Treinta y dos años después de aquel debut que lo situó en una coordenada difusa entre el country y la experimentación sonora, Kurt Wagner mantiene intacta esa pulsión que le lleva a desmontar su propio molde con cada entrega. Quienes siguen sus pasos saben que la palabra evolución se queda corta para describir cómo ha ido mutando este proyecto desde sus inicios en Nashville hasta las incursiones electrónicas que marcaron su producción más reciente. En este nuevo trabajo, el motor creativo arranca con un hallazgo casual durante un trayecto en coche: una emisión radiofónica donde una agrupación vocal mínima acompañada de banjo despertó en Wagner una fascinación que derivó en la investigación de una técnica ancestral conocida como lined out singing, practicada originalmente en iglesias protestantes de Escocia y posteriormente trasladada a las congregaciones del sur de Estados Unidos. Ese descubrimiento fortuito ha moldeado por completo la dirección de estas doce piezas, grabadas en Wisconsin bajo la producción de Ryan Olson y con la participación de Justin Vernon al banjo, Andrew Broder a la guitarra acústica y dos conjuntos corales que aportan la densidad vocal que define el carácter del álbum.
La estructura de 'Just West of Nicollet' sienta las bases de lo que escucharemos a continuación: una instrumentación reducida a cuerdas pulsadas donde el banjo de Vernon teje patrones melódicos que se entrelazan con el rasgueo contenido de Broder. La irrupción inesperada de un sample de hip hop que proclama "Lambchop new shit" actúa como un guiño que rompe la uniformidad del conjunto, un recordatorio de que este músico nunca abandona del todo su inclinación hacia lo inesperado aunque el grueso del material se mueva en aguas más serenas. Las armonías vocales que envuelven la voz de Wagner adoptan distintos ropajes a lo largo del repertorio: en 'A Doctor in the House' aparecen de forma abrupta durante los compases finales con ese estribillo repetitivo que subraya la tensión narrativa, mientras que en 'Weakened' se funden con la línea melódica principal creando una textura que recuerda a aquellas grabaciones antiguas donde las voces se grababan en un mismo espacio sin aislamiento. Wagner ha comentado que buscaba una desnudez en el tratamiento de su propia voz, alejada de los procesadores digitales que habían caracterizado sus trabajos precedentes, y esa elección otorga a sus intervenciones un carácter directo que encaja con la temática recurrente en las letras: la observación de una América contemporánea atravesada por tensiones políticas, la precariedad del trabajador migrante en 'Cigar' o el retrato generacional de 'The New World Wave', donde el narrador se desplaza desde la figura del abuelo carnicero hasta la disolución de los sueños familiares en un contexto de crisis económica.
La escritura de Wagner sigue esa lógica del habla coloquial que caracteriza su estilo, con frases que parecen capturar pensamientos en el momento de ser formulados, como ese "Wow, it just got moody" que interrumpe la solemnidad de la narración en 'The New World Wave' o la enumeración de tareas pendientes en 'To Do', donde el gesto de regar las plantas adquiere una dimensión casi ritual cuando se yuxtapone a la idea del tránsito definitivo. No hay en estas letras una intención moralizante, sino más bien un registro que documenta contradicciones y paradojas sin resolverlas, como sucede en 'Andrew Jackson Asshat', donde la referencia al presidente norteamericano se entrelaza con alusiones bíblicas que sugieren un juicio posterior a la muerte sin llegar a explicitarlo. La presencia de los coros opera como un mecanismo que altera la percepción del espacio sonoro: en ocasiones parecen emanar de una catedral, como en los pasajes más expansivos de 'Stella', y en otras se reducen a un murmullo que apenas se distingue del entorno acústico. Justin Vernon demuestra que el banjo puede transitar por registros melancólicos, alejado de esa alegría intrínseca que algunos le atribuyen al instrumento, y su participación en piezas como 'Afterburner' aporta un contrapunto sutil a la economía de medios que preside el álbum.
Las referencias culturales aparecen tamizadas por una mirada que evita el panfleto, como en 'White People', donde la provocación del título contrasta con un desarrollo que parece burlarse de las propias categorías que emplea. El humor corrosivo recorre varias canciones sin desvirtuar la gravedad de los asuntos tratados, y ese equilibrio precario entre la ligereza y el peso constituye uno de los rasgos más reconocibles del autor. Cuando el coro toma la iniciativa en 'No Chicago', Wagner se retira a un segundo plano para ceder el protagonismo a las voces que enumeran ciudades, una inversión de roles que subraya la naturaleza coral del proyecto. La producción cuida los detalles de una grabación que captura tanto la intimidad de una reunión doméstica como la amplitud de un espacio sagrado, con un balance que sitúa la voz de Wagner en una posición central sin que resulte invasiva, resolviendo así el problema que algunos detectaron en trabajos anteriores donde los efectos vocales distorsionaban la inteligibilidad de los textos. La elección de incluir dos agrupaciones corales distintas, el Eau Claire Vocal Sextet y el London Choir, aporta una variedad tímbrica que evita la monotonía, con arreglos que despliegan desde las agudas líneas de los contratenores hasta las graves vibraciones de las secciones de barítono.
La capacidad de Wagner para integrar referencias dispares sin que resulten forzadas se manifiesta en la manera como los arreglos corales dialogan con las estructuras tradicionales del folk sin renunciar a pequeñas concesiones al presente, como esos breves destellos de efectos que aparecen en el tramo final de 'Cigar' o la percusión ocasional que puntúa algunos momentos clave. Este músico ha construido a lo largo de las décadas un universo donde lo personal y lo colectivo se funden en un relato que documenta transformaciones sociales sin perder de vista la escala doméstica. La decisión de despojar el sonido de capas electrónicas no implica un retorno a un supuesto estado original, sino la búsqueda de un nuevo equilibrio entre la tradición vocal que inspiró el proyecto y las inquietudes expresivas que han guiado su trayectoria. El resultado se inscribe en esa línea de trabajos que exploran las posibilidades de la voz humana como vehículo narrativo, recuperando prácticas musicales olvidadas para actualizarlas en un contexto contemporáneo.
Conclusión
Lambchop explora en 'Punching the Clown' las posibilidades del canto comunitario para construir un relato que conecta el pasado religioso con las inquietudes políticas de la América actual.

