea de flujo que recorre todo el trabajo: un torrente de sonidos que avanzan sin dirección fija, disolviendo cualquier noción de principio o final. Lo que queda no es una conclusión, sino una corriente de fragmentos que se resisten a desaparecer.

La intención de Lopatin no consiste en provocar nostalgia ni en ofrecer un refugio contemplativo. Lo que plantea es más incómodo: la constatación de que el pasado digital se ha convertido en un campo de ruinas que seguimos recorriendo sin saber por qué. ‘Tranquilizer’ propone observar ese paisaje sin dramatismo, con la curiosidad de quien examina los restos de una civilización todavía viva. Las canciones no buscan redención ni consuelo, sino mostrar cómo las huellas del consumo masivo se transforman en una nueva forma de relato. Su música habla del presente a través de los despojos del ayer, como si la historia de internet se estuviera escribiendo en tiempo real con sonidos a punto de desaparecer. Esa mirada convierte a Lopatin en un narrador de lo efímero, alguien que captura los movimientos de una época que ha dejado de creer en la permanencia.

Conclusión

Oneohtrix Point Never utiliza los restos sonoros del pasado para construir una reflexión sobre la fragilidad del recuerdo digital y el valor cambiante de lo que consideramos desechable.

7

Álbum

Oneohtrix Point Never - Tranquilizer

Artista

Oneohtrix Point Never

Año

2025

Discográfica

Warp

Tratando de escribir casi siempre sobre las cosas que me gustan.