Review

My New Band Believe - My New Band Believe

My New Band Believe

2026

7


Por -

La disolución de black midi trajo tras de sí un puñado de proyectos paralelos que buscaban canalizar la energía de aquella bestia de tres cabezas. En el caso de Cameron Picton, su nueva aventura nace de un estado alterado, específicamente de un delirio provocado por una intoxicación alimentaria durante una gira asiática. De aquel episodio de fiebre alta emergió la frase que da nombre a la banda y al título de este trabajo, un punto de partida que ya anticipa la naturaleza cambiante de las composiciones. Picton abandona los estruendos eléctricos de su antigua formación para rodearse de un colectivo enorme y en constante rotación, donde figuran desde miembros de agrupaciones experimentales hasta una orquesta de cincuenta personas. Esta decisión marca la principal característica del sonido: una preferencia por lo acústico y una limitación autoimpuesta en la reverberación que obliga a los arreglos a rebotar entre sí sin apenas red de seguridad.

El estilo narrativo de Picton se asemeja a un escritor que cambia de protagonista en cada capítulo sin avisar al lector. En 'Target Practice' adopta la voz de un ajusticiador que susurra “don’t cry, you deserve this” con una frialdad quirúrgica, mientras que en 'Love Story' se transforma en un ama de casa que pregunta “D’you want potatoes or rice tonight?” antes de que la escena doméstica se desmorone por completo. Esta capacidad para habitar distintas máscaras evita que el oyente se instale en una zona cómoda, ya que cada relato viene acompañado de un giro moral incómodo. La reflexión sobre la violencia aparece en canciones como 'Target Practice', donde la ética del asesinato se convierte en un juego de puntería macabro, o en 'Heart of Darkness', cuyo título ya evoca territorios pantanosos donde la civilización muestra sus costuras más podridas. Picton no endulza estas historias ni las convierte en lecciones edificantes; las deja suspendidas en una atmósfera de ambigüedad calculada.

La escritura de las letras merece una atención particular porque se aleja de los manierismos recargados que solían poblar los trabajos de su antigua banda. Picton construye frases que funcionan como pequeños monólogos teatrales, donde la repetición de palabras como “long” en “It’s such a long, long, long, long way to go” crea una sensación de viaje interminable sin necesidad de estridencias. El compositor juega con las perspectivas múltiples de una manera que recuerda a ciertos autores de la Generación Beat, pero actualizados con una sensibilidad contemporánea hacia el poder y sus abusos. La canción 'Opposite Teacher' retrata la herencia emocional que pesa sobre un niño, esa sensación de cargar con una vergüenza que no le pertenece pero que define su futuro. En 'Actress', la obsesión por la fama se disecciona sin piedad, mostrando cómo alcanzar un sueño puede convertirse en una pesadilla de autoparodia y vacío existencial.

Desde el punto de vista de la construcción sonora, Picton impone una regla de hierro que define cada pliegue del álbum: la ausencia casi total de electricidad y la mínima expresión de efectos ambientales. Esta decisión, que podría sonar a restricción empobrecedora, se revela como un estímulo para la creatividad. La orquesta se mete en una habitación diminuta para grabar 'Actress', y el resultado es una masa de cuerdas que se pisotean unas a otras, errores incluidos, generando una oleada de ruido orgánico. El piano de 'Love Story' se registró en el campanario de una estación londinense, lo que aporta una textura específica que ningún estudio de lujo podría replicar. La mezcla de instrumentos de viento madera, arpa, guitarras de cuerda de nylon y percusiones variadas crea un ecosistema donde cada elemento pelea por su espacio, pero siempre dentro de un marco acústico que impide que el caos se desboque.

El sentimiento que atraviesa las canciones rara vez se presenta de forma directa. Más bien se filtra a través de las situaciones concretas que describe Picton. La paranoia de 'In the Blink of an Eye' se materializa en ritmos que tropezan consigo mismos, mientras que la ternura doméstica de 'Love Story' se ve atravesada por un suceso traumático que aparece en el tercer verso, esa “metal spike” que cae del cielo y lo cambia todo. La rabia contenida de 'Target Practice' explota en un coro que multiplica las voces hasta volverse amenazante, pero siempre manteniendo un control férreo sobre la dinámica. Picton entiende que la violencia real no necesita aspavientos, y por eso sus momentos más perturbadores suelen ser aquellos donde la instrumentación se vuelve más delicada, como si la crueldad se disfrazara de vals. La duración extensa de temas como 'Heart of Darkness' permite que estos estados de ánimo se desarrollen con lentitud, dando tiempo a que la incomodidad se instale en el oyente sin estridencias baratas.

La estructura de las canciones desafía cualquier convención de la canción popular sin caer en el virtuosismo vacío. 'Heart of Darkness' comienza con un aire de folk inglés, deriva hacia un soul despreocupado y termina en una coda improvisada donde la guitarra dialoga con un rumor de fondo. Esta capacidad para mutar sin avisar revela a un compositor que confía en la paciencia de quien escucha, que no necesita rellenar cada segundo con información. Los interludios y los silencios tienen tanta importancia como los estallidos orquestales, y la economía de recursos se convierte en una virtud. El uso de la voz también merece un comentario aparte, porque Picton evita los alardes de rango o las inflexiones teatrales exageradas. Su timbre se mantiene en un registro medio, casi conversacional, lo que contrasta con la ambición desmedida de los arreglos que lo rodean.

El álbum cierra con 'One Night', un retrato de un encuentro que pudo haber sido pero que deriva hacia la violencia, dejando una sensación de asfixia que no se resuelve con ninguna catarsis fácil. Esta decisión de evitar cierres limpios resulta coherente con todo lo anterior, donde cada historia se presenta como un fragmento arrancado de un contexto más amplio. La crítica a la industria del espectáculo en 'Actress' se entrelaza con la reflexión sobre las relaciones de poder en 'Target Practice' y la herencia familiar en 'Opposite Teacher', creando un tapiz de obsesiones recurrentes. Picton muestra especial interés por los momentos en que la máscara social se resquebraja, ya sea por el estrés de la fama, por la presión de las expectativas paternas o por el simple deseo de venganza. En este sentido, su trabajo se acerca a la tradición de la narrativa corta anglosajona, donde la sugerencia vale más que la explicación.

La producción, compartida con Jasper Llewellyn y Mike O’Malley, consigue que la amplitud del proyecto no se convierta en un batiburrillo ininteligible. La decisión de grabar a los músicos en espacios reducidos y de apilar las tomas unas sobre otras en lugar de editar hasta conseguir una perfección estéril dota al conjunto de una respiración propia, llena de imperfecciones que funcionan como pruebas de vida. La ausencia de baterías eléctricas o sintetizadores refuerza la idea de que todo lo que se escucha podría reproducirse en un escenario, aunque la logística de juntar a decenas de intérpretes lo haría inviable en la práctica. Esta paradoja entre la ambición maximalista y la limitación acústica define el carácter del trabajo, que se mueve entre la cámara de música de cámara y la sesión de jazz libre sin decidirse nunca por ninguna de las dos etiquetas.

Al final, la propuesta de Picton resulta tan inclasificable como sugería aquel nombre surgido entre fiebres y delirios. El autor construye un artefacto que se sostiene sobre la contradicción: orquestaciones enormes grabadas en espacios pequeños, letras sobre violencia cantadas con voz apacible, estructuras complejas que nunca pierden de vista la melodía. Cada escucha revela nuevos detalles, nuevas conexiones entre las canciones, nuevas formas de entender esa frase que se repite como un conjuro. La capacidad de Picton para moverse entre el barroquismo y la sencillez, entre la denuncia social y el retrato íntimo, convierte esta obra en un objeto escurridizo, difícil de atrapar con las categorías habituales, y quizá por eso mismo merece la pena dejarse llevar por sus cambios de ritmo y sus cambios de máscara, aceptando que la coherencia aquí depende de la mirada en lugar del estilo.

Conclusión

Cameron Picton utiliza las canciones fragmentadas de My New Band Believe para explorar la paranoia de la fama y la herencia del dolor familiar sin ninguna concesión sentimental.

7

Álbum

My New Band Believe - My New Band Believe

Artista

My New Band Believe

Año

2026

Discográfica

Rough Trade

Tratando de escribir casi siempre sobre las cosas que me gustan.