Motocrossed tienen algo de ser una banda fiel reflejo del tránsito natural entre el caos juvenil y la madurez compartida. El grupo nació como una idea casi accidental dentro de un proyecto anterior que se movía entre el ruido digital y las melodías inestables, pero acabaron convirtiéndose en una formación donde cada integrante sostiene un trozo de paisaje. De esa evolución surge su primer trabajo, grabado en habitaciones, pasillos y garajes, con la urgencia de quienes no quieren perder la chispa de lo cotidiano. Lo que les mueve no es la búsqueda de un sonido perfecto, sino la necesidad de capturar la vida que ocurre mientras se toca, se ensaya o se conversa entre cables. En su disco homónimo se adivina la intención de crear un lenguaje propio que mezcle lo rural, lo doméstico y lo emocional sin dramatismos, como si la música funcionara como una conversación entre personas que se conocen demasiado bien. La obra resulta una especie de mapa de afectos construido con la misma naturalidad con la que alguien escribe una carta o graba un vídeo sin cortes.
‘A Mouse in the Field of Our Benefits’ abre el recorrido con la sensación de que algo se escapa. La canción construye una escena sencilla: una figura observa, duda, busca algo que no termina de nombrar. En esa mirada se intuye una crítica al modo en que la vida se proyecta hacia pantallas y dispositivos, un intento de sustituir la experiencia por su reflejo. La voz plantea esa confusión con firmeza, con frases que suenan a pensamiento en voz alta: “Were we meant to see these lives play out on screen?”. Esa cita, tan directa, resume la tensión que domina todo el álbum: el deseo de mirar de frente frente a la costumbre de ver a través de una lente. El ritmo avanza sin prisa, y cada pausa tiene peso, como si la respiración fuera tan importante como las notas. La calma no se usa como efecto, sino como forma de afirmar que el silencio también cuenta. Motocrossed parecen buscar un tipo de equilibrio en el que el sonido actúe como extensión de la conversación.
Por su parte, ‘Crows Come Down’ continúa esa mirada hacia lo esencial. Su brevedad la convierte casi en un pensamiento fugaz, pero el mensaje es contundente. La frase “something’s gotta grow, if you water at its roots” podría leerse como una declaración de principios. Es una invitación a cuidar lo que apenas empieza a nacer, incluso cuando parece invisible. La canción entera respira esa confianza, sin adornos innecesarios ni giros que distraigan. Lo que impresiona no es la forma, sino la honestidad con que se pronuncia cada palabra. El sonido es cercano, casi artesanal, y mantiene esa sensación de estar dentro de una habitación donde la música sucede por impulso. Lo que elles transmiten es la conciencia de que el crecimiento y la transformación no se anuncian, simplemente ocurren cuando existe dedicación y tiempo.
‘Drown (Country Grl)’ introduce una energía más expansiva sin abandonar la sinceridad. Las imágenes de calles, amaneceres y trabajos compartidos funcionan como retrato de una juventud que intenta sostener su deseo dentro de un entorno inestable. “Country girl, you’re my world. But I’m not sure you should be just yet” resume el tipo de contradicción que recorre sus letras: la ternura y el miedo conviviendo en el mismo gesto. El grupo logra transmitir el vértigo de los afectos cuando la vida aún se construye. Se percibe una convivencia entre la fiesta y el desencanto, entre el impulso de seguir y la certeza de que el cansancio también forma parte del amor. El sonido colectivo refuerza esa idea, con cada instrumento empujando al otro como si la suma de voces fuera la única manera de mantener la estabilidad. Lo que podría ser un simple himno de juventud se convierte así en una reflexión sobre la permanencia y la duda.
El centro del álbum, ‘Possum Dog’, se levanta como un retrato de la confusión que genera mirar hacia dentro. Durante más de diez minutos, la narración atraviesa escenas de la vida diaria, nombres de animales, objetos domésticos y pensamientos que se repiten con insistencia. “I saw you” aparece como una letanía que da sentido al caos. No se trata de nostalgia ni de tristeza, sino de la aceptación de la contradicción como parte del ser. El discurso se mueve entre lo absurdo y lo real, mostrando cómo la identidad se deshace y reconstruye continuamente. En este punto, Motocrossed logran una unión extraña entre el humor, la melancolía y una lucidez inesperada. La canción actúa como un espejo torcido donde las emociones se mezclan con recuerdos, y la desorganización se convierte en método. Las variaciones de ritmo, los cambios de intensidad y la acumulación de imágenes transforman la pieza en un recorrido mental que podría ser de cualquiera.
En la parte final, el tono se suaviza, pero no se diluye. ‘Yearning’ combina lo cotidiano y lo poético sin artificios. Habla de trabajo, tráfico y rutinas, pero también del deseo de seguir encontrando sentido en medio de esa repetición. “What if all of this means nothing?” aparece varias veces, pero más que duda suena a constatación de que incluso lo insignificante forma parte del relato. ‘Motocrossed’, que da nombre al proyecto, cambia de registro para explorar el absurdo de lo trivial. Las referencias al barro, las fiestas y los programas de televisión conforman un retrato vitalista de lo ordinario. Elles consiguen que lo banal se vuelva trascendente sin perder la naturalidad. Finalmente, ‘Under the Moon’ funciona como un cierre largo y sereno. A través de la evocación de fiestas, plegarias y canciones prestadas, el tema plantea una visión de la fe como acto cotidiano, algo que se filtra en la convivencia y la memoria. La cita de William Carlos Williams encaja como declaración de principios: el arte y la vida se funden en una misma respiración.
La propuesta de Motocrossed no busca brillar por exceso, sino sostener una coherencia entre lo que se dice y lo que se siente. Cada canción está escrita desde la necesidad de poner orden al ruido del entorno, y ese propósito se percibe en la textura del sonido, en las pausas y en la manera de unir voz y palabra. Elles logran que lo colectivo no suene a consenso, sino a convivencia. La grabación doméstica no actúa como gesto estético, sino como reflejo de una forma de entender la creación como espacio compartido. En su debut, Motocrossed miran su realidad sin adornos, y esa franqueza se convierte en una postura frente al mundo. El resultado propone un modo distinto de entender la cercanía, un modo en el que la amistad, la duda y el trabajo conjunto se confunden con la música misma.
Conclusión
Motocrossed relatan en su debut una vida acompañada siempre por los amigos, casas viejas y veranos sin dinero, todo ello aderezado con guitarras cálidas y un humor tranquilo que convierte lo rutinario en algo que merece ser contado.

