La trayectoria de Melody Prochet siempre ha estado envuelta en una especie de niebla luminosa. Durante más de una década, su proyecto Melody’s Echo Chamber ha funcionado como un laboratorio donde la fantasía se mezcla con lo cotidiano. Cada trabajo suyo parece fruto de una observación silenciosa del mundo, como si la autora caminara entre la realidad y un lugar invisible. Con ‘Unclouded’, llega a un punto donde esa bruma se disipa y deja ver un horizonte distinto. No hay un gesto de ruptura, sino un paso hacia una calma que suena deliberada. La colaboración con Sven Wunder, junto con músicos que aportan una mirada más centrada en el detalle que en la sorpresa, le permite construir un álbum que se mueve entre la reflexión y el consuelo. Es un trabajo atravesado por una claridad que no excluye la emoción. Todo indica que la artista ha querido apartarse del sobresalto para centrarse en cómo se sostiene la serenidad, una tarea tan compleja como la euforia de sus inicios.
Las canciones funcionan como pequeñas narraciones que describen la convivencia entre deseo y distancia. ‘The House That Doesn’t Exist’ abre ese territorio con un aire de ensoñación controlada. La voz parece surgir desde un rincón interior, acompañada de cuerdas que la elevan sin esfuerzo. No busca impresionar, sino crear una sensación de equilibrio. En ‘In the Stars’ se percibe una mezcla de ternura y desconcierto. La frase “baby, you think I’m crazy, wandering baby, don’t think I’m crazy” condensa una contradicción entre la entrega y la duda, aunque la interpretación la convierte en algo más leve, como si la locura fuese una forma de amor. La composición avanza sobre un colchón de percusiones que se deslizan sin sobresaltos, y esa cadencia hace que la canción funcione como un pensamiento que se repite hasta volverse transparente. En ‘Flowers Turn Into Gold’ esa sensación se intensifica: apenas un minuto y medio basta para dejar la impresión de algo que desaparece antes de entenderse, un destello que se apaga justo cuando se vuelve reconocible.
A medida que avanza el álbum, se consolida una sensación de flotar sobre una corriente estable. ‘Eyes Closed’ reúne lo esencial del proyecto: guitarras ondulantes, percusión irregular y una voz que parece hablar desde un sueño. En esta pieza, Prochet experimenta con el límite entre la intimidad y la dispersión. No se trata de transmitir tristeza ni alegría, sino de mantener una temperatura emocional intermedia donde todo se percibe con nitidez. La batería introduce un pulso que recuerda al krautrock más contenido, pero sin perder esa dulzura que le es característica. En ‘Childhood Dream’ aparece una evocación del pasado que evita la nostalgia. La combinación entre el bajo de Love Örsan y la guitarra de Reine Fiske crea un ritmo sereno que acompaña una letra que sugiere una reconciliación con lo que se fue. No hay intención de revivirlo, sino de aceptarlo como una parte que se integra en el presente.
El punto más íntimo llega con ‘How to Leave Misery Behind’. El verso “please be kind” actúa como eje de todo el disco, un recordatorio de que la bondad puede ser una forma de resistencia frente al abatimiento. La voz se funde con las cuerdas de Josefin Runsteen hasta crear una textura donde el consuelo adquiere forma física. Dura poco más de dos minutos, pero deja la sensación de haber asistido a una confesión que no busca atención, sino comprensión. Las siguientes piezas, como ‘Broken Roses’ o ‘Burning Man’, prolongan esa calma con un tono más atmosférico, donde las percusiones se alternan con silencios que dan espacio a la respiración. En ‘Into Shadows’, la artista introduce un clima más turbio. Las guitarras parecen retroceder, como si se escondieran tras la voz, que mantiene su tono sereno. No hay tensión ni clímax, solo una percepción de tránsito entre lo claro y lo oscuro, como si cada canción se mirara en la anterior y reflejara una emoción distinta del mismo paisaje.
El tema titular ‘Unclouded’ actúa como un intermedio de contemplación. Los sonidos del mar acompañan un motivo de cuerdas que se repite hasta diluirse. Esa repetición no se siente monótona; funciona como un recordatorio del paso del tiempo sin dramatismo. La pieza final, ‘Daisy’, cierra el recorrido con una luminosidad ligera. Las guitarras y los sintetizadores forman una atmósfera soleada, casi infantil. No hay grandes declaraciones, solo un gesto de paz después de un trayecto lleno de matices. Prochet logra que la despedida se sienta como un comienzo. La escucha deja la impresión de haber atravesado una secuencia de emociones reconocibles, no porque se identifiquen fácilmente, sino porque se perciben sinceras.
El sentido del disco reside en su manera de afrontar la quietud. En tiempos donde la música psicodélica suele apostar por el impacto inmediato, ‘Unclouded’ elige el ritmo lento de quien observa sin prisa. Esa decisión revela una intención clara: convertir la serenidad en un lenguaje. La repetición se transforma en estructura, y cada variación mínima adquiere importancia. Las letras aluden a la pérdida, al paso del tiempo, al aprendizaje de la ternura. Pero más que narrar experiencias, transmiten una manera de habitarlas. En este sentido, el proyecto confirma que Prochet prefiere el susurro al grito, el matiz a la evidencia. Su propuesta no busca impresionar, sino permanecer. La calma, en su caso, no es resignación, sino un método para entender la emoción desde otro ángulo. El resultado final deja una sensación de claridad que no necesita grandes giros ni artificios: basta con escuchar para notar que cada pieza ocupa su lugar exacto dentro de un universo construido con paciencia y convicción.
Conclusión
‘Unclouded’ muestra a Melody’s Echo Chamber en su versión más tranquila y luminosa. El disco se centra en la búsqueda de equilibrio interior, con canciones suaves, arreglos envolventes y una sensación de calma constante que sustituye la euforia de sus trabajos anteriores.

