Review

Maneka - bathes and listens

Maneka

2025

8.3


Por -

Devin McKnight ha seguido un camino que podría parecer errático, aunque lo que se percibe en realidad es una búsqueda constante de sentido dentro de un paisaje sonoro lleno de ruinas y recuerdos. ‘bathes and listens’ aparece como una especie de autorretrato en movimiento, un intento de comprender cómo un músico puede sostener su propia voz después de haber pasado años tocando en proyectos ajenos. Este álbum llega tras un periodo en el que McKnight se replanteó el futuro de Maneka, agotado por las giras y por un contexto musical que castiga la constancia y glorifica el ruido inmediato. En lugar de insistir en una épica de resistencia, el artista ha optado por observarse con calma, revisando su historia sin adornos ni victimismo. La colaboración con Alex Farrar introduce un aire más claro y ordenado, sin perder la crudeza habitual de su escritura. El resultado no suena como un renacimiento, sino como la aceptación de un presente donde las ideas pesan más que los géneros.

El inicio con ‘shallowing’ muestra a un narrador que se descompone entre el deseo y la inseguridad. “For someone that grew up here, I feel like I failed” es una línea que sintetiza el núcleo del disco: el desencanto con uno mismo. McKnight construye esta escena como quien observa su reflejo con curiosidad y desconfianza. Todo lo que suena parece envuelto en una especie de niebla que nunca termina de disiparse. El verso “I promise to stain on you / Like a bruise” transforma la herida emocional en un signo físico que se adhiere al otro, un eco de las relaciones que dejan marca sin necesidad de dramatismo. La canción avanza a golpes, entre silencios incómodos y estallidos breves que funcionan como recordatorio de que el control siempre se resquebraja. Ese ritmo quebrado define la forma de pensar del disco: la duda convertida en energía.

En ‘dimelo’, McKnight se vale del baloncesto como espejo del fracaso público. Al invocar a Carmelo Anthony, no habla solo de un deportista, sino de un modelo de persistencia frente a la desconfianza ajena. “25 a game / Was not enough for Phil” no es un simple lamento deportivo, sino una acusación hacia los sistemas que exigen productividad eterna. En este punto el álbum deja de ser introspectivo para convertirse en comentario social: las expectativas, tanto en la cancha como en la música, son un campo de batalla donde la identidad se mide por estadísticas. El muro de distorsión que envuelve el tema no busca esconder la voz, sino exhibir la presión. El artista transforma la frustración en una especie de ironía sonora, mostrando que incluso en la derrota hay un impulso que mantiene al cuerpo en movimiento.

Con ‘sad bot’, el tono se retrae hacia la vida cotidiana. El protagonista de la canción parece moverse por inercia, atrapado entre la desgana y la necesidad de afecto. “He sleeps all day / Til you come home” refleja un bucle emocional que McKnight describe sin compasión. Lo llamativo es la elección del título: ese “bot” que sustituye a “boy” sugiere una despersonalización que ya no proviene del dolor romántico, sino del propio automatismo con que se vive. En ‘the cry that came’, el músico recupera una escena de adolescencia, una pelea en un entrenamiento de fútbol americano, para analizar el aprendizaje de la violencia. “I’ve become / The guy I said I hate” introduce la idea de repetición cultural: la agresividad convertida en herencia. El narrador asume la continuidad de un comportamiento que no glorifica, pero tampoco condena, porque entiende que la educación sentimental también se construye con actos impulsivos y vergonzosos.

El bloque central del álbum, formado por ‘pony’, ‘yung yeller’ y ‘throwing ax’, funciona como un tríptico sobre la nostalgia y el riesgo. En ‘pony’, el narrador adopta la voz de un entrenador que recuerda los años de gloria escolar con la misma seriedad con la que otros rememoran un combate o una campaña política. “Not everyone get all, / All this potential” resume la obsesión americana por el talento desaprovechado. El personaje, entre borracheras y partidos, simboliza una masculinidad que sobrevive en la exageración. En ‘yung yeller’, McKnight examina el impulso autodestructivo que a veces se confunde con valentía. “I took 2 shots / Then I sped home” no tiene épica, sino la torpeza de quien cree estar probando su suerte y solo repite errores heredados. La estructura circular del tema subraya ese ciclo de acción y arrepentimiento. ‘throwing ax’ cierra este bloque con una imagen física y brutal: un cuerpo desnudo frente a un objetivo. “Feels lonely / Til the wood splits” convierte la puntería en metáfora de aceptación. El golpe seco es el alivio que llega cuando uno se atreve a asumir la pérdida.

En ‘5225’, McKnight se permite una narración más dispersa, donde la ironía aparece como refugio. “You thought Dukakis was a thing from a dirty film” introduce un humor absurdo que interrumpe el tono melancólico. Sin embargo, la primera línea, “I wish my life would end and start again”, da sentido al contraste: el deseo de reinicio como impulso vital. Esta canción actúa como un descanso dentro del conjunto, un momento de desorientación controlada antes del cierre. Y ese cierre, ‘why i play 2k/land back’, une las dos caras del disco: la evasión individual y la conciencia política. McKnight describe una rutina que mezcla marihuana, videojuegos y comida rápida, pero el estribillo desemboca en una reflexión incómoda: “You pretend this aint about a piece of land”. Esa frase rompe el refugio doméstico y devuelve la mirada hacia una herida colectiva, recordando que incluso los gestos más banales están sostenidos por una historia de apropiación y violencia. El contraste entre placer y culpa define la conclusión del álbum, que no busca redención sino perspectiva.

La escritura de ‘bathes and listens’ conserva el tono directo que caracteriza a McKnight, pero en este trabajo el lenguaje se vuelve más narrativo y menos alegórico. Las letras parecen construidas como fragmentos de conversaciones interrumpidas, con frases que dejan espacio al silencio. Esa estrategia funciona porque evita la solemnidad y permite que las imágenes respiren. La voz no se impone, se mezcla con el ruido y con la memoria de lo que ya fue dicho. McKnight no necesita dramatizar sus ideas: las deja fluir con una naturalidad que amplifica su peso. Las guitarras, siempre presentes, actúan como un recordatorio del cuerpo que escribe, de los dedos que raspan para mantener viva una tensión entre disciplina y desorden.

El disco entero se sostiene sobre un equilibrio entre confesión y análisis. McKnight no se refugia en el dolor, lo utiliza como material de estudio. Su mirada sobre la masculinidad, el racismo y la herencia cultural no se presenta como denuncia cerrada, sino como observación prolongada de su propio lugar dentro de esas estructuras. Esa sinceridad sin dramatismo convierte ‘bathes and listens’ en una obra sólida y consciente de su contexto. Cada canción funciona como una página arrancada de un diario donde el pasado pesa, pero no determina. Lo que se percibe al final no es esperanza ni derrota, sino continuidad: la certeza de que seguir creando es una forma de resistir, aunque el ruido no se apague del todo.

Conclusión

Maneka utiliza en 'bathes and listens' imágenes físicas y recuerdos juveniles para construir un retrato lúcido de la ambición frustrada, la pertenencia social y el desencanto que atraviesa toda su obra.

8.3

Álbum

Maneka - bathes and listens

Artista

Maneka

Año

2025

Discográfica

Topshelf

Tratando de escribir casi siempre sobre las cosas que me gustan.