La sombra alargada que aparece en la portada del segundo disco de Jo Passed sugiere la presencia de algo que se extiende más allá del propio retrato, una figura que se estira entre el pasado y el presente del proyecto, igual que lo hace Jo Hirabayashi en este regreso después de ocho años de pausa. La imagen funciona como metáfora de un periodo en el que el artista atravesó un proceso de reconstrucción personal, marcado por la ansiedad y por un largo trabajo de terapia, hasta encontrar una manera de volver a crear sin caer en el bloqueo que lo acompañó tras ‘Their Prime’. Esa distancia temporal resulta fundamental para entender ‘Away’, un trabajo que combina madurez y claridad en la escritura, donde la serenidad adquiere el mismo peso que la tensión. La elección del título, simple y directo, marca una intención de apartarse de lo anterior sin renegar de la trayectoria previa. El resultado es una obra que traduce el aprendizaje de un artista que ha logrado ordenar su vida sin perder su impulso creativo, usando la música como un registro de su recuperación.
El disco se articula como un conjunto de once temas donde la inquietud mental y la observación del entorno cotidiano se mezclan con un tono contenido y una construcción precisa. En ‘J Walking’ se percibe la idea de estar detenido mientras todo alrededor avanza; el ritmo avanza despacio, casi como una marcha interior que busca recuperar la confianza. En ‘Precious Word’ se aborda la obsesión por los significados y las etiquetas, una necesidad de definir la identidad con palabras que se vuelven trampas. La voz de Hirabayashi se quiebra en ciertos fragmentos y esa imperfección transmite una sinceridad sin artificio. ‘Dizzy Izzy’ trata una ruptura con un amigo y convierte ese recuerdo en una secuencia de acordes tensos que giran alrededor de una melodía que nunca se resuelve por completo. ‘Too Much Thought’ vuelve al tema del bloqueo mental, aunque lo hace con una estructura circular que refleja esa sensación de repetición constante, la imposibilidad de escapar del pensamiento obsesivo. Cada composición encaja dentro de un discurso que busca reconstruir una mente saturada sin recurrir a dramatismos ni sentimentalismo.
La pieza más luminosa, ‘Ico’, rompe con la tensión que domina el resto del álbum y se centra en la figura de una gata que acompañó al autor durante los años de encierro. El relato parte de su rutina diaria y se transforma en una reflexión sobre la calma y la atención, inspirada en el texto de Kierkegaard ‘The Lily of the Field and the Bird of the Air’. La canción convierte la vida del animal en un modelo de equilibrio y constancia, y lo hace sin grandilocuencia. La repetición de la melodía y la serenidad del tempo simbolizan una forma de disciplina que Hirabayashi aprendió de esa convivencia. Resulta significativo que la inspiración provenga de una experiencia tan concreta, porque define el cambio de enfoque de este proyecto: el centro de gravedad ya no está en la autoexigencia del artista, sino en la observación de lo cotidiano como fuente de estabilidad. El hecho de que el compositor decidiera incluir esta pieza, sabiendo que la gata estaba enferma, añade un componente ético sobre el valor de la vida en su forma más simple.
El cierre, ‘Mother Night’, completa el círculo del disco. La elección de una estructura acústica y la voz duplicada, situada entre dulzura y amargura, funcionan como un resumen de la madurez alcanzada. La composición se aleja de los arrebatos de sus inicios y busca un tono más sobrio, centrado en la claridad de la melodía y en la intención de comunicar sin adornos. La canción sugiere un momento de aceptación, no como rendición, sino como una forma de convivencia con lo incierto. Esa serenidad final condensa el aprendizaje que atraviesa toda la obra, un modo de entender la creación como una práctica que requiere pausa, análisis y empatía. La coherencia entre las canciones deriva de una lógica interna, más cercana al pensamiento que a la narración, y convierte al conjunto en una representación fiel del proceso mental que lo originó.
La escritura de Hirabayashi destaca por su precisión. Su lenguaje es directo, sin metáforas innecesarias ni sentimentalismos, lo que permite percibir cada palabra como un gesto meditado. El modo de articular los versos combina observación y reflexión sin desconectarse de la experiencia concreta. Frente a otros artistas de su generación que tienden al hermetismo o al discurso simbólico, Hirabayashi opta por describir las emociones desde la evidencia. La estructura de las canciones se sostiene sobre una base que alterna entre guitarras limpias y momentos de distorsión controlada, creando una textura que refleja el movimiento entre lucidez y confusión. La batería, interpretada por Mac Lawrie y Justin Devries, marca un pulso firme que da forma a la inestabilidad general. El resultado es un conjunto donde cada elemento cumple una función dentro del equilibrio global, sin protagonismos innecesarios.
El género que maneja Jo Passed se sitúa entre la experimentación y el pop alternativo de guitarras, pero su tratamiento evita cualquier referencia fácil. En lugar de imitar a sus influencias, el autor toma como punto de partida la herencia del post-punk y del rock de los noventa para elaborar una sonoridad más sobria. La comparación con artistas como Grizzly Bear o Dirty Projectors puede servir para situarlo dentro de una línea de trabajo que valora la estructura tanto como la textura, aunque Hirabayashi parece más interesado en la claridad que en la complejidad. Esa elección lo distancia de la sobreproducción que domina gran parte de la música actual, al mismo tiempo que introduce una discusión implícita sobre el valor del tiempo y la paciencia en una industria que prioriza la inmediatez. El hecho de haber tardado ocho años en completar este trabajo adquiere así un sentido político, una forma de resistencia frente a la velocidad y el consumo rápido.
El paso de esos años transforma ‘Away’ en un documento sobre la recuperación personal y el valor de detenerse. La pausa no representa parálisis, sino una oportunidad de reconfigurar la relación con la creación. Hirabayashi convierte su proceso terapéutico en una metodología artística, donde la escucha y la observación sustituyen al impulso descontrolado. Las letras transmiten la madurez de alguien que ha aprendido a convivir con la incertidumbre sin convertirla en un enemigo. La música acompaña esa idea con una estructura ordenada y sin sobresaltos innecesarios. La coherencia del conjunto no depende de una narrativa explícita, sino de la persistencia de una mirada común sobre la fragilidad y la constancia. El resultado transmite la sensación de que el autor ha encontrado un equilibrio entre pensamiento y acción, una forma de vivir la creación sin convertirla en un peso.
La tensión entre calma y agitación define el carácter del disco. Cada canción expone un conflicto entre la necesidad de avanzar y la atracción por la quietud. Esa contradicción se convierte en el núcleo de su fuerza expresiva. Hirabayashi expone su proceso vital sin ocultarlo tras la estética y sin dramatizarlo, transformando la ansiedad en un espacio de observación lúcida. ‘Away’ se presenta como una obra donde la experiencia personal adquiere valor colectivo, porque muestra con claridad el modo en que la vida interior y el entorno social se influyen mutuamente. En tiempos de precariedad, aislamiento y aceleración, el gesto de detenerse para componer durante años puede interpretarse como un acto de responsabilidad, tanto hacia uno mismo como hacia quienes escuchan.
Conclusión
Jo Passed desarrolla una obra que examina la relación entre el pensamiento autocrítico y la acción creativa, transformando la observación de los hábitos diarios en un lenguaje directo dotado de gran sensibilidad analítica.

