A estas alturas, si podemos hablar de un artista que siempre ha llevado el cancionero popular a sus terrenos, ese es Nacho Vegas. En ‘Vidas semipreciosas’, el asturiano parte de una escena íntima para levantar un retrato colectivo. La composición de ‘Fíu’, dedicada a su madre Cristina, marca el tono del álbum y deja claro que Vegas escribe desde una vida atravesada por los vínculos familiares y las convicciones ideológicas. En esa canción se escucha la herencia de una educación marcada por la defensa de la justicia social y la igualdad, transmitida desde el hogar y convertida en principio moral. Este gesto biográfico sirve como cimiento para un trabajo que conecta lo cotidiano con el pensamiento político sin jerarquías ni compartimentos. Cada verso surge de una mirada que asume que los afectos también son un terreno de lucha, y esa premisa recorre todo el disco. El músico, que ha sabido moverse entre el relato íntimo y la reivindicación colectiva, construye aquí un discurso que busca dar sentido a un presente saturado de imposiciones y carente de matices, con la convicción de que lo común aún puede ofrecer refugio.
La primera canción, ‘Alivio’, abre el disco con una cita de William Burroughs, “Quizás cualquier placer sea un alivio”. Este verso resume la contradicción que articula la obra: el placer entendido como descanso frente a la exigencia permanente de bienestar que impone la sociedad actual. Vegas convierte esa frase en una especie de principio vital que se traduce en canciones donde el descanso adquiere un valor político. La estructura del álbum utiliza cada pieza para relacionar las emociones con las tensiones colectivas de su entorno. ‘Fíu’ amplía esa idea mediante un canto que reivindica la dignidad obrera y el orgullo de clase, con un tono que alterna la ternura con la firmeza ideológica. En ‘Mi pequeña bestia’, el artista emplea el formato de la canción melódica de los setenta para explorar la contradicción entre el deseo y la rutina. ‘Llueven moscas’ avanza hacia una ironía luminosa que se apoya en la invitación a seguir adelante, en una frase como “deja ya de lloriquear, afuera hay diez mil jardines por explorar”. En todas ellas se percibe una forma de escribir que evita la grandilocuencia y prefiere el detalle, el modo en que lo sencillo revela la verdad de las cosas.
El corazón de la obra se encuentra en ‘Piedras semipreciosas’, una composición que ofrece la clave del título. Vegas utiliza la metáfora de las piedras imperfectas para hablar de vidas que valen precisamente por sus irregularidades. Frente a la idea de pureza o de éxito sin fisuras, el músico defiende el valor de aquello que no encaja en los modelos dominantes. Cada canción se convierte en una variación de esa idea, y lo que une al conjunto no es una temática cerrada, sino la coherencia de una mirada que asume la imperfección como condición vital. ‘Tiempos de lobos’ profundiza en esa línea al abordar la amenaza del autoritarismo y la pasividad que lo acompaña. Vegas utiliza el lenguaje con una claridad que evita el artificio: el lobo representa el poder que avanza mientras la sociedad permanece distraída. ‘Los asombros’, inspirada en el verso de Mary Oliver “prestar atención, asombrarse, contarlo”, propone una respuesta activa frente a la apatía colectiva. El artista invita a mirar de frente la realidad sin dramatismos, con la convicción de que la observación crítica puede convertirse en forma de resistencia. Esa capacidad de relacionar lo personal con lo social, sin recurrir al eslogan ni al sentimentalismo, muestra su madurez como narrador de su tiempo.
En la parte final, el disco adopta un tono más coral. ‘Deslenguarte’, con Albert Pla, es una pieza que combina humor y rabia para exponer la hipocresía de las instituciones religiosas y políticas. La repetición del “mecagoendios” más de cuarenta veces representa una forma de liberar la palabra frente a quienes la censuran. La canción convierte la blasfemia en un símbolo de rebeldía y en un grito contra la complacencia social. A continuación, tres temas en asturiano consolidan la vertiente más colectiva del trabajo. ‘Les Ales’, versión de ‘Txoria txori’ de Mikel Laboa, celebra la libertad desde la voz de un pájaro que vuela por elección. ‘Seis Pardales’, junto a Rodrigo Cuevas y L-R, reconstruye el episodio de las trabajadoras condenadas por defender a una compañera embarazada, y lo hace desde una mezcla de orgullo y ternura que evita el dramatismo. ‘L’acabose’ despide el disco con un mensaje de continuidad: cada vida, por modesta que parezca, merece ser contada. Estas canciones finales enlazan la lengua asturiana con la historia popular, reivindicando la tradición como una herramienta de identidad y resistencia.
El conjunto de ‘Vidas semipreciosas’ puede leerse como un alegato contra la indiferencia. Vegas ha construido una obra que relaciona las emociones individuales con un proyecto de comunidad. Su mirada se apoya en hechos concretos, en personas reales y en conflictos reconocibles. El artista entiende la canción como un espacio donde la palabra conserva poder transformador. La presencia de interludios hablados en castellano, catalán y euskera refuerza la idea de que el arte también puede servir para preservar la memoria colectiva y mantener viva la conciencia de clase. En este trabajo cada composición asume una posición clara frente a la injusticia, y esa claridad se convierte en el hilo que mantiene unido el disco. Nacho Vegas se consolida como un narrador que conoce bien su oficio y que utiliza su voz para examinar la realidad sin edulcorarla. ‘Vidas semipreciosas’ es, en definitiva, un retrato de un país que todavía busca reconocerse en sus contradicciones, y una muestra de que la canción popular puede seguir siendo un espacio para pensar, sentir y actuar.
Conclusión
En ‘Vidas semipreciosas’, Nacho Vegas une memoria obrera y crítica social, mostrando que la canción puede ser testimonio y herramienta frente a la desigualdad y la creciente apatía colectiva que define nuestro tiempo.

