Review

Keaton Henson - Parader

Keaton Henson

2025

6.8


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Keaton Henson siempre ha tenido una relación directa con el paso del tiempo. Desde sus primeros trabajos, el artista ha construido un universo en el que la fragilidad se convierte en materia sonora, y su voz, casi susurrada, parece resistir el ruido del mundo. ‘Parader’, su noveno álbum, se sitúa en una etapa donde esa mirada hacia dentro se mezcla con la necesidad de reconciliarse con el pasado. Henson no busca un renacer, sino una especie de ajuste de cuentas con sus propios fantasmas, revisitando los sonidos de su adolescencia, esas guitarras pesadas de los grupos que lo marcaron, sin desprenderse de la contención que lo caracteriza. La producción compartida entre Luke Sital-Singh y Alex Farrar actúa como una bisagra entre dos etapas: la del cantautor introspectivo que muchos conocieron y la del hombre que ahora observa su trayectoria con cierta distancia. ‘Parader’ parte de un deseo claro: entender cómo la madurez puede convivir con el impulso creativo, sin nostalgia ni arrepentimiento, pero con plena conciencia del desgaste que deja el tiempo.

‘Don’t I Just’ abre el álbum con una ironía que marca el tono general del trabajo. Su arranque parece un suspiro que pronto se desata en un ruido controlado, una especie de estallido en miniatura donde el verso “Don’t I just know how to fuck things up” no suena a autocompasión, sino a aceptación. Henson ha aprendido a convertir su torpeza emocional en material narrativo, y eso lo vuelve más transparente. No busca consuelo, se limita a registrar sus propias grietas con un humor seco que contrasta con la suavidad de su voz. El tema funciona como una declaración de intenciones: no hay reinvención, hay constatación. El artista mira de frente a su propio reflejo sin dramatismo. Cada acorde parece el resultado de una conversación consigo mismo, un diálogo en el que la crudeza y la ternura se entrelazan sin conflicto. Esa mezcla de resignación lúcida y sarcasmo leve atraviesa todo el disco y le da coherencia, como si cada canción fuese una variación del mismo pensamiento: seguir adelante incluso cuando nada parece tener un propósito claro.

Atendiendo a‘Insomnia’, el tema lleva esa sensación a un terreno más abstracto, donde el desvelo se transforma en una excusa para pensar el paso del tiempo. No es el insomnio de quien busca dormir, sino el de quien teme lo que puede soñar. Las imágenes se cruzan como si pertenecieran a distintos momentos de la vida, y el resultado es una especie de duermevela emocional en la que el pasado se cuela sin permiso. Cuando canta sobre “a haunted 7/11”, lo hace desde una distancia casi cinematográfica: la escena no importa tanto por lo que cuenta, sino por lo que sugiere, ese aire de desplazamiento permanente que lo acompaña desde hace años. El sonido denso, casi turbio, refuerza la idea de confusión mental, de un pensamiento que no se apaga. Lo interesante aquí es que Henson no busca redención; su objetivo es registrar con precisión el agotamiento del pensamiento cuando no hay silencio posible. Cada capa de guitarra actúa como un eco de esa fatiga mental, un ruido que no hiere, pero tampoco calma. La sensación de bucle se impone y define uno de los momentos más honestos del álbum.

‘Past It’ se erige como el corazón conceptual del proyecto. En ella, Henson plantea sin rodeos el dilema de seguir escribiendo canciones cuando la juventud ya es un recuerdo y el oficio se convierte en costumbre. La pregunta “Do I really have any business now / singing this song and sounding like I did when I was 18” encierra el núcleo de su conflicto: la tensión entre la autenticidad y el paso del tiempo. No es una queja, sino una constatación de que el impulso creativo no desaparece aunque cambien los motivos. Su respuesta, “As long as I’m living, I may as well write it down”, suena más a pragmatismo que a consuelo. Lo que queda es el oficio, la costumbre de narrarse incluso cuando el entusiasmo se ha vuelto un ejercicio de memoria. La canción tiene algo de epitafio y algo de reafirmación. Las guitarras distorsionadas y los arpegios que parecen tambalearse traducen esa sensación de mantenerse en pie por inercia. Todo el tema respira la madurez de quien ya no busca entenderlo todo, sino describir con detalle lo que permanece.

En la parte central, Henson cambia el foco y lo dirige hacia las relaciones personales. ‘Conversation Coach’ retrata con ironía el desajuste social del artista, que imagina un entrenador personal que le enseñe a hablar sin torpeza. Detrás del humor, se esconde una reflexión más amplia sobre la dificultad de comunicarse en un mundo saturado de ruido. ‘Furl’, escrita junto a Danielle Fricke, funciona como el contrapunto: un retrato de pareja construido desde la complicidad más realista. No idealiza el amor, lo muestra como un pacto de resistencia entre dos personas que se sostienen con sus imperfecciones a cuestas. En ambos temas, la música actúa como un reflejo de la intimidad, con capas de guitarras que parecen deshacerse y volver a recomponerse. En ‘Loose Ends’ y ‘Operator’, Henson adopta un tono más ácido. La primera desprende un aire juvenil que coquetea con la ironía, mientras la segunda se adentra en el terreno de la autoacusación. Son piezas que muestran la tensión entre la identidad pública del músico y su propia autoimagen, entre lo que se muestra y lo que se evita reconocer. Cada palabra parece escrita desde la incomodidad, sin intención de justificarse ni de pedir comprensión.

El cierre, con ‘Tourniquet’, ‘Day in New York’ y ‘Performer’, ofrece la cara más contemplativa del disco. ‘Tourniquet’ respira una calma recién aprendida: la de quien ha dejado de buscar en la fama o la ambición la medida del éxito. ‘Day in New York’ rescata un recuerdo con la delicadeza de quien sabe que lo que se ha perdido ya no duele, solo deja un eco. La voz de Henson suena más cercana que nunca, como si hablara en voz baja a alguien que ya no está. Y en ‘Performer’, todo el proyecto cobra sentido. La confesión “I am the parader” resume su manera de entender el oficio: mostrar las propias heridas como forma de conexión, desfilar por el escenario con una franqueza que deja al oyente entre la empatía y el pudor. No hay moraleja ni redención. Solo la aceptación de que la exposición es el precio de seguir creando. En ese punto, Henson parece reconciliarse consigo mismo y con su papel de narrador de vidas quietas. ‘Parader’ no busca complacer ni sorprender; propone, más bien, un ejercicio de claridad: la constatación serena de que la madurez también puede ser materia poética, y que el acto de seguir componiendo es, al fin y al cabo, la forma más honesta de seguir vivo.

Conclusión

Con ‘Parader’, Keaton Henson entrelaza memoria y madurez para mostrar cómo la creación puede seguir siendo un refugio cuando la vida se vuelve rutina, sin dramatismo ni consuelo impostado.

6.8

Álbum

Keaton Henson - Parader

Artista

Keaton Henson

Año

2025

Discográfica

Play It Again Sam

Tratando de escribir casi siempre sobre las cosas que me gustan.